Sexualidad y pareja

Manos que hablan

Un masaje sensual con el que sorprender y agradar a la pareja comienza con una buena preparación de la sesión y el entorno. Aceites adecuados, luz bajo control, música para la ocasión y elegir el momento idóneo. A ello hay que añadir esmero e imaginación.

“Cuando las manos hablan sobre el cuerpo, el resultado puede ser inolvidable”.

La preparación de una sesión de masaje sensual y relajante puede constituir por sí misma toda una experiencia para los sentidos. El cuidado y el esmero juegan un papel fundamental en el resultado obtenido; por eso hay que ser imaginativo en relación al ambiente que desea crear.

Hay que elegir el momento más adecuado para ambos y convertir el emplazamiento elegido en un espacio sensual. Luz, temperatura y música son fundamentales, aunque tampoco conviene olvidar otros complementos como los aceites, esenciales en esta práctica.

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Aceites y relax

Existen varios tipos de óleos. Por eso habrá que dar con el que a cada cual más le agrade por su olor, tacto, etc. Si lo que se desea es conseguir una excitación sensual viva y eficaz, pruebe los aceites conocidos por sus propiedades afrodisiacas. El sándalo, por ejemplo, es una esencia oriental, leñosa y de efecto sedante; el pachuli, un aroma más estimulante, dulzón y misterioso; o el ylang ylang, con su eufórico perfume, dulce y floral.

Antes de dar un masaje a la pareja, la persona que lo va a realizar debe estar muy distendida. No se puede masajear a la pareja si se encuentra cansado porque el contacto íntimo en una pareja resulta tan estrecho que incluso los sentimientos más profundos llegan a transmitirse. Lo ideal es que antes de empezar ambos se relajen juntos, respiren profundamente para abrir la mente y el cuerpo.

Es importante que la persona que realiza el masaje despeje su mente y se concentre en lo que hace. Respirar pausadamente, dejando que los músculos se relajen, hará que aumente su equilibrio interior. Antes de ponerse manos a la obra, puede pedir a su pareja que le masajee los hombros con suavidad. Así, ya habrá recibido algo antes de empezar a dar.

¿Simbiosis?

Masajear es sinónimo de tocar y el tacto conlleva la comunicación. El modo en el que se da un masaje a la pareja le transmite los propios sentimientos del que está dando dicho masaje. Es como si se pusiera en marcha un canal de comunicación donde el que da el masaje habla con sus manos y el que recibe responde con su cuerpo.

Sin embargo, independientemente del cariño y la ternura que se pueda sentir por la pareja, el masaje supone un aprendizaje del modo de tocar que debe dominarse para que su práctica sea la adecuada. Los tres tipos básicos de manipulación son el roce, el amasamiento y la fricción.

TIPOS DE MOVIMIENTOS

El roce suave se utiliza en la aplicación del aceite y sirve para ayudar a conocer el cuerpo de la pareja. Hay que colocar las manos planas con los dedos relajados sobre la espalda de la pareja y deslizarlas hacia abajo con suavidad, tratando de localizar posibles nudos de tensión. Generalmente la presión debe aumentarse a medida que las manos se acercan a la zona del corazón. Esto tiene un efecto relajante, que se deja sentir en los nervios situados en las regiones subcutáneas.

El amasamientoLos movimientos que se realizan son enérgicos e imitan los que se utilizan al amasar el pan, por ejemplo. Están especialmente indicados para liberar la tensión acumulada. Este tipo de manipulación está indicada para zonas más musculosas. Para darlo bien hay que apretar la piel entre los dedos y hundir el pulgar en la carne, lejos de usted. Con los dedos, empuje la carne de nuevo hacia usted. Mueva alternativamente las manos, apretando, empujando y levantando la carne.

Friccción. Este proceso consiste en presionar áreas específicas, más bien pequeñas, lo que proporciona una sensación de descanso muy agradable. Es importante que con la yema del pulgar empuje hacia abajo y realice pequeños movimientos de rotación para una mayor penetración. La fricción tiene un efecto analgésico y estimula la circulación sanguínea.

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Practicar buen sexo es uno de los mayores placeres de la vida. Nos enriquece en todos los sentidos y nos recuerda lo que apreciamos en nosotros mismos y en nuestras parejas.

Pero satisfacer el sexo no es automático, aunque puede hacerse sin esfuerzo. Y, contrariamente a muchos pensamientos populares, no es una cuestión mecánica.

El buen sexo comienza con una gran actitud, insisten los psicólogos Michael S. Broder y Arlene Golman, coautores de “Secrets of Sexual Ecstasy”. Tu y tu pareja necesitan fomentar un ambiente propicio para el éxtasis – y luego dejar que suceda.

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“Al darse permiso para experimentar sensaciones placenteras en el momento, conectándote a tu pareja y aprendiendo a expresar abiertamente tus deseos, posturas y placeres soñados,  diciendo  lo que quieres, estarás en tu camino hacia la sexualidad del éxtasis, una nueva cara de tu relación“.

Vivimos en una cultura que chisporrotea con el sexo – en la televisión, en nuestros ordenadores, en bastidores de revistas. Pero el efecto final de toda la información sexual que bombardea nuestro cerebro puede ser confuso. Puede llenarnos de falsas expectativas, inspirar vergüenza y culpa, y bloquear el flujo natural de pensamientos y sentimientos que nuestras mentes requieren para despertar.

Goldman y Broder explican lo que puedes hacer para comenzar tu viaje hacia el éxtasis sexual. Si tu pareja es receptiva, haz que complete los ejercicios solo o con usted. Aquí hay algunos consejos:
  • Identifica los mitos sexuales que están obstruyendo tu placer sexual, entre los más comunes: que no puedes tener buen sexo hasta que tengas un cuerpo perfecto, que tienes que tener un orgasmo cada vez que haces el amor…, el buen sexo debe ser siempre espontáneo.

¿Cuáles son algunas de las fuentes probables de estos mitos?

¿Cómo puedes eliminar estos mitos y obstáculos de tu vida sexual?

Reflexiona sobre cómo tu educación puede estar relacionada con ciertas actitudes y creencias que puedas tener sobre el sexo.

Hazte una pregunta sencilla: ¿Estas creencias y actitudes me apoyan o no? Si la respuesta es no, entonces su tarea es dejar ir aquellas que no lo hacen.

En privado, anota tu propia definición personal de éxtasis sexual.

Pídele a tu pareja que haga lo mismo, en privado.Comparte lo que has escrito.Si sus opiniones sobre el éxtasis sexual difieren, comienza el reto de buscar formas en las cuales conciliar diferencias.

Identifica al menos otra fuente o tipo de información que podría ayudarte a resolver las preguntas que tienes sobre el sexo y su potencial sexual.

Es posible, que también exista alguna cuestión no relacionada con el sexo en tu relación que podría estar obstaculizando el placer sexual, identifícala también.

 

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Aceptando la posibilidad de que luego de un inmejorable encuentro sexual los dos hayan quedado satisfechos y hasta adoloridos o con molestias por la intensidad con que lo vivieron, los momentos siguientes pueden ser particularmente satisfactorios si la pareja los disfruta en contacto físico, en relajación y en descanso.

Con frecuencia se escuchan las quejas, usualmente femeninas, de la indiferencia con que se tratan apenas unos pocos minutos después de que mostraban todo lo contrario: La atención, el detalle, el erotismo, la química, la atracción, el deseo y la excitación se desvanecen para dar paso a una indiferencia total, incluso hasta el rechazo, una vez que el hombre ha alcanzado su orgasmo y su eyaculación (especialmente esta última).

Tal rechazo no se manifiesta solamente con dar la espalda y a dormir, sino que puede darse en la premura con que deben alistarse para despedirse y cada uno a su vida particular o en otras formas en las que se hace manifiesta la ausencia de deseo, de química, de atracción y hasta de sentimientos.

Ignorar el inigualable después, puede llevar a la sensación de ser utilizados sexualmente, e incluso a la sensación de estar en prostitución: a lo que vinimos vamos y cuando termine, chao.

Por el contrario, si después del encuentro sexual los dos se dan la oportunidad de mantenerse en contacto físico, desgonzados, relajados, en plan de recuperación y descanso –no necesariamente con manifestaciones sexuales pero sí con manifestaciones de afecto y vínculo- entonces se le está agregando un placer adicional a la relación sexual y consolidándola como ese medio sublime de comunicación entre dos personas que se quieren y que forman un equipo para la vida y no solamente para el sexo.

El intercambio coital es un placer egoísta e individual en el que cada uno pretende su placer pero además quiere disfrutar del placer que el otro experimente y por ello colabora para que lo logre.

El “después” es un placer de pareja, de compleción, de equipo, de permanencia, de contar con el otro, de confiar en el otro, de apoyarse en el otro, de descansar en el otro.

Los encuentros sexuales furtivos o circunstanciales casi nunca ofrecen el inigualable después. Los buenos amantes, las parejas estables, los que se quieren no se pierden de esta oportunidad.

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Pole dancing: Baile erótico.

Uno de los juegos eróticos que ha ido adquiriendo posicionamiento en las aventuras privadas de pareja es el llamado “pole dancing” o “baile en la barra”.

Originario de los strip clubs en los que las bailarinas que los ambientan bailan al ritmo de cierta música con movimientos y posiciones muy insinuantes mientras se van desprendiendo de las pocas prendas que las cubren; este juego erótico se incluyó en algunas películas y cortos XXX que comenzaron a involucrar pole dancing en los preludios de las escenas más fuertes hasta que, posteriormente, se trasladó a los moteles en los que se disponía de la barra para que aquel o aquella amante con cierta osadía se excitara y excitara a su pareja con baile, movimientos y posturas eróticas ahora sí en privado.

Dado que, finalmente, es un juego ingenuo y estético pero que puede ser especialmente excitante tanto para quien baila como para quien observa esta novedad se fue metiendo en la vida de las parejas hasta el punto de adquirir para su propia habitación en sus hogares una barra para el pole dancing.

Económicas, fáciles de adquirir en cualquier sexshop y de instalar y retirar aún sin herramientas; las barras para el baile erótico hacen parte hoy de muchos hogares; hasta el punto de que se ofrecen cursos abiertos para aprender a bailar en la barra y no necesariamente para personas en prostitución, de mala reputación o de mala calificación en conducta.

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Este juego erótico consiste básicamente de tres elementos: El baile o movimientos, las posiciones y el striptease o descubrimiento paulatino de la desnudez.

El baile, con movimientos sensuales que impacten la vista mientras la música que acompaña impacta el oído; es un factor muy importante de este juego erótico. Se acompaña usualmente de movimientos que insinúan aquellos propios de una relación sexual; y con contactos con la misma barra y también de caricias con las manos que recorren las zonas erógenas y que invitan al observador a repetirlos y, en muchas ocasiones, enseñándole lo que debe hacer o cómo debe hacerlo.

A medida que se avanza en el baile, se avanza también en la desnudez que va dejando al descubierto cada vez más piel y más zonas erógenas cautivando al observador y excitándolo mientras que también se excita quien baila.

Simultáneamente, el pole dancer en sus movimientos al bailar o mientras se desprende de cada prenda puede asumir posiciones particularmente osadas haciendo evidentes ciertas zonas de su cuerpo usualmente escondidas o disimuladas que sorprendan al observador y lo tienten a interrumpir el solo ver para ir directamente a tocar.

La sensación de hacer el ridículo y el temor a ser criticados pueden ser un pequeñísimo costo comparado con el beneficio de su propia excitación y de la excitación y aceptación de una pareja comprensiva, complaciente y participativa.

Estos pequeños riesgos le dan cierto sabor a nuestra vida sexual. Atrévase.

La obsesión del pene enorme continúa haciendo de la suyas. Un problema que no es tal, pero que contribuye al sufrimiento

Si de problemas sexuales se trata, éste puede ganarse las palmas del interés más general. Definido, caracterizado, rodeado de piadosas falacias, propicia la confusión y atrae al retozón animalejo de la angustia.

Un 80% de la consulta sexológica corriente, un 85% de las cartas que reciben las revistas especializadas y un 90% de las interrogantes de los varones medianamente informados, caen en estos ámbitos en que un centímetro más es capital y trascendente.

longitud-penePatética cuestión, delicado asunto, que, de cualquier modo, exige aclaraciones y meditaciones.

