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cuentos y relatos eróticos

cuento erótico

Caímos sobre la alfombra olvidándonos del mundo, en un amasijo enloquecido y comenzamos a desnudarnos unos a otros febrilmente, jadeando y gimiendo.

Elegí cuidadosamente el atuendo que me pondría para el cóctel literario de esa tarde. No sólo elegí con rigor el vestido, sino también los pantalones (de raso negro) y el brasier (encaje negro Christian Dior). ¿Por qué tanta preocupación? Seguramente porque iba de cacería y esperaba regresar con un acompañante. Los cócteles suelen ser circunstancias adecuadas para conocer a gente que comparte intereses con una, sobre todo los literarios. Antes de partir, me puse unas gotas de mi perfume favorito, Fidji, detrás de las orejas, y partí al gran hotel donde tendría lugar la recepción. Allí, anduve circulando un buen rato. Repentinamente sucedió. Un amigo me detuvo y me dijo:

-Linda, te presento a la máxima promesa de la literatura actual, te quiere conocer.

Saludé a “la promesa” y me bastó con mirarlo para saber que mi búsqueda había terminado felizmente. Fue todo un flechazo, en el que olvidé, no sin frivolidad, las últimas recomendaciones de mi psiquiatra (“no erotices las relaciones, el sexo es un vínculo demasiado fuerte. Generalmente nos ligamos a gente que no vale la pena. Más vale tener un buen amigo primero y más tarde ver qué ocurre en lo sexual.”) Sin embargo, entonces, lo único real es que mis pantalones ya estaban húmedos. Lo invité a mi departamento y la velada fue una auténtica fiesta del sexo. Recuerdo sus besos enloquecedores, que me ponían al borde del orgasmo, sus manos expertas, el sabio recorrido de su boca por cada centímetro de mi piel y el explosivo instante en que introdujo su vigoroso pene en mí para iniciar un coito largo, desesperado, exasperante e inolvidable. Estuvimos haciendo el amor todo el fin de semana hasta que finalmente decidimos vivir juntos.

Nuestra felicidad duró dos años exactos. Poco a poco se nos fue terminando la alegría. Lo que más contribuyó a ello fueron las depresiones en las que empezó a caer mi compañero que sobrellevaba la definitiva frustración de haber sido “un promisorio valor joven de la literatura” y nada más. Por otra parte, como su dedicación a las letras no le aportaba dinero suficiente, yo me convertí en la sostenedora del hogar y, aunque el hecho no me importaba demasiado, tuvo influencia en la erosión de las relaciones.

Quedaba algo bueno, que nos alegraba: era la presencia de mis amigas en casa. Con ellas, él parecía reanimarse y, esporádicamente, volvía a ser el hombre encantador a quien conocí en el cóctel.

Lo que más lo estimulaba era una actriz, Tania, una mujer vital, guapa, encantadora y absolutamente liberada, dotada de un cuerpo casi perfecto. Me di cuenta muy pronto que mi compañero se prendó de sus caderas y senos ya que, cada vez que yo volvía la espalda en las reuniones, él no despegaba la vista de su figura. Desde el principio no me preocupé demasiado. Estaba segura que Tania no me traicionaría. ya que era una persona honesta y me quería muy sinceramente. Por lo demás, y aunque suena egoísta y frívolo, me había percatado que las visitas de Tania y el deseo que ella inspiraba en él se volcaban favorablemente hacia mí y las noches, después que ella partía, solían terminar en coitos casi tan maravillosos como el de la primera vez.

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Sin embargo, algo sucedió.

Fue una ocasión en que los tres aguardábamos en casa, tomando unas copas, la hora apropiada para ir a un “reventón” al que habíamos sido invitados.

En un momento, Tania propuso enseñarme algunos pasos de los bailes que ella había practicado en su juventud, especialmente el mambo y el cha-cha-chá. Accedí de muy buena gana. Nos pusimos a ensayar. De pronto mi compañero, que estaba contemplándonos, decidió incorporarse al juego.

Sinceramente, no sé cómo ocurrió lo que vino después. Recuerdo, sí, que de improviso, los tres estábamos acariciándonos y besándonos con frenesí. Lo sorprendente era que yo -nunca antes involucrada en experiencias lésbicas– recibía sin rechazos de ninguna especie la ardiente boca y las manos ansiosas de mi amiga, le oprimía y estimulaba sus pechos generosos, a la vez que toleraba, con excitación, las caricias que él le prodigaba a ella y que, por cierto, iban haciéndose cada vez más urgentes e íntimas.

