Relato erótico: Arena caliente

Relato erótico: Arena caliente

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Me fui de vacaciones con un grupo de amigos a un hotel de la playa. Los dos primeros días nos lo pasamos muy bien pero el tercer día ocurrió algo maravilloso. Una de las amigas, que siempre me había llamado la atención por sus preciosos labios y su figura imponente, empezó a bromear conmigo. La primera mitad del día transcurrió como de costumbre, sólo que nuestras conversaciones iban tomado un cariz cada vez más íntimo.

Cuando ya era por la tarde, alrededor de las cinco y media y no había tanto sol, le propuse que nos fuéramos los dos a la playa. Una vez allí, nos tumbamos cada uno en nuestra toalla y empezamos a hablar, la conversación empezó a ser más y más intima hablando de los novios y novias que habíamos tenido.

Yo notaba como una gran erección se estaba formando bajo mi marcado bañador, por suerte, ya había oscurecido y podía disimularlo, ella me miraba mientras le contaba la historia con los ojos muy abiertos, como si lo estuviera viendo. Cuando terminé le dije que ahora ella me tenía que contar una de sus fantasías eróticas a cambio. Me contó una en la se imaginaba que mientras se masturbaba un hombre la veía y se masturbaba al mismo tiempo, me sorprendió que me la contara con tanto detalle, como se acariciaba, que sentía, que hacia el hombre, etc.

No había terminado de contármela, cuando escuchamos un murmullo de gente que venía por la playa con antorchas encendidas, cuando pasaron junto a nosotros, la luz de las antorchas nos inundó y yo me acordé tarde de mi erección, que ahora se notaba mucho más por la historia que ella me contaba, la miré a la cara y vi que sus ojos se había posado sobre mi inocultable erección, tenía una sonrisa en la cara y no apartaba la vista, así que como no podía ocultarla y ya era tarde para hacerlo, la dejé que le echara un buen vistazo.

Por mi parte no pude dejar de mirarle los pechos, y mas porque sus pezones se marcaban como si fueran piedras bajo su pequeño bikini caribeño.

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Cuando la oscuridad volvió a ser completa, me dijo que empezaba a hacer frió, yo le sugerí que si quería podíamos ponernos los dos en una sola toalla y taparnos con la otra, su respuesta fue tan rápida que yo no había terminado de hablar. Así, que ella se acerco hasta mi toalla y nos tapamos con la suya, como mi toalla no era muy ancha estábamos pegados, y yo aproveche para pegarme a ella y hacerle sentir mi dureza contra su vientre. Desde ese momento no hablamos, estábamos tan juntos, que el simple hecho de hablar haría que nuestros labios se rozasen, estuvimos así unos minutos, entonces, ella me dio un beso que fue profundo pero tierno, suave pero intenso, yo empecé a deslizar mi mano por su espalda hasta llegar a la curva de su trasero, lo apreté y subí la mano por el vientre en dirección a su seno, cuando llegué a él, lo acaricie suavemente por debajo, como pesándolo, mientras que con el pulgar le acariciaba el pezón ahora duro y erguido, su respiración se aceleró al sentir mi caricia y su lengua penetró en mi boca buscando la mía, nuestras lenguas se cruzaron, retorcieron y empujaron en una especie de frenética y lujuriosa lucha.

Su mano me bajaba por el pecho, se posó sobre mi pene y lo apretó, yo solté un gemido al sentir su caricia y se lo agradecí con un pellizco en el pezón que la hizo estremecerse y echar la cabeza hacia atrás, como si no pudiera aguantar todo el placer dentro de ella mientras de su boca escapaba un gemido de placer, mi boca comenzó a deslizarse por su cuello, oprimiendo con mis labios en algunos puntos a forma de mordiscos, que le daban escalofríos y la hacían retorcerse de gusto, al fin mi boca llego a su pecho y le di un suave y largo mordisquito con los dientes, cerrando después la boca sobre el pezón y succionándolo al mismo tiempo que retiraba la cabeza para producir un poco de tirantez, ella se mordía un dedo para evitar hacer demasiado ruido mientras que con la otra mano me cogía la polla, que ya se había salido del bañador, , y movía lentamente la mano arriba y abajo causándome un placer tan grande que casi me dolía, mientras le besaba el pecho empecé a bajar la otra mano hacia la fuente de todos mis deseos cuando llegué, pude notar que las braguitas ya no podían contener sus fluidos, que había llegado ya hasta sus muslos.

Apoyé el dedo corazón en la parte más baja de su rajita y empecé a deslizarlo lentamente y suavemente hacia su cima, para después bajarlo presionando un poco más sobre la tela del bañador. Empecé a acariciarle la cima muy lentamente, pero haciendo cierta presión, moviendo el dedo en círculos sobre su coronita, entonces metí la mano dentro de su bañador e introduje un poco el dedo en su rajita por la parte de abajo, y empecé a subirlo lentamente al tiempo que la abría, al llegar arriba, apreté un poco mas el dedo y lo subí de golpe. Al sentirlo ella, me aparto la cabeza de su pecho, y me beso para ahogar el grito que le subía por la garganta y que no tenia forma de evitar; entonces le solté el sujetador, le quite las braguitas y la puse en pie y ella corrió hasta el agua yo me quite el bañador y corrí tras ella.