Tal vez la pregunta inicial sea “por qué?”, sobre todo al amparo de la fatalidad biológica que no ofrece otras salidas que la resignación. ¡Pero cuántos dramas están agazapados o a la vista en este fútil asunto!

La mitología popular, además, no se cansa de repetir las excelencias de los grandes tamaños. En las paredes de los baños, al igual que en las cavernas de los primitivos, la preocupación está a la vista, sin adornos, sin escamoteos. Abundan las frases pícaras, los gestos insultantes o regocijados de los que muestran, frente a frente, las palmas de las manos, la rezagante condición de un buen tamaño. E incluso algunos buenos chistes frankestenianos sobre trasplantes exitosos. Hasta en la turbia opción del desviado sexual, cabe su ejemplo vivo que aterra a damiselas pudibundas; en los parques y plazas, en un gesto que la práctica ha hecho rápido y ceremonial, el exhibicionista lucirá su primoroso símbolo. Para que recordar las competencias de los adolescentes o las leyendas pornográficas de varones abundantes o los primeros planos de las revistas triple X y del Internet demostrativos de una fauna especial de buscadores de talento con largas cintas de medir.

Mejor será, aunque las verdades científicas resultan insuficientes, retomar el problema, procurarse respuestas, dar un poco de luz a los que sufren.

Sin embargo, ¿dónde habrá de ubicarse entre tantas cuestiones, ésta tan esquiva y azarosa?

Posiblemente en el ámbito de las más remotas y, acaso, inexplicables obsesiones humanas; aunque eso aclararía muy poco. En un campo todavía misterioso, el hombre primitivo desglosa lo genital y, en seguida, lo glorifica: al falo le otorga la calidad de síntesis de su superioridad sobre las fuerzas de la naturaleza, a la vagina la de totalidad del mundo que empieza a conocer. Simbolismo obvio si se piensa en la genitalidad como algo mágico, como principio de fertilidad y sobre-vivencia y que, curiosamente, pareciera no privativo de lo humano.

Existe una especie de monos en que el simbolismo fálico se expresa con notable vigor; terminada una riña entre dos machos, el vencedor pasa su pene erecto sobre la cara del vencido. Para la especie humana, el recuerdo biológico se convierte en obsesión.

Esta, en el varón, se manifestará desde sus primeros símbolos y utensilios: la vara del patriarca, los ritos de iniciación, el cetro del rey, las estatuas de Príapo mostrando una erección; los fáscinum, penes metálicos, colgando del cuello de las matronas romanas; los menhires, la torre de Pisa, los obeliscos, los grandes edificios que nos trajo el progreso.

Tal habría sido el principio.

El Embrujo de la Contundencia

A despecho de las feministas que, a menudo, prefieren ignorar los senderos de la biología, un día muy temprano de la infancia varones y mujeres descubren sus diferencias. Nada de elaboraciones intelectuales o culturales, pura y simple observación directa que conduce a otro punto de partida, y, por qué no, a otra obsesión.

El padre del sicoanálisis, Freud, resumirá el desconcierto inicial con las nociones de envidia del pene y complejo de castración: la mujer anhela aquello que no tiene y el varón sufre la ansiedad de perderlo. La condición de ambos queda, en cualquier caso, marcada en ese instante traumático. El “vive la difference” de los franceses, se constituirá en el arma para conjugar esos miedos irresueltos, esos sombríos sentimientos de envidia o temerosa espera, grito sin más finalidad que identificarse en su condición, reconocerse en sus genitales, ser en suma.

También aquí la obsesión de alejarse de todo lo que pueda confundir con el sexo opuesto, por apartarse de eso que se comparte, de la bisexualidad fundamental. La envidia evoluciona hacia necesidad de diferencia, el temor a una constante reafirmación.pene-grande

“El hombre es como su pene -ha dicho Stekel-. El pene es una imagen del hombre entero.” Mejor parece, empero, decir que el ser humano es como su genitalidad. Realmente su potencialidad de ser está en la cabal comprensión de ese primer atisbo diferenciador que explica además la razón del mito.

Quién haya visto las esculturas eróticas en los templos hindúes, observará que allí, junto con plasmarse toda una concepción del mundo, lo masculino y lo femenino son destacados desde la genitalidad. Los grandes tamaños son el centro mágico de donde fluye la posibilidad del orden universal, la unidad de los contrarios.

Podría, ciertamente, argüirse que un planteamiento semejante limita la vida humana, pues la mira sólo desde lo primario, desde la genitalidad, negando sus conquistas éticas y culturales. Pero esta argumentación es verdadera a medias: la invención del amor ha conseguido canalizar el instinto, sofrenarlo, injertarle en sus manifestaciones convenciones y normas, haciendo de él muchas veces algo sucio o abominable. Mas, en el momento en que los individuos se sacuden ese conjunto de agregados, cuando realmente pierden toda significación, la genitalidad recupera primacía, pene y vagina pasan a ser los únicos factores decisivos. Es embrujo de la contundencia que se ha de reflejar en la apremiante urgencia de la penetración y en la ávida respuesta de lo penetrado. “Sólo en el orgasmo es posible atisbar el infinito”, se ha dicho. Por lo mismo, aquí estará esa aparentemente inútil necesidad de sectorizar, de desglosar, de mantener en alto la bandera de lo que se es, tenazmente.

Las Preferencias Más Particulares
Hubo tiempo en que los investigadores de la sexualidad procuraron la resolución de las angustias a través de la búsqueda de una respuesta general de preferencias y, por cierto, fracasaron en su intento. Sólo encontraron seres confundidos o ya definidos en una alternativa entre genitalidad y afecto.

Hay muchos modos de concebir papeles y objetivos. Si para unos lo sexual no es más que piel y orgasmo, para otros es comunicación, sentimiento y armonía. Están los que quieren la opulencia de la carne, la majestuosidad de los grandes tamaños, y los que se quedan en las tenues sutilezas del espíritu.

Si para unos lo sexual no es más que piel y orgasmo, para otros es comunicación, sentimiento y armonía.

En términos puros, es posible que el varón sienta la necesidad de tener como rasgo distintivo algo más que un proyecto y la mujer prefiera lo grande a lo pequeño, no en vano ambos resultan de la misma experiencia biológica. Pero la realidad, por dura que sea, termina imponiéndose y generando, a la vez, fórmulas de adaptación. La técnica suple las carencias y el amor rellena las ansias ancestrales. Si esto no ocurre, sobreviene la catástrofe.

Pensemos nada más en un ejemplo: el de los homosexuales. La relación homosexual es preferentemente genital y, por lo mismo, da extremada importancia a esta cuestión de los tamaños.

“Al querer un hombre -dice Webster Cory- se siente seguro de haberlo hallado si los símbolos de la hombría son pronunciados, si incluso son exagerados.”

Y agrega no sin cierto cinismo: “Porque si el pene es tan bueno, entonces, cuanto más haya de él, mejor todavía.”.

Lamentable es que no hay tanto de él, y ha de suponerse que en esa persecución dificultosa quien pierde es el obseso. Sobre el punto, las estadísticas de la anatomía no son muy favorables para lo desmesurado, sino más bien para lo mediano, y muchas de estas relaciones, en consecuencia, irán de la mano con la frustración.

Los ejemplos pueden multiplicarse con idéntico corolario. De ahí que una posición racional debe intentar explicarse los mitos, sin que esa explicación conduzca al desconsuelo. Lo objetivo habrá de ser el encuentro con la diversidad humana, única medida de ganar convicciones.

¿Y cómo empezar?

Quizás desde algunos mitos que se agregan al mito obscureciéndolo.

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Desmitificando el Mito

De molestarse alguien en revisar la telaraña en que se montan las distorsiones acerca de los tamaños, se sorprendería de su cantidad e insensatez. Entre la verdad y la mentira está la perplejidad del bobo que no atina a otra cosa que mirar bastante los escaparates. Ya se ha hecho clásica la consulta del que angustiado o fatuo preguntaba: “Creo que mi pene es demasiado pequeño pues mide tan sólo 17 cm. en estado de flacidez. ¿Hay algún método para aumentar su tamaño?”. O la inquietud de: “tengo 28 cm. y mi novia se queja.”

Problema no exclusivo de varones, sin embargo, ya que si en éstos la pequeñez aborta sus tranquilidades, en la mujer éste se teje desde la no menos obsesión interrogante que nace del tamaño de sus pechos o de sus canales reservados. También en este punto los dedicados a la sexología han pretendido promediar medidas y, por cierto, también han fracasado. “Hay más diversidad en las medidas y estructuras del pene que en la cara del hombre”, recuerda Williamson, y agrega: “Las diferencias de mujer a mujer se aprecian más fácilmente en los senos, pero son también extensivas al canal vaginal, sólo que no son visibles”.

Qué mejor comprobación que la distancia entre máximos y mínimos. Desde las máquinas “terroríficas” citadas por Jacubus y Dickinson de 30 y 35.6 centímetros hasta las insignificantes de menos de 5. En medio, toda una desconcertante y rica variedad que va de los 10 a los 20 y que no permite más que un principio de acuerdo respecto al promedio real (entre 13 y 16 centímetros en erección), Y en la mujer igual dificultad tratándose de diámetros y profundidades.

No obstante, el asunto carece de importancia, según se ha visto. Las buenas técnicas borran las diferencias y asignan al placer posibilidades por encima de estas minucias. Para los acomplejados, la comprobación de aquellos grandes falos -“macrofalos” los llaman- causan más perturbaciones que alegrías.

De las angustias sexuales del siglo 19, la de la superioridad fálica del negro se traslada a nuestro tiempo con la insidia de una bomba de tiempo, siempre caliente, luciendo un poco los parches del pretexto de cientifismo racista con que el sistema pretende asegurar la ciega sumisión de sus Tíos Toms fatigados.

El trasvasamiento del mito a los minidramas de miedo de las doncellas de Boston y Johannesburgo y sus progenitores grises no resulta difícil. He aquí la bestia fornicadora, incontrolable, primitiva que, al ruido de tam tams y selva, se apresta a dominar el mundo.

Desde Burton, el explorador de los años de 1800 y tanto, resuenan para los investigadores sus palabra estupefactas: “En Somalia medí el pene de un hombre que cuando flácido alcanzaba seis pulgadas (apx. l5 cms-). Esta es una característica de la raza negra…”.

Palabras, sin embargo, Hasta hoy los argumentos blancos han perdido incluso la sinceridad del asombro.

James Bladwin, el novelista negro, citado por Ellis, desarticula con violencia el mito:

“Los blancos, que durante tanto tiempo han hecho lo que han querido con la mujer negra, han inventado toda esta historia, porque como temen el desquite, no quieren que yo entre en la cama de la mujer blanca… Pero si tú vas por ahí diciéndoles a tus mujeres que se mantengan alejadas de mí porque soy sexualmente más potente… tarde o temprano tendrá que suceder lo que ha sucedido en el Sur: algunas blancas que están histéricas porque la han descuidado o porque las acosa un fuerte deseo, gritan al verme: ‘Viólame’. Toda su insatisfacción se proyecta sobre mí, pues el blanco las ha asegurado que yo soy mejor que él en la cama… Si sabes cómo hacer el amor, o si estás enamorado de alguien, el tamaño de tu miembro no importa. Lo que aquí ha sucedido es que el blanco norteamericano se ha visto atrapado en una especie de competencia adolescente fantásticamente extraña: te apuesto a que yo lo tengo más grande que tú.”

Que sea dura y que dure

No son sólo los mitos, empero. ¿Cómo poder encontrar las palabras convincentes que exorcicen las preocupaciones? Se ha dicho, y ya no suena sincero por desgaste, que es ésta una cuestión intrascendente y sobran las anécdotas. Las hay tan tiernas como las que refiere Williamson, respecto a uno que perdió gran parte de su falo en accidente y su muñón obró el milagro de la felicidad conyugal, con muchos hijos inclusive, y que tienen su contrapartida en las historias dolorosas de macrofalos abriéndose paso a costa de lesiones y dolores en la cavidad vaginal. Extremos ambos que, aunque posiblemente ciertos, hacen al obsesivo la impresión de la palmadita médico-paternal, de un “es cáncer pero tiene remedio”.

