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Es una cosa asombrosa la distracción que les puede causar un buen par de senos a los hombres.

Pierden hasta la noción del tiempo, se detiene.

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Basta con mirarlos un rato para darse cuenta que esas miradas a los senos de las mujeres que tienen enfrente o pasan por delante son instintivas, puede parecernos incluso vulgar, pero la verdad es que así es como las hembras atraían a los machos desde hace millones de años.

Pero se han vuelto especialistas en el busto de las mujeres; saben las tallas y para algunos es motivo casi de exclusión si una no tiene la que a ellos les atrae, también saben perfectamente cuando están operadas o cuando traen un bra con relleno.

Para algunos, el movimiento de los senos al caminar o correr es poesía pura, quedan atónitos

no sé qué les mueve exactamente observarlas, acariciarlas o tocarlas, pero no dejo de sorprenderme por este gusto que nunca termina.

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Estimados y queridos (algunos deseados) varones, me siento con la confianza suficiente para hablarles directamente a ustedes, miles de hombres hambrientos de mujeres apasionadas, liberadas y, por cierto, desinihibidas.

El tema que quisiera tocar trata de dos zonas erógenas hermanas que, a veces, creo que ustedes pasan por alto, o demasiado rápido.
Hablo de las pechugas, pechos, tetas, senos, mamas, delantera…

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Piensen en ellas, todo el día encerradas, unas más apretujadas que otras, en satén, algodón o lycra. Y cuando llega la hora del juego amoroso, son liberadas y esperan atención y cariño. Ahora, no se confundan. Las pechugas no son como los niños, donde a alguien se le ocurrió (la tontería) de que más vale calidad que cantidad. ¡Patrañas! Ellas necesitan no sólo calidad sino que gran preocupación.

Se preguntarán, “¿Qué le dio a esta loca?” Pues bien, caballeros míos, les contaré. He tenido experiencias fabulosas con ellas. Siempre consciente de la sensibilidad que tengo (y todas tenemos) por esos lares, me hicieron probar una técnica nueva. No sé si entrar en detalle, pero el asunto es que gocé como poseída por el demonio. A todo esto se añade que he recogido muchas quejas, incluyendo las mías, por la minimización que le dan ustedes, queridos míos, a nuestros senos.

pechosA veces, nosotras tenemos la sensación que pasan por ahí como si fuera un pago de peaje a fin de avanzar a las profundidades más escondidas de nuestros cuerpos. Lo que está muy bien, no los critico. Pero sería de gran ayuda, para aumentar el placer, detenerse unos instantes más en las lomas del Edén. Al final, señores ingenieros, el costo alternativo es mínimo. Un rato más y obtendrán mujercitas convertidas en fieras.

Acaricien, soben, muevan.

Apliquen calor (besos bien jugosos) y después frío (si no tienen hielo a la mano, soplen). Pellizquen, muerdan, aprieten, junten, separen. Es fundamental el área del pezón. Muchos de ustedes piensan que con un apretón a mano llena basta, y siguen a toda velocidad al destino final. ¡No, pues! Deténgase en la aureola, mírenla, conózcanla, eréctenla.

Una vez estuve con un señor que apenas me las miraba. Y cuando lo hacía, pasaba de largo. No sabía cómo expresarle mi descontento: La vergüenza era más fuerte. A veces intentaba enviarle el mensaje in situ. Lo acurrucaba, le sujetaba la cabeza en el lugar y le susurraba cuánto me gustaba. Ahora me pregunto si tendría alguna deficiencia porque, pese a todos mis esfuerzos, no acusó recibo.

Espero que esto no suene a una lección académica, pero, ¿sabían ustedes que las mujeres tenemos una pechuga más sensible que la otra? Un simple, “¿en cuál te gusta más?” basta para informarse y llevarnos cerca del cielo.

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Zonas erógenas de la mujer

¿Cuáles son y como estimularlas?

Son aquellas zonas del cuerpo femenino que poseen la capacidad de estimular el deseo cuando son tocadas por los labios, las manos o genitales del varón.

