Combate el estrés con el estrés… y goza del sexo

Combate el estrés con el estrés… y goza del sexo

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Para Juan Carlos Galvez, subgerente de una sucursal bancaria, aquella mañana comenzaba como de costumbre: con una mezcla de cólera  y cansancio, de desgano, de apatía, de irritación, a la vez que con una sensación de náusea y con un principio de jaqueca que se estacionaba en su cabeza y que -sabía-  alcanzaría su máximo antes de mediodía, atormentándolo sin tregua hasta la hora de salida.

el estrés y el sexo

Lo demás era familiar y muy desagradable: la timidez que le hacía sudar  la palma de las manos cuando tenía que hablar con sus superiores; el corazón que parecía subírsele a la boca, ahogándolo con sus latidos, frente a los clientes difíciles; y, en la noche, el insomnio tenaz o las terribles pesadilllas que lo despertaban angustiado.

Pero no era todo. Había algo peor: el desgano sexual y las dificultades para la erección, meses antes uno de sus máximos orgullos. La víspera, por ejemplo, había sido un verdadero desastre. Victoria, su sexual esposa, estaba particularmente deseosa de hacer el amor. Como acostumbraba hacer en esa ocasiones, comenzó a insinuársele, frotando su espléndido cuerpo desnudo contra el de él. Juan Carlos no reaccionó. Entonces, Victoria procedió a acariciarle  directamente con ternura y sabiduría, masturbándolo y luego una felación como una verdadera artista. Fue inútil. Por más  que lo intentaron, la erección nunca se produjo. Afortunadamente para Juan Carlos,  Victoria se resignó y se durmió. El quedó deshecho y, por supuesto, no pudo conciliar el sueño.

Esa tarde resolvió a ir a un médico. No era posible que a los 35 años, él, una verdadera máquina para hacer el amor, padeciera de tales derrotas. El médico  resumió la situación en una sola palabra: estrés. La causa: exceso de trabajo.

A esa misma hora, en muchos lugares del mundo, hombres y mujeres estaban viviendo una situación  parecida a la de Juan Carlos. Porque el estrés, más que el SIDA,  es la verdadera peste de la época.

stress-estrés

Estrés viene de la expresión inglesa stress, que significa fuerza o presión que se hace sobre las cosas. Los médicos la han aplicado a aquellos casos de extrema tensión que implican para los individuos un conjunto variado de síntomas que alteran los mecanismos reguladores del organismo, llevándolo a límites de agotamiento e, inclusive, hasta la muerte. Según ha demostrado Vitus Drocher, el fenómeno no es privativo de los humanos y se observa también entre los animales.

En español, el cuadro suele denominarse como síndrome general de desadaptación.

Esquemáticamente, puede decirse que con el estrés el organismo. sometido a factores “estresantes” se deprime, pero luego inicia una defensa que se va exagerando en la medida que persista la presión del factor; tanto esfuerzo culmina con un estado total de agotamiento en el cual el organismo, sin defensas recibe el ataque artero de numerosas enfermedades.

Por esta característica de secuencia, el estrés tiene etapas que son de estímulo, no necesariamente malignas. Un consejo que suelen dar los médicos es aprovechar el estrés a nuestro favor, toda vez que las condiciones de la vida moderna lo hacen casi inevitable.

Para el organismo “estresado”, el único remedio es eliminar el factor “estresante”. Parece fácil, pero no lo es. Sobre todo, cuando el estrés se introduce subrepticiamente en la vida sexual. Es obvio que el organismo que lo padece es afectado en su sexualidad en forma directa, tarde o temprano. El agotamiento repercutirá en la potencia sexual o en la capacidad de respuesta a los estímulos.

Sin embargo, el estrés puede atacar de otro modo.

Para el varón, por ejemplo, por influjo de mitos y falacias respecto del sexo, la actividad erótica está llena de tensiones. De hecho, cada vez que llega a la cama está haciendo una apuesta sobre su potencia  sexual.

En la mujer, la tensión se relaciona con el orgasmo y su capacidad de obtenerlo a como dé lugar. De este juego violento surge el estrés que, en su secuencia, deriva fatal e irreversiblemente en cuadros específicos: impotencia  (total  o debilidad de la erección, eyaculación precoz o retardada), frigidez o anafrodisia (falta de deseos sexuales), anorgasmia (ausencia de orgasmo) o vaginismo (coito doloroso).