Es que, entre el jolgorio de los que se resignan, aprenden y combinan las técnicas, lectores de manuales remozados y aun de los que con risas de payasos acuñan esa noción del “pequeño y travieso”, están los del apremio permanente, candidatos al fraude, a las pomadas rejuvenecedoras, a las inyecciones de hormonas o de silicones, al corte ligamentos o al uso de prótesis o aparatos cuyo único mérito será destruir la tan temida diferencia. Será el agosto para los charlatanes y los inventores de penes de hule, eléctricos, manuales o nucleares; de maquiavélicos tubos o brasieres engañosos; salvavidas de estafa que muy pronto descubren su calidad de malos mensajeros de esperanzas.

¿Cómo decirles, en realidad, a los angustiados que no es lo mismo aceptar lo que se tiene en la genitalidad que resignarse en otros campos, por ejemplo, la pobreza? Aquí si caben rebeldías, puños en alto, la voz potente de los débiles; allá no hay otra cosa que extrañas, definitivas, y sólidas mezcolanzas de genes que se entrecruzan y van definiendo cada rasgo con una precisión irremediable y sabia. Que no hay remedio ahí porque lo cierto es que tampoco hay enfermedad, sino precisamente humanidad, diversa, abundante en lo uno, escasa en lo otro, rica en variación.

Y el problema, además, no es sufrir sino gozar de la genitalidad, aprendiéndola incluso desde las aparentes desventajas, viviéndola en el máximo de su maravilla, aún sin tener ese máximo.

Avivar ese eslogan de la prostituta que menciona Denegri, historia inmejorable:

“Como decía una vieja prostituta, mujer culta y hasta medio filósofa (que pocas hay así ahora): ‘Hijo mío, recuerda que lo importante no es que el pene sea grande o pequeño, sino que esté duro y que dure’.”

Que esté duro y que dure.

¿Para qué más?

 

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Es una cosa asombrosa la distracción que les puede causar un buen par de senos a los hombres.

Pierden hasta la noción del tiempo, se detiene.

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Basta con mirarlos un rato para darse cuenta que esas miradas a los senos de las mujeres que tienen enfrente o pasan por delante son instintivas, puede parecernos incluso vulgar, pero la verdad es que así es como las hembras atraían a los machos desde hace millones de años.

Pero se han vuelto especialistas en el busto de las mujeres; saben las tallas y para algunos es motivo casi de exclusión si una no tiene la que a ellos les atrae, también saben perfectamente cuando están operadas o cuando traen un bra con relleno.

Para algunos, el movimiento de los senos al caminar o correr es poesía pura, quedan atónitos

no sé qué les mueve exactamente observarlas, acariciarlas o tocarlas, pero no dejo de sorprenderme por este gusto que nunca termina.

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Cambiar seguridad por pasión?

Es muy reconfortante y cómodo llegar al hogar y sentirnos a salvo, reconocer nuestro lugar y ser parte de todo, incluso llegar a nuestro dormitorio  y sentir el aire familiar y saber que podemos amar y ser amados sin ninguna presión o preocupación, pero… ¿que tal sería cambiar la seguridad en aras de la pasión?

Sí, algunos terapeutas aconsejan a las parejas de repente dejar el nido conyugal por algo más atrevido, por ejemplo; pasar una noche en un hotel romántico, en casa de unos amigos o simplemente en otra parte de la casa, el asunto es romper la rutina.

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Si rompemos el tradicional bienestar y comodidad del día a día por algo que no conocemos, puede que nos enseñe más sobre nuestra pareja, incluso pueden activarse además de la sensación de algo desconocido, que siempre lleva a la pasión, otros mecanismos que los unirán más.

Es un poco la mentalidad de los niños cuando van de campamento o de pijamada a casa ajena, es excitante y divertido, así es como debemos ver el sexo con la persona que amamos.

¿No os parece que tener sexo en otros lugares fuera de casa es una tentación?

…les recomiendo que se atrevan a hacer sexo en otros lugares, siempre y cuando se sientan ambos agusto. Salgan de la rutina, la rutina no siempre es buena y en algunas ocasiones acaba con la pasión …. Así que, a echarle ganas, morbo e imaginación!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!

Y de vez en cuando: Permítanse una noche loca

Dejar la rutina de lado, las cuentas, los asuntos por arreglar y los malos humores, ¿qué tal les caería una salidita en la noche como las primeras veces?

Con el paso del tiempo, la mayoría vamos olvidando eso de seducir, de charlar en pareja, nos olvidamos de sonreír y de divertirnos juntos sin importar nada más.

Es hora de darse la oportunidad de restablecer ese lazo, de volver a vibrar con su charla, con su sonrisa, con su humor, pero sobre todo tómense todo a la ligera y no mezclen esa noche nada de sus problemas conyugales, mejor piensen que esa noche es única, y practiquen el sexo como locos.

A veces un poco de vino, con precaución ayuda, pero sobre todo nuestro ánimo de querer pasarlo  bien, un buen ambiente, música y el ser amado al lado, deben ser una combinación perfecta para pasarlo rico y reencontrar el encanto que los unió por primera vez. Llegados a este punto…lo que a continuación puede pasar, el cómo y dónde, es cosa vuestra y de vuestra imaginación, así pues darle rienda suelta y… “salgan de la cama”.

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Jueguen a comerse

Puede sonar a cliché, pero es muy cierto que el olor y el sabor de la piel del ser amado es algo que enciende todos nuestros sentidos, pero nuestras actividades cotidianas nos dejan poco espacio para pensar y hacer algo al respecto.

Proponte un día a la semana, así como vas de compras, a clases o cualquier aspecto de tu rutina, hacer un alto, un espacio de relax para intentar ponerte estas nuevas sustancias que venden en las tiendas de sexo (sexshop); desde talcos comestibles hasta condones de sabores, pasando por sabores de frutas y chocolate

No te conformes con la rutina, intenta algo nuevo.

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Incluso puedes hacer divertido la búsqueda de estos “condimentos”, en esta actividad podéis redescubrir muchas cosas como pareja que os ayudarán a mantener saludable vuestra relación. Algunas personas dirán que no les hace falta pero lo pueden ver tan sólo como un juego.

Además, es muy importante apuntar que jugando reaprenderemos a querernos, a respetarnos, y a desear el cuerpo de nuestra pareja, es sólo despertar el sentido, pues el amor y el cariño están ahí.

Pero, no creas lo que aquí se dice, practícalo y luego nos cuentas 😉

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¿Cuál es la mejor música para intimar?

Cada persona es única, por lo tanto en el terreno de las parejas cada una es un mundo.

Unas son más tímidas que otras a la hora de tener intimidad o incluso aún no llegan a cierto grado de confianza como para hacer por ejemplo un stripteese seductor dándole un giro divertido que quite solemnidad al sexo. Y sobre todo cuando es la primera vez que se va a tener sexo con esa persona que se desea tanto, pero todavía uno no se atreve a preguntar qué le gusta al otro, o a pedir aquellas cosas que gustan.

Están inquietos por hacer del sexo algo más juguetón y quitar algo de presión en los primeros encuentros, que todos sabemos, hay pasión, pero apenas nos estamos acoplando a un nuevo cuerpo, ritmo, sonidos, olores, sabores y muchos más.

Pero hay ciertas cosas que sin tener tanta confianza o sin acelerar el proceso podemos hacer para conseguir que todo sea más ligero y además, tal vez, hacer sentir cómodo al otro.

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Una de ellas que no falla es poner una música suave y seductora, si es la que les guste a ambos mucho mejor, el ambiente se relajará con ella. Añade un par de velas aromáticas, también un buen vino o el trago o copa que les guste, y ¡Por favor… apaguen el televisor! ese es un distractor terrible para los amantes.

Podemos recomendarte algunas canciones que son mas indicadas y utilizadas para intimar:

1. Dirty Dancing. Sin duda se encuentra en los primeros lugares del ranking.
2. Sexual Healing, de Marvin Gaye.
3. Bohemian Rhapsody de Queen.
3. El Bolero de Ravel.
4. Take My Breath Away, de Berlin.
5. Cualquier canción de Barry White.
6. Let’s Get It On, de Marvin Gaye.
7. Unchained Melody, de Righteous Brothers.
8. My Heart Will Go On de la banda sonora Titanic, cantada por Celine Dion.
9. Je T`aime, de Serge Gainsbourg.
10. I Will Always Love You, Whitney Houston.

Y seleccionada la música, ten a mano chololates, dulces, agua o algo para hidratar, y si hay algo más de confianza, o eres una persona un poco más lanzada, atrévete a compartir sensualmente un yogurt, bombones,  nata, fresas, siropes…

Hagas lo que hagas, la música os pondrá en ambiente romántico seguro 😉

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En la filosofía oriental se determina que el hombre, lejos de dominar la Naturaleza, está a su mismo nivel y debe compenetrarse con ella si desea evolucionar.

En la Naturaleza reside el secreto de la relajación, la serenidad, la desconexión, el equilibrio absoluto que se debe mantener en cualquier circunstancia de la vida.

Por todo ello es lógico que cada vez más nos vayamos decantando hacia las teorías orientales. La civilización occidental es víctima de la ansiedad y del desaliento producidos por el fracaso de una medicina que considera al hombre como a un ser dividido. La acupuntura y el SHIATSU surgen como grandes alternativas.

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El SHIATSU es una técnica terapéutica manual japonesa, que consiste, como su propio nombre indica, en presionar con los dedos las zonas de sensibilidad vital del cuerpo humano. Poseer unos conocimientos generales de SHIATSU, le proporcionarán la posibilidad de alcanzar con su pareja unos niveles de placer, de equilibrio y de expansión extraordinaria. Supondrá combinar al mismo tiempo el bienestar personal, la armonía natural y la expresión de todos los sentidos.

El SHIATSU se puede practicar en cualquier situación, con cualquier persona e incluso consigo mismo. Es completamente natural, no requiere de la utilización de ninguna crema, ni instrumento, sólo de la presión con los dedos que proporcionará calor a las zonas sensoriales.

La presión no deber ser ni muy fuerte ni muy débil. Con esta técnica de presión favoreceremos la circulación sanguínea tanto del actor como del receptor. Este es un principio muy arraigado entre las culturas orientales (china, japonesa, etc) que tienden a la utilización de las manos para obtener estados de relajación y bienestar.

Así, los chinos utilizan nueces, las cuales se colocan en las manos y las mueven constantemente, produciendo la relajación deseada. Los japoneses tienen por costumbre frotarse las manos en situaciones difíciles y así consiguen una mayor sensación de calma.

Con el SHIATSU se consigue una estimulación de la circulación sanguínea de las manos, la cual desarrollará nuestra salud física y estabilidad emocional. Además es un maravilloso medio de comunicación entre dos seres. Es un intercambio, una colaboración entre dos personas para alcanzar un ideal de armonía y felicidad.

La noción de felicidad es muy importante en el SHIATSU. Los dos elementos activos de la pareja tienen como objeto proporcionarse el mayor bienestar y placer en un ambiente de confianza, distensión, y generosidad.

La persona que ejerce la presión con sus dedos transmitirá todo su magnetismo, sus vibraciones positivas y todo su calor humano. Por eso a través de esta presión se proporcionará bienestar y conseguirá que la otra persona se sienta amada, reconfortada, comprendida, respetada, etc. El placer será total puesto que el cuerpo y la mente se hallarán en perfecta armonía.

Para practicar el SHIATSU hay que aprender a ejercer presión con los dedos en los puntos denominados “TSUBO” y que suman un total de 354.

Veamos su distribución por el cuerpo humano:

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Dedos a Utilizar

– EL PULGAR: presionar siempre con la base del pulgar y en sentido descendente. No se debe forzar nunca ya que se puede fatigar e incluso lastimar la mano.

– TRES DEDOS: ÍNDICE, CORAZÓN Y ANULAR. Se utilizan para las zonas como la cara y el abdomen.

– LA PALMA DE LAS MANOS: Se utiliza para los ojos y el abdomen y también para los tratamientos de vibraciones.

La presión deber realizarse siempre perpendicularmente respecto de la zona tratada; la duración normal ser de cinco a siete segundos; la sensación causada debe ser una mezcla entre placer y dolor. Es aconsejable dejar para los expertos las presiones profundas.