Caímos sobre la alfombra olvidándonos del mundo, en un amasijo enloquecido y comenzamos a desnudarnos unos a otros febrilmente, jadeando y gimiendo. Ya nada me importaba, sólo quería seguir en ese trío mórbido hasta las últimas consecuencias. Ni siquiera me molestó el instante en que él, prefiriendo a Tania, la penetró con violencia salvaje. Por el contrario, entonces mi nivel de excitación alcanzó su punto más elevado y busqué unirme al grupo acariciándolos a ambos sin prejuicios.

Fue una orgía maravillosa.

A la mañana siguiente despertamos los tres en la cama y, después de hablar tranquilamente sobre lo sucedido, reiniciamos los juegos eróticos.

El incidente no volvió a repetirse y, por alguna razón, después de un tiempo, Tania y yo dejamos de vernos. A medida que pasaban las semanas, empecé a darme cuenta que no sólo me sentía profundamente resentida con mi amante, sino que se tambaleaban mis sentimientos respecto a Tania, a quien veía con más claridad como una amiga desleal. Ello se reforzó cuando supe que él la veía en secreto. Furiosa, me autorreprochaba el hecho de haber sido, por azar, la causante de mi propia desgracia, al poner al alcance de él otra mujer. De ese modo, nuestra vida se convirtió en un infierno en el que abundaban los celos y las riñas.

Un día, sin embargo, se hizo la luz para mí. Después de una pelea en que él abandonó muy enojado la casa, me puse a pensar en nuestra relación. Valoré en toda su dimensión la circunstancia de que él estaba a muy mal traer, que como escritor no lograba triunfar, que como varón proveedor era un fracaso y que dependía de mí económicamente y que eso lo mutilaba. Por mi parte, reconocí que sexualmente no podía darle los mínimos que él necesitaba y que, sin quererlo conscientemente, me estaba convirtiendo en una arpía celosa que acabaría alejándolo de mi lado. Y yo lo amaba.

Así, tomé una resolución.

Esa noche, cuando él llegó, Tania y yo lo estábamos aguardando en la recámara.

-Bienvenido -le dije- hoy tenemos clase de baile.

El sonrió y comenzó a desvestirse.

Desde entonces, el trío es la rutina de los martes y jueves y la relación ha mejorado notablemente. Llevamos siete meses, él ha vuelto a escribir y a ser el amante fogoso que conocí después de ese cóctel. Tania nos quiere a las dos por igual.

De alguna manera somos felices. No sé si durará. Tampoco sé si estoy haciendo lo correcto. Pero no importa. Lo valioso aquí es nuestro equilibrio y nuestro amor.

relatos

Habíamos celebrado mi cumpleaños cenando en casa, los dos solos, yo –Martín- y mi estupenda novia Natasha, a la luz de un par de velas. Habíamos disfrutado de una excelente cena. Ahora, recostados en el sofá, conversábamos.

¿Ponemos un vídeo? -propuso Natasha-. ¿El del pintor y las modelos?
-Bueno -sonreí-, de acuerdo.

Apenas habíamos visto cinco minutos de la historia, cuando llamaron a la puerta. Natasha se levantó de un salto y, ante mi sorpresa, corrió a abrir mientras exclamaba:

¡Aquí llega tu regalo Martín!
Volvió, acompañada de una pelirroja que a primera vista parecía estar muy buena.

Cariño, esta es Vanesa, me dijo. Una amiga, decía Natasha con una enorme sonrisa pícara.
Tras el breve intercambio de frases corteses, Natasha le pidió a su amiga que se sentase en el sofá a mi lado. Luego, le ofreció una copa de vino. Yo estaba realmente desconcertado, porque nunca me había hablado de Vanesa. Y, probablemente por culpa del alcohol, no acababa de entender muy bien lo de mi regalo. Quizá, por eso, dejé que tomaran la iniciativa.
Vanesa insistió en seguir con el vídeo:

-¿De qué va? ¿Es un trío o una orgía?
-Trío –respondí-, sentándose Natasha a mi derecha.

