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pinturas eróticas

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cuerpo humano y erotismo

Un tema al que múltiples artistas han dedicado toda su creatividad conforme a sus propios estilos y técnicas.

El componente erótico sirve pues de símbolo y de elemento unificador.

Detenernos en cada una de las obras significaría toparnos con la marca estilística de cada autor; una rica imaginaría que puntualiza bajo un tema común la particularidad de cada obra en el tratamiento del cuerpo humano y el erotismo.

Bennassar

Nos encontramos con imágenes en donde se vela el motivo en una síntesis lírica o geométrica, o con formas más figurativas y reconocibles. Es decir, una evocación del cuerpo a través de dibujos, colores o texturas, o una definición explícita del desnudo, o referencias metafóricas muy evidentes.

Grandes artistas, unos consagrados, algunos ya fallecidos, y otros más jóvenes, pertenecen al mejor elenco. Su creatividad en el tema del erotismo, ha dado lugar a resultados sobresalientes.

francisco_baronjusto_barboza

max_cantrelljoan_benassar

Difícil sería en este espacio comentar cada una de las obras. Quien conoce la obra general de artistas como Joan Bennassar, Joan March, Antonia Borràs, Tudanca, Jaume Rocamora, Lucio Muñoz, Águeda de la Pisa, Amadeo Gabino, Monir, Isabel Soto, Ignacio Parrilla, Adelaida Murillo, Gloria Valls, Uwe Geest, Isab0.el Echarri, Santiago Galán, Enrique Melià, al escultor Paco Barón y escultora Corine Sanmarcelli etc. etc., lo sabe muy bien.

El cuerpo, y el erotismo al que muchas veces acompaña, que ha sido tantas veces censurado, oculto, pero también ensalzado y venerado, se perpetúa en el arte contemporáneo a través de la imaginación y fuerza creativa de estos artistas.

cuerpo humano y erotismo

“A través de los tiempos ha sido vestido y desnudado, temido y adorado, mutilado y torturado, vendido y comprado, ensalzado y mancillado, estudiado y transformado, esculpido y fotografiado, pero a pesar de todos los cambios por los que ha pasado sigue siendo poderoso y frágil. Estando en sí mismo, el secreto de la vida mientras que su existencia continúa inspirando excitación, deseo y confusión”.

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pinturas-desnudos

Escribió Paul Gauguin:

Con Zola llegó el naturalismo trivial y la pornografía de los sobreentendidos. Cuántos retratos de mujeres distinguidas que parecían infames zorras. El semidesnudo. Con el espíritu del periodismo, la pintura se convirtió en crónica de sucesos, en un juego de palabras, en folletín.

Con la pornografía, la prontitud, la facilidad y la exactitud del dibujo. Así calificó el artista francés la estética realista defendida por Zola, y la que él opuso sus sensuales mujeres tahitianas plenas de simbolismo. Pero, si ahondamos en sus creaciones, podemos advertir que algunas de sus mejores obras están inspiradas en un cuadro polémico que recibió el apoyo de Emilio Zola: La Olimpia (1863) de Edouard Manet, pintor por el que Gauguin sintió siempre una gran admiración.

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Precisamente, cuando plasmó en 1892 el desnudo titulado Manao tupapau, Gauguin quiso evitar una postura indecente de la figura introduciendo en su rostro una expresión de terror. Así lo manifiesta el propio pintor en una carta a su esposa durante su primer viaje a Tahití: Ese terror hay que pretextarlo, si no explicarlo, y eso dentro del carácter de la persona, una maorí. Este pueblo tiene por tradición un miedo muy grande al espíritu de los muertos. Una muchacha entre nosotros tendría miedo de ser sorprendida en esta postura. Curiosamente, el cuadro fue considerado indecente por la crítica cuando se presentó en París, no entendiéndose el primitivismo que quiso transmitir el pintor. Las líneas y el movimiento… pintando el cuadro de manera sencilla, para que resultase salvaje e infantil, como él mismo escribió.

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Y, es que para Gauguin, ya desde su estancia en Tahití, las mujeres, de piel morena y corpulentas formas corporales, significaban algo más hondo que su mera presencia física. De hecho, la aparente naturalidad de sus actitudes, ya sea sentadas en el suelo o recostadas en el lecho, se halla teñida de contenidos que giran sobre la propia experiencia vital del artista, única y subjetiva.

Manao tupapau, como otras muchas de sus obras, recoge rasgos de la cultura visual occidental y los combina con las ancestrales creencias y costumbres de la isla polinésica. La influencia de La Olimpia (cuadro del que Gauguin hizo una copia en 1891) se une al descubrimiento por su parte de un medio virgen, primitivo, aún no corrompido por la civilización; de figuras envueltas en un paisaje exuberante o en un interior con profusos elementos decorativos.

Gauguin, mediante armonías de vivo cromatismo intentó expresar simbólicamente una dimensión espiritual; para conseguirlo mezcló realidad y fantasía, verdad e imaginación. La imagen pintada en Manao tupapau ejemplifica esa nueva realidad recreada poéticamente por un Gauguin huido de la civilización: un francés convertido en un primitivo. En primer lugar altera la postura frontal de La Olimpia de Manet pintando a Tahamana, que posiblemente fue su compañera, tumbada de espaldas, al tiempo que convierte a la criada negra del cuadro de Manet en una figura siniestra. La mujer desnuda piensa y cree en el aparecido Tupapau, el Espíritu de los muertos, uno de esos espectros legendarios de ojos fosforescentes y largos dientes que inspira tanto temor a los nativos. Gauguin ha inventado el fantasma y lo ha dotado de aspecto de mujer encapuchada.