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Los Puntos Sensuales Por Excelencia

El masaje SHIATSU tiene un doble efecto; por un lado proporciona una sensación de bienestar y sensibilidad, y por otro se consigue una sensación de placer que aumenta considerablemente la potencia sexual al estimular el sistema hormonal y la adrenalina.

Para el hombre:

Los tres puntos de presión se hallan en las vértebras sacras y son los que regulan el funcionamiento de los órganos genitales. Hay que realizar diez presiones de tres segundos en la zona sacroilíaca.

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Para el bienestar realizar presiones de tres segundos en la cruz del estómago; para relajarse y aportar placer a su pareja, acariciar las siguientes zonas:

shiat6– Para estimular las reacciones sexuales ejercer una presión alrededor del ano, es decir, entre el ano y los genitales.

– Una presión en los testículos es muy revigorizante.

– Termine con una nueva serie de presiones en zona sacra y en la cruz del estómago y así conseguirá una mayor duración del acto sexual.

Para la mujer:

– A fin de estimular las reacciones sexuales de la mujer, comience ejerciendo una presión en la glándula tiroides que se sitúa en la zona frontal del cuello, justo encima de la clavícula.

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– Excitar las glándulas suprarrenales con el puño.

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– Continuar con una presión completa de todos los puntos sexuales situados a ambos lados de la tercera, cuarta y quinta vértebras lumbares.

– Hágalo de arriba hacia abajo y apretando con todo su peso.

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– Termine con un tratamiento de SHIATSU en la glándula tiroides, las glándulas endocrinas, situadas entre los senos y la región inguinal situada entre las piernas.

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Así, el hombre y la mujer alternarán los masajes energético-sensuales, alcanzando un estado de bienestar recíproco y viendo como su placer sexual se prolonga indefinidamente. Esta armonía de la pareja les llevará a un equilibrio físico y mental que, según la filosofía japonesa, se define como “Naturaleza perfecta”.

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Darle permiso a tu pareja para que se acueste con otros es una opción para no aburrirse en el matrimonio. Pero, ¿vale la pena?

“Mara y Arturo están casados desde hace ocho años. Tienen buena situación económica, dos hijos hermosos, intereses comunes, y la misma edad.

Para los criterios tradicionales, constituyen una pareja envidiable y feliz. Todavía se mantienen ente ellos esas delicadezas que, según muchos, ya no se estilan en la vida conyugal y que serían palmarias demostraciones de amor”.

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Por lo menos una vez a la semana, ambos cenan fuera, en algún restaurante romántico, con velas y música de Armando Manzanero. Suelen ir de vacaciones juntos y, cuando pueden, pasean tomados de la mano por el barrio. Sin que parezca rutina, Arturo sabe ser cortés y halagador, enviándole flores a su esposa con cierta frecuencia. Como pareja, hablan casi un mismo lenguaje, ríen juntos y respetan sus puntos de vista. De vez en cuando riñen, bajo el lema de que “una buena reconciliación es lo máximo”, y sin que los motivos de sus peleas sean, en modo alguno, decisivos para la estabilidad de la pareja. Su vida sexual es animada e imaginativa.

Para nosotros, hay una especie de cuota tácita -dice Mara-: dos días a la semana y el domingo en la tarde, que debe ser orgiástico. Para nosotros, la cama tiene mucha importancia. Permanentemente ensayamos posturas y juegos eróticos.

Más allá de esa fachada, existen algunos problemas que hoy de alguna manera están haciendo crisis. Como viejos amigos, en consulta comentan sonrientes:

-Venimos como clientes, no como amigos.

La síntesis de ese encuentro inicial puede resumirse en términos bastante esquemáticos: hacía cuatro semanas que Mara y Arturo afrontaban dificultades. Los dos estaban irritados, malhumorados, poco amables. Peleaban continuamente y no toleraban siquiera la presencia de los niños.

Entre el terapeuta y ellos dos, buscamos la razón. Fue Arturo quien comenzó a despejar las dudas:

-Mira, cuando cumplimos nuestro segundo año de casados, descubrimos que nos aburríamos un poco como pareja. En torno nuestro, sobraban las oportunidades sexuales: mujeres muy atractivas y liberales, compañeras de trabajo de Mara, y varones jóvenes, desprejuiciados, amigos míos, asiduos visitantes de la casa. Casi sin proponérnoslo decidimos experimentar el matrimonio abierto. En otras palabras, para mejorar esa situación de peligroso aburrimiento, resolvimos tener relaciones sexuales con otras personas.

El matrimonio abierto es uno de los caminos que la revolución sexual de los sesentas sugirió a las parejas bienintencionadas, como remedio para la crisis del matrimonio.

Su cimiento teórico es el siguiente: El matrimonio monogámico fracasa; no es para toda la vida, porque la vida en común es fastidiosa, hace rutinario el acto sexual, aleja el romanticismo y mata el amor. Además, en un mundo en que las parejas están constantemente expuestas a tentaciones y en que la infidelidad es la válvula de escape para encontrar fuera de casa lo que se ha perdido, sólo queda un camino: fortalecer la relación de pareja desde la absoluta lealtad y confianza. Basta de mentiras, de engaños, de verdades a medias, de insatisfacciones. Si el adulterio es “sabroso”, consiéntase abiertamente a su práctica, con discreción por supuesto; y, desde luego, sin celos tontos.

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Arturo es lo suficientemente explícito:

Era un verdadero círculo vicioso. Yo quería serle fiel a Mara, por ella y por los niños. Pero las oportunidades andaban por ahí, acechando: mujeres sensuales, ardientes, disponibles. Era un sacrificio privarse de gozarlas. Al mismo tiempo, llegó un momento en que hacer el amor con Mara perdió la gracia. Poco a poco fuimos dejando el sexo oral, que tanto nos gustaba en un comienzo, las variaciones de posturas. El amor conyugal se transformó en una especie de obligación; mientras acariciaba a Mara no dejaba de pensar en los pechos de la vecina o de la amiga de la oficina. Sabía, por lo demás, que en Mara pasaba algo parecido. Tenía orgasmos y todo eso, pero se notaba lejana…

Mara lo recuerda así:

Sí, era bonito, pero no como antes… En esos días hacíamos mucha vida social. Sin darme cuenta, empecé a mirar a otros hombres y a pensar en ellos como posibles compañeros de cama. Me excitaba en ese juego. También solía recibir proposiciones. La verdad es que me encantaba. Cosas que Arturo, por negligencia o por considerarlas sobreentendidas en la relación ya no me las decía. Para ser franca, vivía caliente y Arturo no me satisfacía del todo. Cuestión mental.

Sin embargo, ninguno de los dos quería dañarse. Habían hecho el compromiso de que en su matrimonio no habría deslealtades. Así, un día cualquiera hablaron largamente sobre el tema y decidieron consentirse discretas escapadas extramatrimoniales. Pusieron una sola condición: que, en ningún caso, se involucrarían sentimentalmente con esas parejas ocasionales.

Al principio fue sensacional -dice Arturo-. Imagínate, todas mis fantasías se cumplieron. Yo conquistaba a una mujer y podía contárselo a Mara. Entre nosotros no había mentiras. Ella sabía, casi minuto a minuto, las cosas que yo hacía con “la otra”; las nuevas posturas, los orgasmos que alcanzábamos, todo, todo…

Y Mara:

– Fue bueno, de veras. Yo le decía a Arturo: “Hoy estuve con un hombre maravilloso. Toda la tarde estuvimos haciendo el sexo oral.” Y Arturo me contestaba: “¿Y cómo lo hiciste?” Nos excitábamos mucho. Nos volvíamos como locos entre nosotros. De veras que nuestro matrimonio se enriqueció bastante. Ya nada nos parecía tan aburrido. Ahora experimentábamos lo nuevo, lo que nos estaba haciendo falta.

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La pregunta resultante es obvia: ¿Y había celos?

Arturo menea la cabeza.

Sólo un poco, al principio hasta que nos adaptamos a la situación. Después, todo fue fácil, agradable.

Mara interviene:

La primera vez, para mí, fue con un amigo muy querido de Arturo. El iba con frecuencia a nuestra casa. Cada vez que Arturo se descuidaba, su amigo me decía: “Tengo unas ganas terribles de estar contigo”, o frases así. El me gustaba, pues era divertido. En una ocasión, después del acuerdo, lo cité para un encuentro. Por cierto, no le dije nunca que Arturo lo sabía.

¿Y por qué?, le preguntamos.

Mara ríe.

Bueno, es muy sencillo: ¡Los hombres son muy tontos! Si van con una creyendo que están poniéndole cuernos a otro se esmeran en lucir sus habilidades. Este no fue la excepción. Cada vez que nos juntamos, me hizo gozar terriblemente. Estaba en competencia con Arturo, según creía. Cuando terminé por contarle la verdad dejó de ser un buen amante y al poco tiempo la relación se terminó.

Arturo menciona sus aventuras entre divertido y nostálgico:

-Las amigas de Mara, especialmente, disfrutaban al suponer que, de alguna manera, perjudicaban su estabilidad. Todas se afanaban en demostrarse verdaderamente imaginativas. También cuando descubrían el arreglo, se ofendían y, a menudo, rompían con la relación. En otros casos siempre había gran erotismo.

Los dos se apresuran a señalar que ninguna de las alternativas surgidas fue la promiscuidad.

Tampoco se trataba de andar conquistando mujeres sin ton ni son, dice Arturo. Mis relaciones extramaritales no han sido tantas desde entonces. A lo sumo, unas seis en los últimos cinco años. Yo tengo mucho trabajo, hijos por los que velar y una mujer a la que amo por sobre todas las cosas.

Mara lo observa con ojos de reproche. Arturo, entonces, se apresura en agregar:

– Claro que, a veces, ahora hay otras posibilidades…

¿Qué contesta Mara sobre el punto?:

Yo no he sido promiscua -dice-. De hecho, he tenido cuatro amantes. Ya te conté la historia del primero. El segundo fue un ejecutivo de una compañía automotriz que conocí en la playa: un hombre ya maduro, muy parecido a ese señor que aparece en la película Emanuelle 1. ¡Y casi tan perverso como él! Me enseñó cosas increíbles: orales, manuales, con artefactos raros. El tercero fue un muchachito, primo de una vecina. Con él, me sentí una profesora. Y el cuarto, bueno…

La pareja se queda en silencio.

Pero ¿qué ha sucedido realmente?

Los dos se miran. Han perdido naturalidad. Arturo está muy incómodo. Mara traga saliva.

– ¿Acaso falló la fórmula?.

– Arturo termina asistiendo. Falló, dice lacónicamente.

Mara se suelta entonces, como un torrente.

– Falló por todos lados. Sin que lo advirtiéramos, de repente empezamos a pensar en nosotros. Nuestro matrimonio seguía siendo bueno. Bueno, en lo sexual, en lo afectivo, en lo tierno, en nuestras relaciones con los niños. Teníamos confianza mutua, seguridad. Pero, no sé…. Nos pasó, yo creo, eso del cántaro que va muchas veces al agua y se termina por romper.

Arturo toma la palabra:

– Uno no percibe la realidad -dice-. Todo era tan divertido y tan estimulante. Sin embargo, en el fondo era como si nos hubiéramos perdido el respeto. Y es importante que te lo digamos de una vez por todas. Lo que sucede es que Mara y yo rompimos nuestro compromiso.

¿Lo rompieron?

Sí, lo rompimos. Casi al mismo tiempo, Mara y yo nos interesamos demasiado en otras personas. La verdad es que hoy estamos involucrados y con pocas opciones de mantener lo nuestro…

Simplemente Mara y Arturo encontraron nuevas parejas. Drama definitivo para un estilo sexual que pretende quebrar con lo malo de la pareja monogámica a través de una contradicción sustancial.

Por fortuna, ambos se encuentran todavía con posibilidades de remediar la situación. Entre ellos hay amor, lucidez en torno a las circunstancias, decisión para enfrentar el problema. Se quieren, aún son leales, disfrutan y valoran la mutua convivencia y, a pesar de los deslices tolerados, se sienten todavía unidos.