Quedé así en medio de las dos, tanto yo como Natasha nos sabíamos el vídeo de memoria. El pintor estaba a punto de ensartar con su pene de caballo el culo de la modelo morena. La otra, la rubia, con movimientos gimnásticos acabaría debajo de ambos, lamiendo el coño de su compañera. Vanesa parecía muy interesada en la escena. Yo la observaba. A pesar de la pobre luz de las velas, noté que se había pasado un poco en el maquillaje. Aunque extremadamente femenina, todo en ella era grande: la media los ojos verdes, la boca muy perfilada, las tetas que le palpitaban bajo la blusa negra y transparente, los muslos poderosos que escapaban de la minifalda…

¿Te gusta mi regalo? -me susurró (Natasha), metiéndome la punta de la lengua en la oreja.

Sin esperar respuesta me bajó la cremallera de los pantalones y me sacó la polla que comenzó a ponerse dura. Intenté volver la cabeza hacia Vanesa, pero Natasha me agarró con fuerza y se la llevó hacia su boca, al mismo tiempo yo ya le había levantado el top y comencé a lamerle sus pezones. Mientras la lamía, comenzó una mamada increíble. Lo hizo mucho más hábilmente que nunca. Me acarició suavemente el pene con la yema de los dedos, apretando con delicadeza la zona de la cabeza y, en el momento oportuno, apretaba el tronco de la polla, para soltarlo enseguida.

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De inmediato, oleadas de escalofríos eléctricos se reflejaron en mi verga y fueron chisporroteando por todo el cuerpo de mi Natasha. Se me había puesto dura y la tensión la hacía muy sensible. Sabía que iba a correrme sin remedio. Así que me detuve…

Vanesa se había quitado la blusa y la minifalda. Sólo llevaba ahora un tanga negro.
Para mi sorpresa, Natasha animó a Vanesa a mamármela. Comenzó pasándome la lengua por debajo del reborde del pene. Lo soltaba, chupeteándolo, y volvía a tragárselo golosamente, mientras Natasha nos miraba.

-¡Para, para! -le grité -. ¡Qué no quiero correrme todavía…!

La soltó y, aunque no llegué al orgasmo, no pude impedir que asomasen unas gotitas de semen que lamió completamente. Enseguida, Natasha y yo nos quedamos desnudos. Se tendió sobre la alfombra. Abrió las piernas, liberando su raja caliente y me propuso un 69. Gateando sobre su cuerpo le introduje la lengua profundamente en su raja húmeda y dilatada. Mientras ella me cogía la polla y la chupaba como si disfrutara de un helado. Yo profundizaba con mi lengua en los movimiento que tanto le gustan. La sacaba, con largos lametones, mientras ella me sorbía el pene una y otra vez.
Nuestros jadeos, nuestros gritos lujuriosos, nuestros lamentos de placer, se sobreponían a los del vídeo. En aquel momento, ya habíamos perdido la noción de casi todo. Note unas ganas locas de correrme en su boca , quise aguantar un poco más. De todas maneras, sabía que de un instante a otro no iba a poder controlarme y acabaría soltándolo todo sin remedio.

Supongo que ya estaba casi en ese punto sin retorno, cuando me decidí a agradecerle su regalo, mi dedo se deslizaba lentamente dentro de su culo, le había masajeado muy bien el ano, con saliva, lo había lubrificado abundantemente, más hábil que nunca, había conseguido que su ano se relajara. De inmediato me acarició los testículos y luego, ella hizo lo mismo conmigo. Esa maniobra le desconcentró un poco por la vista de Vanesa ante nosotros pero le gustaba. Retuvo la respiración y pronto pidió a Vanesa un gran favor.

-Acércate y juega con nosotros.
Vanesa sin pensarlo dos veces se acercó hacia nuestros sexos, no sabía por donde comenzar…. Esta escena me enloqueció, y pronto le propuse que se pusiese en mi lugar.

Vanesa se había agarrado bien de las nalgas de mi novia, mientras yo bombeaba furiosamente mi polla dentro de su culo, y no la dejaba parar. Ambas ponían sus lenguas muy adentro de sus sexos, cada vez estaban más húmedas. Por otra parte, yo metí ahora toda mi polla en su culo, no podía más, de tal manera que hizo venir de golpe toda la leche que retenía en mis adentros, el preservativo me pareció que iba a estallar.