En general, las mujeres reaccionan de formas distintas a los estímulos sexuales. Existen diversas zonas sensibles en el cuerpo y cada mujer presenta diversas sensaciones cuando dichas zonas son estimuladas.

Para hacer el amor, lo fundamental es una buena comunicación, con lo que se eliminan los temores, las ansiedades y se da rienda suelta al gozo y al placer. Es necesario que la mujer se comunique con su pareja de tal forma que pueda orientar la estimulación hacia las zonas de su cuerpo que mayor placer le dan.

Para lograr los mejores resultados, se debe buscar el ambiente más adecuado posible, eviten estar en lugares donde puedan ser vistos por otras personas, busquen un lugar donde ambos se sientan cómodos. El tiempo es un factor fundamental, hacer el amor no puede ser una carrera con el simple objetivo de hacerlo. Debe ser un momento de intimidad y tranquilidad para la pareja, donde exista un ambiente adecuado para la comunicación, las caricias y las fantasías.

A continuación presentamos una breve guía de las principales zonas erógenas en la mujer:

El cabello

Al jugar con el cabello de tu pareja se pueden producir diversas sensaciones de placer. Empieza deslizando suavemente los dedos entre su cabello, aplicando diversos niveles de presión sobre la cabeza de tu pareja.

zonas erógenasEl pensamiento

Las fantasías por sí mismas pueden producir el orgasmo en algunas mujeres. Para generar pensamientos eróticos, tu pareja debe decirte qué zonas le gustaría que sean tocadas, acariciadas y besadas. De esa forma, a través de sus deseos y sus gestos puedes saber si estás en el ‘camino correcto’.

Otra forma de estimular tu pareja es diciéndole lo bien que se ve, su agradable olor y lo bien que te sientes al acariciarla.

Los oídos

Los oídos tienen una serie de terminaciones nerviosas dentro y alrededor del mismo. Esas terminaciones nerviosas hacen que los oídos sean altamente sensibles. Para una adecuada estimulación es recomendable que le hagas a tu pareja un suave masaje con las yemas de los dedos, alternando con suaves caricias con los labios y la lengua.

La estimulación de la parte trasera de los oídos es especialmente agradable y puede ser combinada con ligeros soplidos y respiración en dicha zona.

La boca

Los labios son una de las zonas más sensibles del cuerpo, en particular el labio superior y la piel que se encuentra entre el labio y la nariz. Acércate lenta y delicadamente. Es recomendable ir besando alternadamente el labio superior y luego el inferior. Al mismo tiempo humedece toda esta área, desplazando la lengua alrededor de toda esa zona.

Un juego divertido y estimulante es el de rozar suavemente la punta de la lengua con la punta de la lengua de tu pareja.

El cuello

La mayor parte de la tensión y el stress se acumulan en la zona del cuello. Un masaje es especialmente relajante y estimulante. Logra liberar tensiones y mejora el estado de ánimo para un contacto íntimo con la pareja.

En la parte trasera del cuello hay finos vellos que al ser tocados delicadamente, o tal vez con soplar un poco de aire en ellos se puede producir una sensación muy agradable.

La espalda

En la espalda se encuentra una alta concentración de terminaciones nerviosas. Desliza suavemente las uñas a lo largo de la espalda de tu pareja., con movimientos lentos y delicados. Acariciar la espalda de tu pareja con una pluma puede ser muy excitante también.

La zona superior de los glúteos es una de las más sensibles. Hazle a tu pareja un masaje justo ahí, y verás cómo la tensión en su espalda se disipará, permitiendo que más sangre fluya libremente hacia sus órganos sexuales.

Cúbrete con aceite para masajes, y deslízate sobre ella (echada boca abajo), hasta estar completamente echado encima de ella. Acaricia su espalda con tu barriga Luego gira hasta que estén espalda con espalda, siempre tú sobre ella. Deslízate de tal modo que tus glúteos estén en contacto con los de ella, luego continúa hasta que esté sobre la curva de su espalda. Muévete suavemente en un masaje de piel contra piel.

