Relato erótico: Cumpleaños Feliz

Relato erótico: Cumpleaños Feliz

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Habíamos celebrado mi cumpleaños cenando en casa, los dos solos, yo –Martín- y mi estupenda novia Natasha, a la luz de un par de velas. Habíamos disfrutado de una excelente cena. Ahora, recostados en el sofá, conversábamos.

¿Ponemos un vídeo? -propuso Natasha-. ¿El del pintor y las modelos?
-Bueno -sonreí-, de acuerdo.

Apenas habíamos visto cinco minutos de la historia, cuando llamaron a la puerta. Natasha se levantó de un salto y, ante mi sorpresa, corrió a abrir mientras exclamaba:

¡Aquí llega tu regalo Martín!
Volvió, acompañada de una pelirroja que a primera vista parecía estar muy buena.

Cariño, esta es Vanesa, me dijo. Una amiga, decía Natasha con una enorme sonrisa pícara.
Tras el breve intercambio de frases corteses, Natasha le pidió a su amiga que se sentase en el sofá a mi lado. Luego, le ofreció una copa de vino. Yo estaba realmente desconcertado, porque nunca me había hablado de Vanesa. Y, probablemente por culpa del alcohol, no acababa de entender muy bien lo de mi regalo. Quizá, por eso, dejé que tomaran la iniciativa.
Vanesa insistió en seguir con el vídeo:

-¿De qué va? ¿Es un trío o una orgía?
-Trío –respondí-, sentándose Natasha a mi derecha.

Quedé así en medio de las dos, tanto yo como Natasha nos sabíamos el vídeo de memoria. El pintor estaba a punto de ensartar con su pene de caballo el culo de la modelo morena. La otra, la rubia, con movimientos gimnásticos acabaría debajo de ambos, lamiendo el coño de su compañera. Vanesa parecía muy interesada en la escena. Yo la observaba. A pesar de la pobre luz de las velas, noté que se había pasado un poco en el maquillaje. Aunque extremadamente femenina, todo en ella era grande: la media los ojos verdes, la boca muy perfilada, las tetas que le palpitaban bajo la blusa negra y transparente, los muslos poderosos que escapaban de la minifalda…

¿Te gusta mi regalo? -me susurró (Natasha), metiéndome la punta de la lengua en la oreja.

Sin esperar respuesta me bajó la cremallera de los pantalones y me sacó la polla que comenzó a ponerse dura. Intenté volver la cabeza hacia Vanesa, pero Natasha me agarró con fuerza y se la llevó hacia su boca, al mismo tiempo yo ya le había levantado el top y comencé a lamerle sus pezones. Mientras la lamía, comenzó una mamada increíble. Lo hizo mucho más hábilmente que nunca. Me acarició suavemente el pene con la yema de los dedos, apretando con delicadeza la zona de la cabeza y, en el momento oportuno, apretaba el tronco de la polla, para soltarlo enseguida.

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De inmediato, oleadas de escalofríos eléctricos se reflejaron en mi verga y fueron chisporroteando por todo el cuerpo de mi Natasha. Se me había puesto dura y la tensión la hacía muy sensible. Sabía que iba a correrme sin remedio. Así que me detuve…

Vanesa se había quitado la blusa y la minifalda. Sólo llevaba ahora un tanga negro.
Para mi sorpresa, Natasha animó a Vanesa a mamármela. Comenzó pasándome la lengua por debajo del reborde del pene. Lo soltaba, chupeteándolo, y volvía a tragárselo golosamente, mientras Natasha nos miraba.

-¡Para, para! -le grité -. ¡Qué no quiero correrme todavía…!

La soltó y, aunque no llegué al orgasmo, no pude impedir que asomasen unas gotitas de semen que lamió completamente. Enseguida, Natasha y yo nos quedamos desnudos. Se tendió sobre la alfombra. Abrió las piernas, liberando su raja caliente y me propuso un 69. Gateando sobre su cuerpo le introduje la lengua profundamente en su raja húmeda y dilatada. Mientras ella me cogía la polla y la chupaba como si disfrutara de un helado. Yo profundizaba con mi lengua en los movimiento que tanto le gustan. La sacaba, con largos lametones, mientras ella me sorbía el pene una y otra vez.
Nuestros jadeos, nuestros gritos lujuriosos, nuestros lamentos de placer, se sobreponían a los del vídeo. En aquel momento, ya habíamos perdido la noción de casi todo. Note unas ganas locas de correrme en su boca , quise aguantar un poco más. De todas maneras, sabía que de un instante a otro no iba a poder controlarme y acabaría soltándolo todo sin remedio.

Supongo que ya estaba casi en ese punto sin retorno, cuando me decidí a agradecerle su regalo, mi dedo se deslizaba lentamente dentro de su culo, le había masajeado muy bien el ano, con saliva, lo había lubrificado abundantemente, más hábil que nunca, había conseguido que su ano se relajara. De inmediato me acarició los testículos y luego, ella hizo lo mismo conmigo. Esa maniobra le desconcentró un poco por la vista de Vanesa ante nosotros pero le gustaba. Retuvo la respiración y pronto pidió a Vanesa un gran favor.

-Acércate y juega con nosotros.
Vanesa sin pensarlo dos veces se acercó hacia nuestros sexos, no sabía por donde comenzar…. Esta escena me enloqueció, y pronto le propuse que se pusiese en mi lugar.

Vanesa se había agarrado bien de las nalgas de mi novia, mientras yo bombeaba furiosamente mi polla dentro de su culo, y no la dejaba parar. Ambas ponían sus lenguas muy adentro de sus sexos, cada vez estaban más húmedas. Por otra parte, yo metí ahora toda mi polla en su culo, no podía más, de tal manera que hizo venir de golpe toda la leche que retenía en mis adentros, el preservativo me pareció que iba a estallar.

¡Dios, qué corrida! me temblaba todo, me estremecía, todo mi cuerpo era puro placer. En una de esas sacudidas me sentí más liberado.
Finalmente, tanto Natasha como Vanesa hundían su cara en sus coños mojados chupándose el clítoris, el cual contraían salvajemente. Noté toda la lujuria de sus lenguas, cada vez que las veía estremecerse…
Lo curioso es que yo comenzaba a sentir una extraña sensación por todos lados, muy placentera, que prolongaba el placer de mi orgasmo. Mi polla se mantenía bastante dura. Al menos lo suficiente para que siguiera mamándola. Vanesa se corrió enseguida, gruñendo y chillando histéricamente durante un buen rato. Casi al mismo tiempo, yo inserte de nuevo mi pene en su boca. Convulsionándome como un endemoniado, me aprisionó mi polla con su boca. Luego, sobreexcitada le estuve metiendo los dedos en la raja llena de saliva, como si quisiera taparla para que no se escapara ni una gota de aquella gozada.
Pasado este fogoso encuentro los tres quedamos rendidos en la alfombra.
Natasha se volvió hacia mí, cuando ya comenzaba a relajarse.

-Qué pasada, amor. Si te hubieses visto… -me dijo, mientras le quitaba restos de semen que se secaban sobre su piel-. Vaya manera de correrte…
Su cuerpo era también un manojo de sensaciones placenteras. Por eso, no sabía si escalofriarme o echarme a reír.
Vanesa nos observaba, sentada y recostada contra la alfombra, con las tetas impecables y su sexo, muy mojado. Nos miraba con cierto temor, con cierta inseguridad.
Tanto a mi como a Natasha nos entró un ataque de risa que aún nos dura cuando recordamos ese cumpleaños…

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