¡Dios, qué corrida! me temblaba todo, me estremecía, todo mi cuerpo era puro placer. En una de esas sacudidas me sentí más liberado.
Finalmente, tanto Natasha como Vanesa hundían su cara en sus coños mojados chupándose el clítoris, el cual contraían salvajemente. Noté toda la lujuria de sus lenguas, cada vez que las veía estremecerse…
Lo curioso es que yo comenzaba a sentir una extraña sensación por todos lados, muy placentera, que prolongaba el placer de mi orgasmo. Mi polla se mantenía bastante dura. Al menos lo suficiente para que siguiera mamándola. Vanesa se corrió enseguida, gruñendo y chillando histéricamente durante un buen rato. Casi al mismo tiempo, yo inserte de nuevo mi pene en su boca. Convulsionándome como un endemoniado, me aprisionó mi polla con su boca. Luego, sobreexcitada le estuve metiendo los dedos en la raja llena de saliva, como si quisiera taparla para que no se escapara ni una gota de aquella gozada.
Pasado este fogoso encuentro los tres quedamos rendidos en la alfombra.
Natasha se volvió hacia mí, cuando ya comenzaba a relajarse.

-Qué pasada, amor. Si te hubieses visto… -me dijo, mientras le quitaba restos de semen que se secaban sobre su piel-. Vaya manera de correrte…
Su cuerpo era también un manojo de sensaciones placenteras. Por eso, no sabía si escalofriarme o echarme a reír.
Vanesa nos observaba, sentada y recostada contra la alfombra, con las tetas impecables y su sexo, muy mojado. Nos miraba con cierto temor, con cierta inseguridad.
Tanto a mi como a Natasha nos entró un ataque de risa que aún nos dura cuando recordamos ese cumpleaños…

sexo playa

Me fui de vacaciones con un grupo de amigos a un hotel de la playa. Los dos primeros días nos lo pasamos muy bien pero el tercer día ocurrió algo maravilloso. Una de las amigas, que siempre me había llamado la atención por sus preciosos labios y su figura imponente, empezó a bromear conmigo. La primera mitad del día transcurrió como de costumbre, sólo que nuestras conversaciones iban tomado un cariz cada vez más íntimo.

Cuando ya era por la tarde, alrededor de las cinco y media y no había tanto sol, le propuse que nos fuéramos los dos a la playa. Una vez allí, nos tumbamos cada uno en nuestra toalla y empezamos a hablar, la conversación empezó a ser más y más intima hablando de los novios y novias que habíamos tenido.

Yo notaba como una gran erección se estaba formando bajo mi marcado bañador, por suerte, ya había oscurecido y podía disimularlo, ella me miraba mientras le contaba la historia con los ojos muy abiertos, como si lo estuviera viendo. Cuando terminé le dije que ahora ella me tenía que contar una de sus fantasías eróticas a cambio. Me contó una en la se imaginaba que mientras se masturbaba un hombre la veía y se masturbaba al mismo tiempo, me sorprendió que me la contara con tanto detalle, como se acariciaba, que sentía, que hacia el hombre, etc.

No había terminado de contármela, cuando escuchamos un murmullo de gente que venía por la playa con antorchas encendidas, cuando pasaron junto a nosotros, la luz de las antorchas nos inundó y yo me acordé tarde de mi erección, que ahora se notaba mucho más por la historia que ella me contaba, la miré a la cara y vi que sus ojos se había posado sobre mi inocultable erección, tenía una sonrisa en la cara y no apartaba la vista, así que como no podía ocultarla y ya era tarde para hacerlo, la dejé que le echara un buen vistazo.

Por mi parte no pude dejar de mirarle los pechos, y mas porque sus pezones se marcaban como si fueran piedras bajo su pequeño bikini caribeño.

sexo playa

Cuando la oscuridad volvió a ser completa, me dijo que empezaba a hacer frió, yo le sugerí que si quería podíamos ponernos los dos en una sola toalla y taparnos con la otra, su respuesta fue tan rápida que yo no había terminado de hablar. Así, que ella se acerco hasta mi toalla y nos tapamos con la suya, como mi toalla no era muy ancha estábamos pegados, y yo aproveche para pegarme a ella y hacerle sentir mi dureza contra su vientre. Desde ese momento no hablamos, estábamos tan juntos, que el simple hecho de hablar haría que nuestros labios se rozasen, estuvimos así unos minutos, entonces, ella me dio un beso que fue profundo pero tierno, suave pero intenso, yo empecé a deslizar mi mano por su espalda hasta llegar a la curva de su trasero, lo apreté y subí la mano por el vientre en dirección a su seno, cuando llegué a él, lo acaricie suavemente por debajo, como pesándolo, mientras que con el pulgar le acariciaba el pezón ahora duro y erguido, su respiración se aceleró al sentir mi caricia y su lengua penetró en mi boca buscando la mía, nuestras lenguas se cruzaron, retorcieron y empujaron en una especie de frenética y lujuriosa lucha.