Nos volvimos a besar y me pidió que cerrara los ojos, yo al momento obedecí, esperando impaciente lo que hiciera, de pronto sentí que me acariciaba el pene y mi mayor sorpresa fue cuando note como sus labios se cerraban en tono a su tronco, empezó a lamerme dentro de su boca y a succionar como si de una pajita se tratase, yo tuve que meter la cabeza bajo agua para evitar que mis jadeos llegaran a la gente que estaba en la playa, al cabo de unos 20 segundos paró y saco la cabeza fuera del agua y me dijo que ya no podía aguantar mas, le dije que no importaba y me beso para que sintiera mi propio sabor en la boca, eso me excito aun mas si podía, y me daba la sensación de que mi pene iba a estallar en cualquier momento. Mientras duró el beso yo no pare de pellizcarle los pezones ni de acariciar su templo. Empecé poco a poco a introducir un dedo dentro de su vulva y me sorprendió no encontrar la menor resistencia, es mas, parecía querer engullirme entero. Me sumergí y empecé a pasar la lengua por su vientre en dirección a su hendidura, empecé a lamer, solo con la punta de la suavemente, casi como si fuera un roce no provocado, su clítoris, como si quisiera arrancarle el placer con cada roce, con cada paso, como si no existiera otra cosa en el mundo que hacerla disfrutar. Yo notaba como sus piernas se estremecían, se estiraban y relajaban casi al mismo tiempo, me sorprendió notar como sus jugos no se mezclaban con el agua, notando perfectamente su humedad diferenciada del tacto del agua salada, eran como dos líquidos no miscibles, que me embriagaban y hacían arder como nunca antes.

No se cuanto estuve bajo el agua, estaba como en un sueño y cuando de pronto desperté note que no me quedaba nada de aire, saque rápidamente la cabeza del agua; en cualquier otro momento me habría parado a recuperar el aliento, pero esta vez solo quería besarla y entregarle su sabor al igual que ella había hecho antes. Me dijo que no podía más y me cogió de la mano sacándome del agua, ya era de noche y no había nadie en la playa. Nos volvimos a tumbar en la toalla, entonces me dijo –Tranquilo, que voy preparada, mostrándome un preservativo que había sacado de su bolso. Yo le agradecí con todo el alma el que tuviera esa previsión, ya que estaba pensando que yo había olvidado mis condones en la mesita de noche. Me saco de mis pensamientos el roce de sus piernas abrazándome y me dijo que lo hiciera con cuidado; apoye mi pene en su vulva y empecé a frotarlo, entonces puse su cabeza en la entrada y empecé a entrar lentamente, de pronto note que su espalda se arqueaba hacia atrás y se tensaba de golpe, el orgasmo la alcanzo de repente, note su boca pegarse de golpe a la mía, y note como su garganta surgía un grito incontenible, rápidamente baje la mano y empecé a acariciarles mientras seguía empujando mi pene mas y mas dentro suya, apenas note resistencia, sus jugos eran tan abundante que su lubricación era total.

Cuando el éxtasis paso yo ya había penetrado totalmente en ella, pero permanecía inmóvil, entonces empecé a moverme poco a poco, ella cuando me sintió dentro, empezó a hacerlo también, nuestro besos callaban nuestros suspiros y nuestros movimientos hacían hervir el agua a nuestro alrededor, nos besamos, acariciamos, el ritmo se fue acelerando pero nuestros cuerpos no parecían tener bastante, éramos el centro del universo, nada y todo parecían existir, note como iba llegando mi final, nuestro jadeos eran cada vez mas rápidos, la oír decir que no parara, que iba a terminar, yo no había parado de acariciarla durante todo el rato, pero en ese momento acelere los movimientos de mi mano, le pellizcaba sus pezones y bebía de su boca, en el instante del orgasmo, ella se quedo inmóvil, se sacudió, pego su boca con la mía y chilló, esta vez ni mi boca pudo contener su explosión, que durante un instante se mantuvo en el aire y desapareció, sus manos volaban sobre mi espalda, abrazando, apretando y arañando. Yo llevaba un rato aguantando el final, pero el dolor era ya casi insoportable, entonces… estalle, me desborde, note como mi cuerpo en un instante se doblo hacia atrás, mi boca se abrió pero ella no salió ni el mas leve susurro, el pelo se me erizo y note como me derramaba, me zumbaban los oídos y me sentía un poco mareado, nos abrazamos y no nos movimos, pasaron los minutos, como si quisiéramos congelar ese instante y que nunca terminara, no recuerdo bien cuanto tiempo estuvimos así, 4, 5, 10 minutos, quizás mas.

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