Quien sufre de impotencia no consigue la erección, la consigue pero es muy débil o eyacula demasiado a prisa, incluso antes de la  introducción peneana.

Lo que ocurre aquí cuando el estrés es la causa, es que el individuo tiene una imagen de su comportamiento plagado de dudas: ¿Funcionaré bien? ¿Tendré erección? ¿Se me pondrá lo suficientemente duro? ¿Lograré satisfacer a mi pareja? Estas preguntas manifestadas consciente o inconscientemente, constituyen el “factor estresante” que presiona a diario, cada vez que el individuo se  apresta al coito.

Concretamente, la cuestión opera igual que con el trabajo o, dicho de otro modo, el sexo se convierte en un trabajo tan exigente como el que la persona desarrolla para sobrevivir.

estrés y relaciones sexuales

En la mujer, los ecos de la revolución sexual la han hecho sobrevalorar el orgasmo y, su ansiedad por obtenerlo, ojalá en expresiones múltiples, es el “factor estresante”. También lo es, en un entorno machista, la presión  que significa sentirse usada en el coito, así como no poder expresar abiertamente sus deseos. La dualidad moral prevaleciente determina para la mujer el que la esposa-madre no debe ser lujuriosa. El varón prejuiciado no acepta que la madre de sus hijos o la mujer que eligió para toda la vida se comporte como “una cualquiera”, término que involucra, entre otras acepciones, la de la mujer lasciva, esto es, la que disfruta del sexo recreativo, participa de variaciones coitales, tiene inciativas erótico-sexuales y vive intensamente el orgasmo. Esta dualidad, manifestada en comportamientos típicos, es causa de estrés en el tipo esposa-madre, al igual que la inevitable incertidumbre que ésta debe vivir al tener plena conciencia que las mejores iniciativas eróticas de su cónyuge son dedicadas a otras mujeres.

El círculo vicioso, se puede cambiar a nuestro favor. Lo fundamental es entender que todo lo malo para nuestra vida sexual que resulta del estrés está en nuestra cabeza. Si el pene no responde con la erección, si no hay orgasmo, es porque el cerebro lo está ordenando así.

El secreto es relajarse y la mejor manera de relajarse es con el sexo.

Y ese es el problema cuando es el sexo precisamente el punto donde se generan las tensiones, miedos y ansiedades. Modernamente, las terapias que se emplean, y que dan excelentes resultados, descansan en las enseñanzas de Master y Johnson, que han sido perfeccionadas por otros terapeutas más modernos. Consisten en ejercicios que tienden a reacondicionar el organismo “estresado”. Así, por ejemplo, el tratamiento de la eyaculación precoz sugiere, en lineas generales, diversos ejercicios que siguen a un período obligatorio de abstinencia de unos diez días. Después se recomienda, por lapsos de tiempo bien definidos:

  a) Una etapa de caricias corporales, no directamente genitales, para reacomodar el cuerpo a la respuesta erógena.

b) Otra etapa de masaje  erótico con manipulación gradual de los genitales que no intente precipitar el orgasmo, sino su control progresivo. Aquí, a efecto de  modificar el  reflejo, justo antes de la eyaculación, debe cesar la manipulación peneana, oprimiéndose con fuerza la base del glande (técnica del “apretón”).

c) La siguiente fase es el coito para el que se sugiere la posición inversa (la mujer sobre el hombre), procurándose que, luego de la introducción, los movimientos sean controlados, de modo tal que, inicialmente, se evite la eyaculación. También aquí, en el momento de maxima excitación del varón, debe recurrirse a la técnica del “apretón”.

Para los casos de falta o debilidad de la erección y anorgasmia, hay variantes de estas terapias, basadas también en ejercicios.

Todas estas nuevas  técnicas antiestrés tienen como objetivo  principal eliminar de la mente del que padece la disfunción, la idea de que con el coito está cumpliendo un deber de algún tipo o sufriendo una sensación de amenaza.

Lo importante en esto es que, superada la disfunción sexual que provocó el estrés, el sexo aparece como uno de los grandes remedios para relajarse y vencer las tensiones de la vida diaria y los cuadros de ansiedad que llevan al estrés.

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