Su mano me bajaba por el pecho, se posó sobre mi pene y lo apretó, yo solté un gemido al sentir su caricia y se lo agradecí con un pellizco en el pezón que la hizo estremecerse y echar la cabeza hacia atrás, como si no pudiera aguantar todo el placer dentro de ella mientras de su boca escapaba un gemido de placer, mi boca comenzó a deslizarse por su cuello, oprimiendo con mis labios en algunos puntos a forma de mordiscos, que le daban escalofríos y la hacían retorcerse de gusto, al fin mi boca llego a su pecho y le di un suave y largo mordisquito con los dientes, cerrando después la boca sobre el pezón y succionándolo al mismo tiempo que retiraba la cabeza para producir un poco de tirantez, ella se mordía un dedo para evitar hacer demasiado ruido mientras que con la otra mano me cogía la polla, que ya se había salido del bañador, , y movía lentamente la mano arriba y abajo causándome un placer tan grande que casi me dolía, mientras le besaba el pecho empecé a bajar la otra mano hacia la fuente de todos mis deseos cuando llegué, pude notar que las braguitas ya no podían contener sus fluidos, que había llegado ya hasta sus muslos.

Apoyé el dedo corazón en la parte más baja de su rajita y empecé a deslizarlo lentamente y suavemente hacia su cima, para después bajarlo presionando un poco más sobre la tela del bañador. Empecé a acariciarle la cima muy lentamente, pero haciendo cierta presión, moviendo el dedo en círculos sobre su coronita, entonces metí la mano dentro de su bañador e introduje un poco el dedo en su rajita por la parte de abajo, y empecé a subirlo lentamente al tiempo que la abría, al llegar arriba, apreté un poco mas el dedo y lo subí de golpe. Al sentirlo ella, me aparto la cabeza de su pecho, y me beso para ahogar el grito que le subía por la garganta y que no tenia forma de evitar; entonces le solté el sujetador, le quite las braguitas y la puse en pie y ella corrió hasta el agua yo me quite el bañador y corrí tras ella.

Nos volvimos a besar y me pidió que cerrara los ojos, yo al momento obedecí, esperando impaciente lo que hiciera, de pronto sentí que me acariciaba el pene y mi mayor sorpresa fue cuando note como sus labios se cerraban en tono a su tronco, empezó a lamerme dentro de su boca y a succionar como si de una pajita se tratase, yo tuve que meter la cabeza bajo agua para evitar que mis jadeos llegaran a la gente que estaba en la playa, al cabo de unos 20 segundos paró y saco la cabeza fuera del agua y me dijo que ya no podía aguantar mas, le dije que no importaba y me beso para que sintiera mi propio sabor en la boca, eso me excito aun mas si podía, y me daba la sensación de que mi pene iba a estallar en cualquier momento. Mientras duró el beso yo no pare de pellizcarle los pezones ni de acariciar su templo. Empecé poco a poco a introducir un dedo dentro de su vulva y me sorprendió no encontrar la menor resistencia, es mas, parecía querer engullirme entero. Me sumergí y empecé a pasar la lengua por su vientre en dirección a su hendidura, empecé a lamer, solo con la punta de la suavemente, casi como si fuera un roce no provocado, su clítoris, como si quisiera arrancarle el placer con cada roce, con cada paso, como si no existiera otra cosa en el mundo que hacerla disfrutar. Yo notaba como sus piernas se estremecían, se estiraban y relajaban casi al mismo tiempo, me sorprendió notar como sus jugos no se mezclaban con el agua, notando perfectamente su humedad diferenciada del tacto del agua salada, eran como dos líquidos no miscibles, que me embriagaban y hacían arder como nunca antes.

No se cuanto estuve bajo el agua, estaba como en un sueño y cuando de pronto desperté note que no me quedaba nada de aire, saque rápidamente la cabeza del agua; en cualquier otro momento me habría parado a recuperar el aliento, pero esta vez solo quería besarla y entregarle su sabor al igual que ella había hecho antes. Me dijo que no podía más y me cogió de la mano sacándome del agua, ya era de noche y no había nadie en la playa. Nos volvimos a tumbar en la toalla, entonces me dijo –Tranquilo, que voy preparada, mostrándome un preservativo que había sacado de su bolso. Yo le agradecí con todo el alma el que tuviera esa previsión, ya que estaba pensando que yo había olvidado mis condones en la mesita de noche. Me saco de mis pensamientos el roce de sus piernas abrazándome y me dijo que lo hiciera con cuidado; apoye mi pene en su vulva y empecé a frotarlo, entonces puse su cabeza en la entrada y empecé a entrar lentamente, de pronto note que su espalda se arqueaba hacia atrás y se tensaba de golpe, el orgasmo la alcanzo de repente, note su boca pegarse de golpe a la mía, y note como su garganta surgía un grito incontenible, rápidamente baje la mano y empecé a acariciarles mientras seguía empujando mi pene mas y mas dentro suya, apenas note resistencia, sus jugos eran tan abundante que su lubricación era total.