Los senos

Advertencia: No vayas directo a sus pezones. Presta atención a la zona de los costados de los senos y entre ellos. Usa las palmas de tus manos para hacer movimientos circulares sobre sus senos.

Coloca una uva entre tus dientes y muévela con la lengua. Cuando puedas hacerlo sin romper la cáscara, quiere decir que ya sabes cuál es la cantidad exacta de presión que debes ejercer sobre sus pezones para causarle el mayor placer.

Puedes probar con deslizar un cubo de hielo sobre sus pezones, luego soplar y besarlos.

El estómago

Empieza por sus costillas creando una sensación de electricidad estática al colocar tu mano un centímetro por encima de su estómago, sin tocar su piel. Ella sentirá el calor de tu piel. Cuando ella menos lo espere, desliza tus dedos por su estómago.

Cuando cierre los ojos concéntrate en la parte inferior de su abdomen y acaríciala con la punta de un pincel o brocha de maquillaje en lugares inesperados. Una de las formas más fáciles de excitar a tu pareja es sensibilizándola con una combinación de caricias que se alejen lo más posible de la rutina.

Los glúteos

Zonas erógenas de la mujerSiempre que hagas comentarios agradables acerca de su trasero mientras juegas con él, considéralo una zona certera para el preámbulo a hacer el amor. Cuando ejerces presión en el trasero de tu pareja estás empujando su área pélvica hacia delante, lo que ejerce placentera presión en su pelvis.

Puedes darle suaves palmadas, a un ritmo acelerado con las palmas o costados de tus manos. También puedes practicar otro tipo de estímulo erótico como mordisquear sus glúteos, lo que quiere decir acariciarlos con los dientes, no romperle la piel.

El Punto G

No te apresures a penetrarla con tus dedos. Sólo si el acceso resulta fácil, coloca tu dedo dentro de su vagina con la palma de tu mano hacia arriba y muévelo como lo harías si estuvieras llamando a alguien con el dedo para que se acerque. Así estarás acariciando la parte interior de su vagina.

Esta zona, conocida como el Punto Grafenberg o Punto G, comienza a ponerse rugosa, a hincharse y palpitar. Eso significa que le gusta lo que estás haciendo.

MAS INFORMACION “PUNTO G” CLICK AQUÍ

La parte interior de los muslos

Piensa en el interior de sus muslos como el pasadizo a sus órganos sexuales. Al masajear la parte interior de sus muslos los labios vaginales se mueven, lo que a su vez estimula su clítoris.

Su excitación aumenta con la expectativa, así que excítala, después aléjate un momento. Utiliza objetos inusuales, como ponerte un guante de piel, o prueba colocar un vibrador entre sus muslos para acelerar su pulso.

Los Pies

Los pies y dedos de los pies están llenos de terminaciones nerviosas, lo que los convierte en una de las zonas más sensibles de su cuerpo. Desliza una prenda de seda entre sus dedos y por sus pies.

Vierte miel sobre sus pies de modo que le haga cosquillas entre los dedos, luego lámela moviendo la lengua para arriba, para abajo, y de costado.

La ingle

Con la palma de tu mano presiona toda su zona genital, alterando tu ritmo y presión. Luego imagínate un reloj: Con su clítoris a las 12, coloca tus dedos a las 4 y a las 8, donde se encuentran nódulos nerviosos muy sensibles. Acaríciala con movimientos circulares y lentos.

Gradualmente estimúlala más directamente a ambos lados del clítoris. Luego desliza tu lengua de las 6 a las 12, pasando por encima del clítoris. Luego coloca tus labios alrededor del clítoris y disfrútalo.

El perineo

Todo lo original es excitante. La zona entre el ano y la vagina (el perineo) es normalmente territorio inexplorado, por lo que aventurarse hacia ahí es tan excitante. Además, el perineo está lleno de terminaciones nerviosas, ya que es de la misma piel que los labios vaginales. Aquí puedes acariciarla suavemente de arriba abajo.

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