En el cuadro domina el contraste de colores y diferentes estudios de modelado. El cuerpo tostado de la joven acostada se contrapone al amarillo de las sábanas y éstas, a su vez, al azul oscuro de la tela del colchón. Pero, mientras en otros cuadros del autor destaca la vivacidad y alegría cromática, aquí el entorno de pesadilla se expresa mediante colores sombríos, tristes, sonando en el ojo como un tañido fúnebre.

Pues, ese fondo violeta con destellos ilustra las creencias indígenas que asimilaban las fosforescencias nocturnas con los espíritus de los muertos. Todo un reto para Gauguin: ilustrar las costumbres tahitianas apuntando más allá de las apariencias hasta penetrar en el alma humana. Encontró para ello una estética no naturalista, como vemos en Manao Tupapau, basada en la planitud y en la simplicidad técnica.

Cuando en 1895 realizó su segundo viaje a Tahití, Gauguin marchó decidido a no volver nunca más a Francia. El reencuentro con la civilización había sido decepcionante. Huyó a un ambiente más humano y natural esperando encontrar la paz; pero las crisis existenciales que sufrió le llevaron a preguntarse: ¿de dónde venimos ¿quiénes somos?, ¿a dónde vamos?. Pintando, dando forma plástica a todas estas preguntas, pretendió encontrar la respuesta. Por esa razón sus cuadros se hacen cada vez más herméticos, porque son testimonio fiel de la lucha consigo mismo.

Gauguin no cumplió su deseo de llegar a ser él mismo un salvaje. Entonces sus preguntas sólo hallaron respuesta en sus cuadros.

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Dibujos eróticos de China

Frente Al mundo Occidental, el Extremo Oriente se ha destacado por una manera directa, explícita y sincera de representar la relación sexual.

Un ejemplo de las distintas demostraciones del amor en la China de finales del XVIII y primeros del siglo XIX.

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Pequeños dibujos a la acuarela, recogen tres líneas principales sobre las que rueda la existencia humana: La Ley, el Amor y el Trabajo en la Antigua China.

Si a la ley le acompaña el castigo, y al trabajo el orden social, con respecto al Amor el taoísmo es su principio rector. Las imágenes que occidente consideraba pornografía, en China ilustraban una forma de vida íntima y natural, excluida de prejuicios.

Como el Amor y el Taoísmo son conceptos inseparables en la Antigua China, también este pensamiento filosófico-religioso impregna la práctica de la pintura.

Precisamente uno de los fundamentos de su estilo artístico es evitar lo vulgar, una exigencia que se demanda también de la poesía, como manifestaciones humanísticas que ambas son.

acuarelas eróticas chinas
Estos dibujos eróticos demuestran ese refinamiento, limpieza de ejecución y una sutileza que son peculiaridades de una civilización que además entiende la expresión del amor de forma abierta, sin tabúes; y que es capaz de describir las artes amatorias con toda minuciosidad, como momentos sustanciales de la misma vida y de la actividad diaria.

Aunque los dibujos pertenecen a distintos momentos históricos, es exacto el concepto de erotismo en todos ellos, igual que su realización técnica o su misma plasticidad, que se rigen por una metodología estética y en función de su utilidad.

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Hay elementos en estas imágenes que se repiten:

  • Los pies vendados y menguados de las mujeres nobles y de alta alcurnia.
  • El voyeurismo, que entraña la mirada desde fuera de un observador.
  • La unión de la música y el amor, o de la poesía.

El acto sexual, antes que relación puramente carnal, se acompaña de estímulos, de sonidos y de una atmósfera propicia para la unión perfecta y armónica entre dos fuerzas contrarias y complementarias: el Yin y el Yan, lo femenino y lo masculino, los dos extremos por los que se rige el universo.

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Desde la esfera plástica, delgadas líneas definen con rigor los contornos mientras un suave cromatismo acompaña y modela al dibujo. Estudios de figuras, de espacios interiores, de objetos, plantas de adorno, pequeños animales domésticos, todos estos elementos documentan una época, una costumbre, una cultura, unas formas de amar, una expresión artística. El silencio sobre el ruido, la paciencia sobre la prisa, la delicadeza sobre la brutalidad, el sentimiento del amor sobre la razón, lo espiritual sobre lo meramente físico.

A la inicial funcionalidad de estos dibujos eróticos se superpone hoy el puro goce visual de la imagen, y la constatación de la universalidad e intemporalidad del amor.

Estos dibujos, delicadamente pintados a la acuarela por autores anónimos, quizá formen parte de la ilustración de tratados chinos que, como por ejemplo Sou Un King, Su Un Fang, Yu Fang Mi Ju, describen escrupulosamente los actos del amor; una práctica concebida a su vez como una experiencia espiritual y artística: Una lección en busca de la total y perfecta culminación del Amor.

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