Perjudican su situación esos enamoramientos que aparecieron con el adulterio consentido. Superarlos será para ellos una tarea de elección y, en última instancia, la oportunidad de empezar otra vez. Desmintiendo los criterios escépticos, la fuerza de la pareja como unidad se proyecta vigorosamente. Ya no importa si vale o no el sexo deportivo, como opción para los individuos, o de resolver hasta qué punto el matrimonio es una institución obsoleta. Las experiencias de los últimos años muestran, con notable claridad, que los remedios para fortalecer el matrimonio con adulterios consentidos terminan en la frustración. El swinging o swapping -intercambio de parejas-, tan en boga hace una década, derivó, en un altísimo porcentaje, en la formación de nuevas parejas monogámicas. Los matrimonios comunitarios al estilo hippie acabaron en múltiples y sólidas parejas monogámicas. Los matrimonios abiertos, como el de Arturo y Mara, culminaron con divorcios porque en el vagabundeo adúltero tarde o temprano dieron con el alma gemela que los incitaría otra vez a la monogamia.

En consecuencia, la pareja se impone. Y, al parecer, su única salida consiste en renovarse sin llegar al rompimiento; o de plano liquidarse sin experimentos novedosos. Propiciar los “encuentros cercanos” con terceros aun con la mejor buena voluntad no resulta conveniente.

Es innegable, desde luego, que el matrimonio abierto es una opción sexual disponible, como lo es también el viejo adulterio. Que sea práctico, es el problema. A nosotros, en lo personal, no nos ha convencido del todo.

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A la vez, surgió en mí una fuerza tremenda, como si mi vagina se hubiera transformado en una boca que succionara rítmicamente, que aprisionara y acariciara con suavidad y energía aquel miembro.

Largos años de matrimonio llevamos mi marido y yo. Nos habíamos casado apasionadamente enamorados. Habíamos aprendido juntos gran parte del juego del amor durante nuestra luna de miel, y más tarde tuvimos todo el tiempo del mundo para continuar experimentando. Después, llegaron los hijos, el trabajo absorbente, más obligaciones y responsabilidades. Imperceptible y gradualmente,  nuestra vida sexual cayó en la rutina. Un buen día acabamos por darnos cuenta de que nuestra falta de estímulo en lo sexual empezaba a reflejarse en otros aspectos de nuestra relación. Consultamos a un psiquiatra. Nos recomendó reiniciar gradualmente nuestra vida sexual, con más caricias y más erotismo. Pero no avanzamos mucho. El hastío continuaba carcomiéndonos.

Fue entonces cuando la sabiduría oriental vino a salvarnos. Por azar, cayó en mis manos un libro acerca del “tantra”. Lo estudié profundamente. Cuando creí que dominaba la teoría, invité a mi marido a que experimentáramos juntos lo que allí se enseñaba. Y aceptó. Lo que hicimos fue extraordinario.

Con el tantra, se produjo un cambio tan radical para nuestra manera de relacionarnos que nuestra unión persiste ahora plena de vitalidad, a pesar de los muchos años de matrimonio.

‘La Columbia Encyclopedia’ define al tantra como una tradición esotérica que se encuentra en el hinduismo y en el budismo, y que mezcla una serie de ritos en el yoga.

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En dicha tradición son fundamentales las deidades femeninas que se llama Shakti, junto con el uso del vino, la carne y la celebración del acto sexual. En la práctica de los heroicos predomina el uso de los cinco elementos llamados los cinco “emes”: el pescado (matsya), la carne (mamsa), el vino (madya), los cereales afrodisíacos (mudra) -para algunos autores, los mudras serían los gestos eróticos- y el sexo (maithuna).

La práctica tántrica tiene como objetivo despertar la energía (kundalini), que se identifica con Shakti y se funde en el esencia divina. Para los tántricos, macho y hembra poseen polos opuestos de energía cósmica bioeléctrica que se unen durante la relación sexual. A través del aliento se absorbe energía cósmica, pero sólo durante el coito hay mayor recargo de ella. La kundalini posee forma de serpiente y, con la cola en la boca, duerme enroscada en la base de la columna. Se le despierta concentrándose en el ‘muladhara chakra’ o centro del sexo, que se localiza entre el ano y los genitales. Todo esto ya unido a la meditación tántrica. Es a través del maithuna que los seres humanos  se unen a la esencia del poder cósmico y, por ende, alcanzan el éxtasis.

La práctica del tantra alarga la vida, garantiza la adquisición de mayor sabiduría y permite el desarrollo de una gran vitalidad. Su práctica implica el uso del poder sexual y requiere de una preparación espiritual por medio de la meditación y la respiración, para producir una experiencia de carácter místico y sexual. Las poderosas cargas electromagnéticas de los sexos se unen y culminan en el orgasmo, que es como una explosión de paz y calma.

¿Cuáles son los pasos a seguir para la práctica del sexo tántrico?

El  primero,  fundamental, consiste en abstenerse de tener relaciones sexuales, pues el yoga tántrico se basa en la medida que se practica con menos frecuencia. A lo sumo, una vez al mes. La explicación de esto es que el sexo en exceso agota la energía sexual y contribuye a que se pierdan fluidos vitales.

En nuestro caso partcular, una vez que mi marido y yo tomamos la decisisón de prácticar el yoga tántrico, nos resignamos a la abstinencia. Durante este período, se recomienda hacer una serie de ejercicios de meditación y de respiración.

Nuestra unión sexual debía efectuarse el quinto día después de pasado mi período menstrual. Para los tántricos, ese día la mujer está plena de potencia y receptividad-

Acostumbrados, como estábamos a una práctica más o menos frecuente, esta regla nos resultó difícil de aceptar, pero pensamos que valía la pena el sacrificio si es que recuperábamos la fogosidad de nuestra relación. De manera que para evitar problemas decidimos dormir separados.

meditacionA continuación, iniciamos los ejercicios que exige el tantra. El control respiratorio se realiza de l5 a 20 minutos, diariamente. Consiste en inhalar durante siete tiempos, mantener el aire en los pulmones contando hasta siete también y exhalar durante siete tiempos nuevamente. Practicando la respiración, la meditación es una consecuencia natural, puesto que prácticamente fluye sola. Es cuestión de concentrarse y dejar libre el pensamiento. Cualquier libro de yoga enseña las bases de la respiración y la concentración.

Mi inquietud se exacerbaba a medida que pasaban las semanas. Alrededor del día catorce, ya me sentía bastante estimulada por los ejercicios místicos de preparación y purificación. Hubiera querido, con toda mi alma, hacer el amor con mi marido. Sin embargo, estaba resuelta a acatar las reglas hasta el fin. El tantra impone que, en este período, la persona deja de pensar en el ser amado. Quizás por eso, con cierta frecuencia, empecé a soñar con mi marido, cosa que no me pasaba desde que éramos novios.

Finalmente terminó mi período menstrual. Mi marido, que estaba informado al minuto de lo que me ocurría, se sintió muy feliz. Había llegado el gran momento.

Para el tantrismo, el sexo es un ritual que debe ser preparado hasta el detalle, en tareas que despliega conjuntamente la pareja.

Los ritos deben realizarse entre las l9 y las 24 horas. Como lo que aquí se juega es la plenitud sexual, las cosas deben hacerse con entusiasmo y convicción.

Mi marido se encargó de comprar los alimentos frescos del ritual y los preparó de acuerdo con las normas: la carne, que representa lo animal; el pescado, las fuerzas del mar;  el vino, el fuego; y, los cereales, la tierra. Nos surtimos también de semillas de cardamomo y arroz hervido, incluyendo dos vasos de agua y sake japonés. Siguiendo las instrucciones, pusimos todo esto en una bandeja de plata, sobre una mesita al pie de la cama. Durante el día yo me había preocupado de la limpieza meticulosa de la recámara. Puse sábanas de raso en la cama y las perfumé cuidadosamente. Nuestra habitación quedó limpia, agradable, ventilada. En seguida, coloqué jarrones con flores frescas, especialmente rosas rojas, distribuí espejos en sitios estratégicos y, según lo señala el tantra, dispuse la iluminación a base de velas blancas y perfumadas, puestas en candelabros. De ese modo, la habitación estaba alumbrada con una tenue luz violeta. De hecho, me preocupé de la decoración como si se tratara de una gran representación teatral.

Más tarde, mi marido y yo nos dedicamos a nuestro arreglo personal. Yo me puse un bello traje largo de seda color durazno y me solté el pelo. Mi maquillaje y mi perfume fueron cuidadosamente elegidos para la ocasión. Mi marido se veía muy guapo y su atuendo y perfume revelaban su preocupación por lo que viviríamos. La sala estaba a media luz, y habíamos puesto un disco de música suave.

Nos miramos con profunda seriedad y dimos por iniciada la ceremonia. Cada paso del ritual tenía por objeto atender a cada uno de nuestros sentidos, la mente y el espíritu, con el fin de alcanzar estados elevados de misticismo.

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Cenamos sin dejar de mirarnos intensamente, casi no hablábamos, pues estábamos concentrados en nosotros. Empezamos por la carne acompañada con vino. Después. seguimos con los otros alimentos. Terminamos brindando son sake y mascando las semillas de cardamomo para aromatizar nuestro aliento.

Después, fuimos a bañarnos juntos, según el ritual. Nos acariciamos con suavidad y miramos nuestros cuerpos bajo el agua, con renovado interés y afecto.

Al salir del baño, purificados e impecablemente limpios, nos pusimos nuestros perfumes predilectos. Yo me cubrí con una bata de seda transparente roja. del color del hibisco, y mi marido se colocó una bata de seda natural. Abrazados, llegamos al lecho e inciamos los ejercicios de respiración para librarnos de tensiones y ansiedad.

A continuación, nos desnudamos. Dulcemente empezamos a masajearnos el uno al otro con aceite perfumado a base de almizcle. De vez en cuando repetíamos nuestra “mantra”, pensando en el kundalini.

Todo lo que habíamos leído estaba sucediendo. Lo realmente mágico de una ceremonia tántrica es que, no obstante que los miembros de la pareja conocen perfectamente sus cuerpos, la magia del ritual los hace verlos de otra manera en el nuevo escenario de luces y de sombras, de flores y esencias exóticas. Cada sentido se pone en estado de alerta, con el máximo de receptividad. La música sirve al redescubrimiento físico estimulando y acariciando.

Hacia el orgasmo definitivo

Con los dedos índice y corazón, mi compañero me tocó el pecho y los tres ojos: los dos físicos y el ojo espiritual que está en el centro de la frente. Luego, fue tocando mi cuerpo punto por punto con una delicadeza y una dulzura que me hacían estremecer. Tendida de espaldas, me sentía recorrida por una especie de corriente eléctrica maravillosa. Mi marido yacía recostado sobre su costado izquierdo, que es la posición que despierta la corriente de la energía kundalini. Y ambos respirábamos rigurosamente, según lo exige el tantra.
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Fue una larga y extenuante sesión de caricias preliminares. Después, alcé las piernas, las doblé hasta tocar primero mi barbilla y luego el pecho, y entonces mi marido me penetró totalmente, al tiempo que yo bajaba las piernas y las mantenía abiertas. Por primera vez en la vida, sentí el vigor de su pene duro inundándome. Nos quedamos absolutamente quietos, sin hacer ningún movimiento.

Esta una de las más importantes reglas del sexo tántrico. La pareja debe permanecer inmóvil luego de la penetración, atenta al intercambio de sensaciones físicas y psíquicas que experimentan, sin tensiones de ninguna especie y sin precipitarse a iniciar movimientos de introducción y salida. Tal control debe mantenerse durante 32 minutos.

Habían pasado alrededor de veinte minutos, cuando sentí algo inusitado. Fue como si su pene hubiera cobrado vida y alcanzado proporciones gigantescas. A la vez, surgió en mí una fuerza tremenda, como si mi vagina se hubiera transformado en una boca que succionara rítmicamente, que aprisionara y acariciara con suavidad y energía  aquel miembro. Y las contracciones que yo hacía, aunque involuntarias, parecían motivadas por una fuerza que estaba fuera de mí.

tantraNos contuvimos todavía. Yo había comenzado a experimentar un orgasmo increíble, o muchos orgasmos, no lo sé. Aun así, no inicié movimientos.