Cuando el éxtasis paso yo ya había penetrado totalmente en ella, pero permanecía inmóvil, entonces empecé a moverme poco a poco, ella cuando me sintió dentro, empezó a hacerlo también, nuestro besos callaban nuestros suspiros y nuestros movimientos hacían hervir el agua a nuestro alrededor, nos besamos, acariciamos, el ritmo se fue acelerando pero nuestros cuerpos no parecían tener bastante, éramos el centro del universo, nada y todo parecían existir, note como iba llegando mi final, nuestro jadeos eran cada vez mas rápidos, la oír decir que no parara, que iba a terminar, yo no había parado de acariciarla durante todo el rato, pero en ese momento acelere los movimientos de mi mano, le pellizcaba sus pezones y bebía de su boca, en el instante del orgasmo, ella se quedo inmóvil, se sacudió, pego su boca con la mía y chilló, esta vez ni mi boca pudo contener su explosión, que durante un instante se mantuvo en el aire y desapareció, sus manos volaban sobre mi espalda, abrazando, apretando y arañando. Yo llevaba un rato aguantando el final, pero el dolor era ya casi insoportable, entonces… estalle, me desborde, note como mi cuerpo en un instante se doblo hacia atrás, mi boca se abrió pero ella no salió ni el mas leve susurro, el pelo se me erizo y note como me derramaba, me zumbaban los oídos y me sentía un poco mareado, nos abrazamos y no nos movimos, pasaron los minutos, como si quisiéramos congelar ese instante y que nunca terminara, no recuerdo bien cuanto tiempo estuvimos así, 4, 5, 10 minutos, quizás mas.

fábulas eróticas

Fábulas, historias, cuentos, o relatos eróticos, como guste denominar. En este espacio una selección de cuentos eróticos.

Pero antes unos textos del miembro de la Real Academia Española (RAE) Francisco Rodríguez Adrados, que defendió la función histórica del cuento y la fábula eróticos como ‘descanso de la institución del matrimonio, necesaria pero que se sabe agobiante’.

erotismo en la mitologíaLa travesía del cuento y la fábula eróticos, de “Homero a Bocaccio”, ‘El cuento folclórico en la literatura y en la tradición oral’.

En las historias eróticas ‘se puede ver una aprobación de las actitudes adúlteras, manifestada mediante la risa, pero en el fondo las instituciones elementales no son cuestionadas’, así, ‘los hombres se ríen de sí mismos, pero cuando acaba el cuento el mundo real sigue estando dominando por los hombres’.

Si hacemos un repaso histórico por la literatura erótica, el primer cuento erótico en la historia de la literatura griega es la historia de los amores entre los dioses Ares y Afrodita en La Odisea, de Homero.

Sin embargo, las fábulas y los cuentos eróticos latinos e indoeuropeos beben también de la tradición india ‘que llega a occidente a través de Bizancio’.

La taxonomía del cuento clásico erótico se resume en aquellos que tratan del amor trágico, el amor cómico y el amor feliz.

Desde los autores cínicos griegos, ‘el cuento erótico trata de atacar la moral sexual y lo hace atacando la institución fundamental de la sociedad patriarcal: el matrimonio‘.

Rodríguez Adrados apuntó que la finalidad del matrimonio es la procreación dentro del modelo patriarcal y asegurar que los hijos son hijos del marido, por lo que ‘el eros chocaba con el matrimonio’. ‘Sólo a partir de la nueva comedia griega, en el siglo cuarto, el matrimonio es compatible con el amor’, aseguró.

Aquí os dejamos algunas historias eróticas, unas reales, otras… fantasía o realidad son vuestras:fantasias-sexuales

Isla Margarita

Tango para tres

El Placer de la Mística

Cumpleños Feliz

Arena Caliente

La Niñera

¿Cuál era su Nombre?

Mis Amigas y mi Juguete

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