Esto ocurrió después

Casi sin advertirlo, comencé a moverme y a retenerlo  con mis muslos, cadera y todo el cuerpo. El por su parte inició la acción del coito, larga, muy larga, por largo tiempo. Estábamos en una comunión perfecta, fundidos en el contacto sexual, con el espíritu y el cuerpo ascendiendo a alturas jamás imaginadas.

El orgasmo fue inenarrable. Luego, al recuperar la conciencia, me sentí inmersa en un lago de serenidad, estático y agradable al mismo tiempo. Durante largo tiempo permanecimos unidos, sintiendo nuestro calor y energía. Nos sentíamos puros y habíamos revitalizado  nuestro amor.

Esa fue mi gran experiencia
Ahora, recomiendo el sexo tántrico. Es un sistema nuevo, una religión del  erotismo que permitirá a los practicantes traspasar la etapa primaria del sexo para convertirlo en algo fuera  de serie.

Es cierto, el tantra requiere de ciertos sacrificios, pero la recompensa es muy grande. Afortunadamente, hay bastante material escrito sobre la materia. Es cuestión de buscar en librerías y probar. De una cosa estoy segura: si lo practican, no se arrepentirán, puesto que su relación amorosa se enriquecerá decisivamente.

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Estimados y queridos (algunos deseados) varones, me siento con la confianza suficiente para hablarles directamente a ustedes, miles de hombres hambrientos de mujeres apasionadas, liberadas y, por cierto, desinihibidas.

El tema que quisiera tocar trata de dos zonas erógenas hermanas que, a veces, creo que ustedes pasan por alto, o demasiado rápido.
Hablo de las pechugas, pechos, tetas, senos, mamas, delantera…

senos

Piensen en ellas, todo el día encerradas, unas más apretujadas que otras, en satén, algodón o lycra. Y cuando llega la hora del juego amoroso, son liberadas y esperan atención y cariño. Ahora, no se confundan. Las pechugas no son como los niños, donde a alguien se le ocurrió (la tontería) de que más vale calidad que cantidad. ¡Patrañas! Ellas necesitan no sólo calidad sino que gran preocupación.

Se preguntarán, “¿Qué le dio a esta loca?” Pues bien, caballeros míos, les contaré. He tenido experiencias fabulosas con ellas. Siempre consciente de la sensibilidad que tengo (y todas tenemos) por esos lares, me hicieron probar una técnica nueva. No sé si entrar en detalle, pero el asunto es que gocé como poseída por el demonio. A todo esto se añade que he recogido muchas quejas, incluyendo las mías, por la minimización que le dan ustedes, queridos míos, a nuestros senos.

pechosA veces, nosotras tenemos la sensación que pasan por ahí como si fuera un pago de peaje a fin de avanzar a las profundidades más escondidas de nuestros cuerpos. Lo que está muy bien, no los critico. Pero sería de gran ayuda, para aumentar el placer, detenerse unos instantes más en las lomas del Edén. Al final, señores ingenieros, el costo alternativo es mínimo. Un rato más y obtendrán mujercitas convertidas en fieras.

Acaricien, soben, muevan.

Apliquen calor (besos bien jugosos) y después frío (si no tienen hielo a la mano, soplen). Pellizquen, muerdan, aprieten, junten, separen. Es fundamental el área del pezón. Muchos de ustedes piensan que con un apretón a mano llena basta, y siguen a toda velocidad al destino final. ¡No, pues! Deténgase en la aureola, mírenla, conózcanla, eréctenla.

Una vez estuve con un señor que apenas me las miraba. Y cuando lo hacía, pasaba de largo. No sabía cómo expresarle mi descontento: La vergüenza era más fuerte. A veces intentaba enviarle el mensaje in situ. Lo acurrucaba, le sujetaba la cabeza en el lugar y le susurraba cuánto me gustaba. Ahora me pregunto si tendría alguna deficiencia porque, pese a todos mis esfuerzos, no acusó recibo.

Espero que esto no suene a una lección académica, pero, ¿sabían ustedes que las mujeres tenemos una pechuga más sensible que la otra? Un simple, “¿en cuál te gusta más?” basta para informarse y llevarnos cerca del cielo.

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Recomendaciones de oro para que seamos ganadores sexuales

El acercamiento sexual

La aproximación sexual es una fase que ha de continuarse con la invitación al sexo. E invitar al sexo tiene sus dificultades y bemoles. Sobre todo porque porque socialmente la libertad sexual se encuentra limitada.

En nuestros países predominan ideas bastante equivocadas respecto de la sexualidad y por lo mismo toda referencia relacionada con ella aparece como sucia, pecaminosa o inmoral.

Además, aunque hay revolución sexual, a puertas cerradas se siguen creyendo errores como verdades. Se mantiene, por ejemplo, la concepción de una doble moral sexual, distinta para cada uno de los sexos: todavía cuesta soportar que la mujer tenga relaciones antes del matrimonio y, no obstante, se las acepta ampliamente en los varones; todavía se piensa que el mundo se divide en mujeres buenas y mujeres malas, siendo las malas precisamente las que llegan al coito sin condiciones. Si una mujer y un hombre, frente al chispazo de la atracción, van de inmediato al lecho, es seguro que asumirán actitudes ilógicas, por mucho que hayan gozado del encuentro. La mujer se hará, consciente o inconscientemente, todo un nudo de recriminaciones que se cerrarán con lágrimas o con el consabido: “¿Qué vas a pensar de mí?” y el varón, a su vez incluso de buena fe, ubicará a la mujer con su clasificación de “fácil”, no apta para el matrimonio.

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Son necedades, claro. Realmente es absurdo que existan dos morales sexuales cuando ambos sexos tienen iguales derechos frente a la sexualidad.

Pero así es y conviene tenerlo presente. Especialmente cuando se trata de hacer invitaciones para gozar del sexo que, en la mayoría de los países, es una suerte de solemne ceremonia en la que sólo falta el notario. Entre el encuentro de las miradas que se atrajeron, la comunicación del diálogo, y el “vamos a hacerlo” hay un cúmulo de requisitos, inútiles en su mayoría, aunque todos salvables con mediana dedicación.

El principal, es excitar a la pareja. Por grande que sea el peso de la tradición, de los prejuicios y de las enseñanzas restrictivas, la naturaleza se impone en definitiva. Y para excitar también hay técnicas. Mientras mejor es la técnica más rápida será la excitación y el “vamos”.

Lo que excita recibe el nombre de afrodisíaco y hay afrodisíacos que podrán señalarse como naturales y otros de tipo artificial. Son naturales, por ejemplo, detalles físicos atractivos, miradas, olores, ruidos, besos, etc., en tanto que los artificiales agrupan una serie de substancias o preparados a los que se les atribuyen cualidades de excitantes sexuales.

Aunque los libros de magia suelen garantizar las propiedades de las pezuñas de la Gran Bestia o de la cola de serpiente machacada y mezclada con orégano cortado en luna llena, la experiencia mueve al escepticismo. En verdad no hay substancias afrodisíacas típicas. Lo que sí hay son substancias que ponen al que las ingiere en situación de saltarse las barreras sociales. Las más socorridas son el alcohol y ciertas drogas. El alcohol, en pequeñas dosis, desinhibe y arrasa con facilidad con siglos de prejuicios. OJO: pasados algunos límites, variables en cada persona, su efecto es el contrario: inhibe el apetito sexual. En cuanto a las drogas, las hay que efectivamente aumentan la sensibilidad sexual. Empero en su mayoría tienen el inconveniente de aficionar al que las usa a seguir usándolas y cuando escasean provocan en el usuario, síntomas llamados de abstinencia, que son bastante desagradables.

También hay actividades excitantes. El baile es una de ellas. Esos bailes que los adolescentes designan con el apelativo despectivo “de viejos”. Y también la penumbra, con música, si es posible (de ahí el éxito de los cines y las discotecas).

Hay muchas más. Pero lo que importa destacar que la excitación sexual es un proceso psicofisiológico, esto es, un proceso en que participa la mente y el cuerpo. Y que, además, es un proceso gradual. Es decir, la excitación sexual no se da de golpe sino que avanza progresivamente de un nivel bajo a uno mediano y de éste a uno alto y que en lo práctico puede describirse con “Podría”, “Querría” y “Quiero”.

Consumada la aproximación, es necesario ir quemando paso a paso estos grados. El primero se nutre de la conversación, de los roces furtivos, de las miradas, del reconocimiento mutuo; los individuos podrán llegar más allá o detenerse; no hay modificaciones fisiológicas ostensibles, predominando la respuesta psíquica. En el segundo, la conversación se hace intencionada, las manos comienzan a acariciar, palpar, recorrer y presionar; los individuos se huelen y se besan, ligeramente primero, luego con más fuerza; las lenguas inician sus insinuaciones, los cuerpos tienden a acercarse; hay congestión en los genitales y secreción de ciertas glándulas; los individuos “querrían” aumentar la excitación. En el tercero, declina la conversación, las caricias se hacen más apremiantes y terminan centrándose en los genitales, la lengua asume iniciativa y el organismo está dispuesto a la cópula. “quiere”.

La invitación a hacer el amor

juegos prohibidosHa llegado el momento de la invitación a hacerlo.

Pero aquí algunas observaciones:

1)  Según los individuos, estos grados pueden darse de modo fulminante o progresivamente.

2)  Los que participan de la excitación pueden encontrarse en momentos o grados distintos. A menudo, los varones alcanzan la erección antes que la mujer pase a la segunda fase.

3)  La buena técnica supone llevar con rapidez al compañero al punto más alto de la excitación y mantenerlo ahí hasta el coito.

4)  La invitación al coito, para obtener respuesta afirmativa sólo es posible en la tercera fase. En las otras dos, los frenos sociales tienen preeminencia, a menos por supuesto que se trate de pareja estable.

5)  Es bastante común que no se dé el salto a la cópula. Los jóvenes de nuestro tiempo acostumbran practicar el faje o “petting” que supone mantener el más alto nivel de excitación durante largo tiempo, y eventualmente, desahogarse por vía manual. Es deporte frecuente de cines, parques y plazas públicas. Se lo acepta porque libera tensiones sexuales, “aleja a los muchachos de la masturbación y conserva la virginidad de las jóvenes”. El “petting” no es raro entre adultos reprimidos.

De lo que se trata no obstante es de dar el salto. Y la invitación al coito es el salto.

Hay muchas maneras de invitar al coito. Si en algunos países ello se consigue mediante gestos cabalísticos, en los nuestros, por la tradición represora, esto no parece posible, salvo en ambientes ya picados por la tarántula de la libertad. Desde luego, existen términos que, indirecta  o eufemísticamente, manifiestan la intención: hacer el amor, estar juntos, hacerlo, jugar, foque-foque, la cosa, etc. La palabra coito está proscrita del lenguaje corriente, lo mismo que cópula, y en menor escala, relaciones sexuales. Un principio sano, en todo caso, es designar las cosas por su nombre. Todo depende, sin embargo, del nivel del invitado. A veces por muy elevado que sea el grado de la excitación, la invitación descarnada o directa acarrea su caída vertical. En otras, ocurre precisamente lo contrario. La conversación inicial tiene, desde este punto de vista una gran importancia pues permite determinar los límites en que se puede emplear el lenguaje.

Aunque haya mucha excitación, bien puede suceder que la represión sea más fuerte y un “no, no” jadeante responda a la invitación. El amante eficaz no debe desalentarse por ello. Manteniendo el grado de la excitación, ha de procurar derribar los obstáculos con argumentos convincentes. Las causas de un “no” pueden ser muy variadas. Las más frecuentes:

a)  De carácter moral:  El que se niega aduce razones morales, cree que llegar al coito es pecado. El rechazado debe contradecir con razones interesantes los principios morales en boga y, si no tiene mucho tiempo, recurrir a slogans útiles del tipo: “La moral no tiene sentido en un mundo dominado por el neoliberalismo” o “sólo el amor es moral” o “pecado es no realizarnos en la vida”.

b)  De carácter técnico:  El “no” se origina, por ejemplo, en un proceso fisiológico, la regla. El rechazado, si es liberal, debe argumentar con inteligencia que hacerlo en ese período es incluso mejor que en otros, que hay vías no necesariamente vaginales, etcétera.

c)  De carácter socio-ético-familiar:  El rechazo resulta de una situación particular. El varón no quiere seguir porque piensa que está destruyendo la confianza que depositaron en él sus padres o algún amigo ingenuo. La mujer debe estimularlo entonces con frases ambiguas como: “Tus padres no pueden estar contra tu felicidad” o “El (por el amigo) sólo quiere mi felicidad y ahora soy feliz”, etcétera.

d)  De carácter futurista:  Numerosas mujeres acostumbran, más por fórmula que por convicción, hacer preguntas estúpidas antes de dar el sí. Preguntan, por ejemplo, “¿qué pensarás de mí?”, “¿y después te burlarás de mí?” o “¿te casarás conmigo?”. El interrogado debe salvarlas con cortesía o sinceridad, según los casos. A las dos primeras tendrá que contestar con un “pensaré de ti lo mejor porque eres maravillosa” o “cómo podría burlarme de quien me está dando lo más preciado de sí?” A la tercera, si procede la afirmativa, puede darla. Pero si no puede casarse, incurrirá en grave error. Ya hemos dicho: nunca falsas promesas.

e)  De carácter doloroso:  La mujer teme que le duela y se niega. El rechazado debe asegurarle que el coito no duele sino que es placentero. Si hay insistencia, son admisibles ciertas mentirijillas: “sólo la punta”, “lo haré como si fueras de porcelana”, etcétera.

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Lugares para el sexo

Pocas cosas en la vida parecen más grotescas que el amante que ha obtenido el sí y no sabe dónde consumarlo. En verdad, es pura falta de imaginación si se parte de la realidad que el coito no exige grandes espacios, todo lugar es apropiado. Como en todo, hay sitios mejores que otros. Son mejores por cierto, los recintos cerrados dado que, por convención, se estima que la sexualidad es una actividad privada. Sin embargo, eso no excusa la posibilidad de practicarlo al aire libre y con buena fortuna para sus ejecutores en la mayor parte de los casos.

Sin descuidar el hecho de que el coito es más grato en una habitación que cuente a lo menos con una puerta con cerradura (para evitar interrupciones), una cama, algunas cobijas, un reloj despertador, una penumbra cómplice y un lavabo, no está demás enumerar otros sitios posibles que, a menudo, la urgencia, la escasez de recursos y la buena voluntad, reemplazan con éxito.

Por ejemplo:

a)  Los automóviles.  Desde Henry Ford, las clases medias y los conductores de taxi no cesan de maravillarse ante las ventajas sexuales de los automóviles. En estos vehículos. en apariencia pequeños, el coito puede realizarse casi a cabal satisfacción, a medio vestir, desvestido del todo o con sombrero, Y no importa el modelo ni el tamaño. Los especialistas recomiendan el asiento trasero para los esparcimientos. Aunque en el delantero no son imposibles. Los fabricantes, conscientes de estas realidades, están lanzando al mercado, desde hace varios años, modelos con asientos reclinables que favorecen ampliamente los contactos. El copular en automóvil tiene desventajas:

  1. No es del todo cómodo.
  2. La falta de lavabo hace improbable el aseo postcoitum.
  3. La estrechez del recinto dificulta los intercursos de una pareja excedida de peso.
  4. Vidrios y parabrisas impiden la total privacidad, por lo que es necesario estacionar el automóvil en parajes oscuros o desérticos donde suelen abundar violadores y otros delincuentes.
  5. Son caros para las mayorías.

b)  Los ascensores.  Para los más audaces, los ascensores no carecen de atractivo. Si a la primera vista el asunto tiene un aspecto difícil, lo cierto es que muchos buenos romances que culminan en el llamado coito paraguayo (de pie y firme sobre las rodillas), se desarrollan en estos armatostes. Los experimentados sostienen que, oprimiendo el botón del freno entre dos pisos y apagando la luz por eso de la intimidad, se logran excelentes resultados. Por cierto es un sitio al que habrá de recurrirse en casos de extrema urgencia, ya que abundan los riesgos. En especial los que derivan de las iras de los usuarios del vehículo.

c)  Tranvías, camiones y aeroplanos.  También hay noticias de coitos hechos de prisa en vehículos de uso colectivo y aún en aeroplanos en vuelo. Xaviera Hollanderla festiva madama del libro “The Happy Hocker”, da cuenta de algunas de estas experiencias. Difíciles ciertamente, porque pende sobre ellas la perspicacia de los demás pasajeros que, ante el escándalo, pueden convertirse en delatores que arrastrarán a los infractores a la estación de policía.

d)  Las cabinas telefónicas. En los países donde las hay, las cabinas telefónicas han servido para las expansiones de amantes sin dinero o poco pacientes. Obviamente, son incómodas y demasiado públicas.

e)  Otras habitaciones que no son el dormitorio.  Por diversas razones, se hace necesario en ocasiones practicar el coito en otras habitaciones de la casa. Son preferidas las alfombradas y las que cuentan con sillas y divanes, pese a que también la cocina y los armarios ofrecen el abrigo imprescindible.

f)  La bañera.  Últimamente, en ciertos sectores liberales, la tina de baño, vacía o con agua, ha pasado a matizar con gran fortuna las vidas sexuales de muchos individuos. Aseguran los divulgadores de esta innovación que la tina de baño contribuye al diálogo y sus paredes lisas acercan a los cuerpos prensándolos de un modo inolvidable. La información hay que transmitírsela a arquitectos y constructores que, por razones de espacio, han eliminado el artefacto de las modernas construcciones.

g)  Al aire libre.  Los espacios abiertos admiten la sexualidad como la mano al guante. Parques y plazas han llegado a recibir el mote sarcástico de “hoteles verdes”. Cada ciudad respetable tiene por lo menos un gran parque que de día es inocente pero culpable por la noche. El coito al aire libre tiene ventajas, entre ellas la oxigenación que ganan los combatientes. Pero tiene desventajas. En el pasto, insectos y mosquitos suelen entrometerse en los fragores con desagradables consecuencias; en la playa, la arena juega malas pasadas; en los muros, clavos salientes y ladrillos sueltos, pueden perjudicar una entusiasta relación. Y qué decir de los malandras. Los lugares que escogen los amantes son conocidos y frecuentados por delincuentes sexuales. Estos, junto con las pertenencias de los gozadores, gustan de participar de los disfrutes, por las buenas o las malas. Como no son muy exquisitos, en la violación incluyen al varón. Aunque no hay estadísticas precisas, se sabe que muchos varones, igual que Caperucita Roja, “se perdieron en el bosque”.

Y una desventaja general, que vale para todos estos sitios. El Código Penal sanciona como ultraje a la moral pública la conducta del que “ejecute o haga ejecutar por otro exhibiciones obscenas“. La pena es de meses o años de cárcel, más multa. En nuestra cultura, el coito en público es, de todas maneras, una exhibición obscena.

Por eso, y para no caer en desgracia, es preferible el sexo en recintos privados. El mejor de todos es, sin duda, la casa propia. No siempre, sin embargo, se tiene casa propia donde poder hacer el coito. Sólo los privilegiados cuentan con pisitos de solteros o penthouses discretos. No es para desanimarse.

El ingenio sexual humano, desde hace bastante tiempo, ha buscado paliativos. Los ha encontrado en lo que toma el simpático nombre de “hoteles galantes”, “hoteles de parejas” o “hoteles alojamiento”. En el pasado existieron las casas de citas, lugares en las parejas, habitualmente adúlteras, podían reunirse ante la mirada comprensiva de una viejecita, casi siempre viuda, que rentaba un par de cuartos para completar sus escuálidos ingresos. Con el progreso, la casa de citas derivó en hotel o motel con garaje y agua caliente y la primera quedó relegada a las diversiones provincianas.

El hotel galante es una estructura dedicada al sexo. Los cuartos están organizados allí “para eso” : cuentan con una cama sólida, regadera y bidet, música ambiental y un timbre que, como de milagro, ayuda a que los enamorados puedan recibir estimulantes del exterior, tragos cortos y largos. En esos hoteles los cuartos se renta por horas y priva un ambiente discreto que se va haciendo indiscreto a medida que bajan de categoría. De hecho, los hay para todos los niveles sociales. Tienen un inconveniente: que ciertas mujeres, por formación son reacias a adquirir confianza sexual en un cuarto de hotel. Con frecuencia, entonces, el aprendiz de galán debe ensayar fórmulas exhaustivas de convencimiento, o bien, resignarse a no proponer el lugar en una primera instancia.

Las grandes capitales, por otra parte, ofrecen igualmente cómodos departamentos o suites de alto costo que se rentan por horas y gran número de sus hoteles para viajeros, aun los de primera categoría, admiten a viajero sexuales siempre que se camuflen de viajeros reales. Andar con una pequeña valija es método eficaz para tener acceso a todos los lugares, inclusive con la valija vacía.

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En síntesis, sobre el punto ha de tenerse presente:

a)  Que todo lugar es bueno.

b)  Que el lugar más adecuado es un cuarto cerrado, porque gozar del sexo requiere de tiempo y comodidad. Si agradable es el coito de pie o sentado, más lo es el acostado. El lugar debe permitir todas las opciones.

c)  Que deben evitarse por principio los lugares deprimentes, a menos que la urgencia no lo permita. Un coito en un cementerio puede resultar interesante, pero menos estimulante que otros

d)  Que el lugar no debe estar expuesto a interrupciones absurdas. La presencia de extraños, animales, ruidos insólitos y cobradores es altamente negativa. El sexo exige concentración.

¡Abajo el pudor!

Un humorista decía que “al amor, al baño y a la tumba ha de irse desnudo”. Y estaba en lo cierto. Por lo menos, respecto del amor. Si hemos dicho que la multiplicación del placer se obtiene de la disposición de mayores extensiones de piel al alcance de los sentidos, la desnudez surge como un requisito sine qua non para el goce integral.

Por desgracia, nuestra cultura nos ha metido una noción insoportable que es la del pudor. Este se acostumbra a definir como un sentimiento de recato y prudencia que oculta a los demás los elementos vergonzantes y favorece las relaciones humanas. Se asegura que el pudor es privativo de nuestra especie y que su ausencia es síntoma inequívoco de locura y perversión.

No se menciona, por supuesto, que el pudor es otra de las invenciones que buscan reprimir la sexualidad y que nace justamente con el derecho de propiedad y los celos. Las sagradas escrituras se limitan a narrar la vergüenza que sintieron nuestros primeros padres de sus genitales cuando tuvieron la desdichada ocurrencia de saborear el fruto del Árbol del Bien y del Mal.

Desde entonces, con el pretexto del pudor, se nos ha enseñado a avergonzarnos de nuestro sexo y a publicitar lo agradable que resulta el misterio y la oscuridad en estas materias. Hubo tiempo en que las parejas cristianas copulaban vestidos con largas túnicas de tosca tela que, en el sector correspondiente, disponían de un par de agujerillos aptos para las entradas y salidas. Con eso se lograba que los individuos no tuviesen malos pensamientos, no se rozaran las zonas erógenas y el semen fuera directamente orientado a la formación de un nuevo ser. La lujuria y el goce sexual, entonces, era considerado como pecados, y la castidad el tobogán más delicioso para alcanzar el reino de los cielos. Afortunadamente, esas concepciones han sido revisadas y hasta los más enérgicos aceptan hoy que en el sexo es posible gozar.

Quedan, sin embargo, muchos prejuicios. Todavía, y por mala costumbre, se piensa que el coito es mejor de noche, a oscuras y que la exhibición de los genitales es obscena. De ahí el auge de las lamparillas de bureau y la decadencia de los exhibicionistas y los “streakers”. De ahí también el éxito del “strip-tease” y de los balnearios.

Lo expuesto, empero, no quiere decir que el pudor carezca de aristas positivas. Como se vive en un universo pudoroso, la impudicia progresiva contribuye a la excitación. Por su formación, el ser humano alcanza altos grados de excitación cuando poco a poco va descubriendo los secretos geográficos de su pareja.

Pero esto es sólo para los efectos de la estimulación. Ya encerrado en un cuarto o dispuesto al coito, el pudor aparece tan inútil como un hipopótamo en una función de ballet.

En una situación ideal en que la pareja se encuentra ya en una habitación a puerta cerrada y debidamente estimulada, surgen algunas preguntas básicas: ¿Cómo desvestirse?: ¿desvestirse uno mismo?, ¿esperar que lo desvistan?, ¿desvestir primero al compañero? o ¿desvestirse mutuamente? En el entendido que bajo el lema de ¡abajo el pudor!, hay en todo caso la necesidad de desvestirse.

Esto porque, aunque suene reiterativo, el sexo se disfruta más en la desnudez.

Tratemos de resolver los interrogantes:

a)  Cómo desvestirse.  La respuesta depende de cada situación. Si los individuos están en una posición de extrema urgencia es posible que irreflexivamente (y velozmente) se despojen de sus ropas y se avalancen el uno sobre el otro. No es raro que en camino de la habitación ya se hubieran hecho desprendimientos fundamentales y el asunto aparezca resuelto al borde del lecho. En este caso, el coito llega a consumarse en plazo breve. Si los individuos pueden esperar, están en condiciones  de hacer del desvestirse un rito sumamente excitante.

Se trata en realidad de que en el acto se consiga mantener y ascender el nivel de la estimulación. Para ello, hay que orientarlo a satisfacer preferentemente la vista y el tacto. La vigencia del strip-tease  proviene del hecho de que un sujeto se va desprendiendo lentamente de piezas claves de sus vestiduras y la excitación alcanza su mayor nivel cuando el sujeto se arranca la última prenda y queda desnudo. Combinando esta técnica con la posibilidad de estimular paralelamente la vista y el tacto, se gana una doble excitación que en el espectáculo teatral es imposible. En consecuencia, la mujer debe desvestirse con la razonada intención de la stripteasera, permitiendo de vez en cuando el acercamiento directo al compañero. En cuanto a éste, si bien es cierto que la mujer no se excita demasiado por el desnudo masculino, tiene apetencias de sensaciones táctiles y gran curiosidad por el pene y la consistencia que ha ganado en los preparativos. En buenas cuentas, siendo la nuestra una cultura fálica, la mujer se excita con la visión del pene erecto. Por lo tanto el varón ha de desvestirse procurando darle en el gusto y favoreciendo siempre los tocamientos directos o indirectos.

Eso, cuando cada uno se desviste por su lado.

b)  Esperar a que lo desvistan.  Muy excitante puede ser esperar a que lo desvistan a uno. El que espera pasivamente ser desvestido puede recibir muchas y gratas sensaciones eróticas. Todo depende de que el que lo haga sepa lo que está haciendo. Desvestir al compañero supone una sabia técnica en la que cada zona descubierta va recibiendo paulatina y progresiva excitación. También supone que el desvestido no use prendas complicadas: hay cremalleras que se traban, botones escondidos, cinturones con siniestras hebillas, cierres inicuos. Más de alguna separación se ha generado en las increíbles complicaciones de una faja.

c)  Desvestir primero al compañero. Ciertos amantes prefieren desvestir primero al compañero, estimularlos ampliamente, aun hasta el orgasmo, para proceder luego a desvestirse. El método encierra el peligro de desnivelar los grados de excitación, obstaculizando la gratificación sexual de las dos partes.

d)  Desvestirse mutuamente.  Los eruditos del goce aseguran que desvestirse mutuamente es un camino bordeado de satisfacciones. La pareja que se desviste unida, gozará unida, exclaman. Y no les faltan argumentos. Desvestirse mutuamente resume todas las ventajas de las técnicas anteriores y permite mejorar niveles de excitación. Implica, por cierto, el que los individuos se mantengan en permanente contacto físico y vayan graduando y sugeriendo  exploraciones de cada vez mayor respuesta. Al mismo tiempo, consiguen no interrumpir las secuencias placenteras y llegar al orgasmo después de un largo e incesante tránsito por el erotismo.

Sea cual sea la vida escogida, todo individuo está obligado a ser precavido en materia sexual. Como las oportunidades sexuales acechan, tomar algunas precauciones es indispensable:

1)  No suponer que la ropa es una segunda piel.  La ropa debe lavarse con frecuencia. Quien no se muda a diario de ciertas prendas, especialmente de las interiores, está expuesto a infinidad de vergüenzas, y a desalojar de los más ardientes los deleites de la excitación.

2)  No suponer que el baño es un martirio.  Bañarse hace bien y bañarse todos los días hace mejor. En épocas de calor, hay que bañarse más de una vez al día. Si no se puede, el lugar escogido debe contar con un cuarto de baño o algún medio para suplir la deficiencia. Un olor inoportuno hace descender el termómetro de la pasión a cero.

3)  No suponer que la pareja es masoquista.  Ciertos individuos, generalmente admiradores de Mickey Spillane, piensan que es muy excitante desvestir al compañero a tirones. Están convencidos que desgarrar las prendas una por una es afrodisíaco y enaltece la condición. Lo cierto es que tal actitud sólo ayuda a echar a perder lo avanzado. A menos, claro, que la pareja sea efectivamente masoquista o que el desgarrador se haya comprometido a reemplazar lo destrozado con modelitos de Christian Dior.

4)  No suponer que la pareja es fetichista.  Aunque algunos hombres y mujeres están obsesionados con ciertas prendas de vestir y prefieren que se queden en su lugar (medias negras, sombreros, calcetines, etc.), no es esa una preocupación de la mayoría. Por lo mismo, insistir en hacer el coito conservando los calcetines o el portaligas puede ser contraproducente. En el gozar, igual que en los teatros de revistas, normalmente se prefiere el desnudo total.

Los juegos prohibidos

Desnuda la pareja, está como Shackleton cuando llegó al polo. Tiene todo un territorio por explorar y una agenda de probabilidades en que la brújula es su imaginación. Dispone de medios en abundancia: tacto, vista, olfato, gusto y oído, el viento sopla a su favor y en el horizonte está el fin de la jornada, el orgasmo. En la ruta, una blanca sábana que es el placer. Se trata entonces de hacer que el recorrido sea rico en peripecias. Porque si bien es fácil tomar el trineo, picanear los perros y llegar rápidamente al destino, mil veces más beneficioso es sacarle partido al itinerario y detenerse cuantas oportunidades sean necesarias.

Para eso se ha ideado un conjunto de caricias que los entendidos denominan “juegos preliminares”. Se los llama así ya que incluyen una serie de actividades anteriores al coito que pretenden preparar al organismo para su realización.

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Muchas parejas se abstienen de las relaciones sexuales durante la recta final del embarazo por miedo a hacerle daño al feto.

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Una vez que ha nacido el hijo, algunos padres siguen sin atreverse a hacer el amor, por miedo a sentir dolor, en el caso de la mujer, y el hombre se abstiene por temor a causarlo.

En consecuencia, hay un sentimiento compartido de ansiedad y culpabilidad que se desvanece en cuanto se consulta con el doctor. Es importante no avergonzarse de parecer demasiado ansiosos ante el médico, y atreverse a preguntar cuándo se pueden reanudar las relaciones sexuales.

6 semanas después del parto la mucosa vaginal todavía es débil y el útero no ha restablecido su tamaño normal y su posición. Además, las hemorragias después de expulsar la placenta duran entre 3 y 4 semanas. Por ello, el comienzo de las relaciones íntimas varía en cada caso.

Una vez finalizada la hemorragia vaginal y, si el parto se hizo con normalidad y no hubo incisión en el perineo y la vagina (método que se realiza en ocasiones para facilitar la salida del feto), el tiempo de abstinencia sexual es de 2 a 3 semanas.

En el caso de parto por cesárea, el tiempo de castidad se amplía a 3 semanas. Aunque se puede reducir el plazo si se hacen posturas que eviten que el peso del hombre caiga sobre el abdomen de la mujer.

¿Estoy preparada mentalmente?

A pesar de que pasado un periodo de tiempo, el cuerpo ya está preparado para realizar el coito, la mujer no siempre se siente con ánimo de hacerlo. Esta situación varía según los casos, ya que hay mujeres que desean reanudar las relaciones lo más pronto posible. Se da el hecho de que las madres que amamantan a sus hijos suelen ser las que muestran más interés en volver a tener relaciones sexuales.

El nivel de interés sexual que tienen las madres recién estrenadas no está relacionado con la edad, ni con el número de hijos que tenga.
sexo-tras-embarazoEl bajo interés sexual puede tener diversos motivos:

– La mujer recién parida tiene un cansancio excesivo por el esfuerzo del parto.

– Los horarios del bebé no son fijos y requieren una atención constante para atender la lactancia, todo ello provoca fatiga física y psíquica en la mamá. Además, hay casos en que el recién nacido llora con frecuencia a lo largo de toda la noche y no da tregua a sus padres.

– Si ya se ha dado una relación sexual postparto y ha habido dolor, es fácil que descienda el interés de la mujer a tener un nuevo contacto con su pareja. El dolor puede ser debido a que las cicatrices perineales no estén curadas. O bien, los desgarros en esa zona se han saturado de forma apretada.

– El temor a un nuevo embarazo también puede ser el motivo de abstención sexual para muchas mujeres.

Lo mejor para solucionar estas causas de falta de interés sexual en las mujeres es tomarse un tiempo, hacer una dieta equilibrada y buscar información sobre el método anticonceptivo más adecuado.

Métodos anticonceptivos

La posibilidad de quedarse embarazada durante el primer mes y medio tras el parto es muy pequeña, ya que prácticamente no hay función ovárica. La aparición de la menstruación normal varía según los casos, pero hay que tener en cuenta que la lactancia retrasa ese momento. También se debe señalar que las mujeres que tienen hijos anteriores menstrúan antes que las primerizas.

Antes de reiniciar los métodos anticonceptivos conviene saber:

– Mientras dure la lactancia, el método no puede ser hormonal, tanto si es oral como inyectado, ya que las hormonas podrían transmitirse al bebé a través de la leche materna. En cambio, las mujeres que no dan el pecho pueden utilizar el método que ya usaban antes del embarazo, una vez que les haya venido la primer regla tras el parto.

– El DIU (Dispositivo Intra Uterino) se debe usar una vez que el útero recupera su tamaño y lugar inicial. Se recomienda esperar hasta que finalice la primera regla para implantarlo, porque acostumbra a ser una menstruación abundante.

– El preservativo no presenta ningún problema para usarse tras el parto.

Una consulta con el especialista te ayudará a saber cuándo puedes reanudar tus relaciones sexuales y qué método anticonceptivo te irá mejor.

amor-relaciones sexuales

Pocos buscan razones para disfrutar de los placeres del sexo, pero son muchas las que hacen de éste una de las actividades más beneficiosas que existen.

 Alarga la vida, alimenta la autoestima y mejora tu salud. ¿ Se puede pedir más ? Al sexo sí.

1.- Adiós a los problemas

Durante el acto se liberan hormonas que permiten la relajación muscular. Por ello, hacer el amor es uno de los mejores antídotos contra la ansiedad y el estrés que existen.

Tampoco la depresión escapa a los tentáculos del sexo. Las hormonas de la felicidad, llamadas endorfinas, aumentan la sensación de bienestar. Junto a ello la oxitocina, una sustancia que contrae el útero durante el orgasmo, promueve sentimientos de afecto combatiendo la depresión.

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2.- Mejora la memoria

De nuevo el orgasmo es el responsable de este inestimable efecto. Así, éste provoca una pequeña pérdida de consciencia que dura unos segundos y que el cerebro aprovecha para descansar y recargar energías. Por ello, cuanto más descanse tu cerebro más lo notarás.

3.- Cuerpo 10

Para terminar con la celulitis y mejorar la forma física ya no es necesario sufrir en el gimnasio. Hacer el amor es uno de los mejores ejercicios que existen pues tonifica todos los músculos del cuerpo.

Además, disfrutar del sexo mejora la circulación linfática, eliminando toxinas en la zona de los muslos, y combatiendo la celulitis. Por si esto fuera poco, también favorece un aumento en la secreción de agua y aceite de las glándulas sudoríparas, con lo que se hidrata y embellece la piel.

4.- Placer suavizante

¿ Quieres una piel de terciopelo ? El secreto se encuentra en los estrógenos. Mientras hacemos el amor producimos gran cantidad de estas hormonas que aportan suavidad a la piel y brillo al cabello.

Además, el sexo ayuda a mejorar y prevenir erupciones, rojeces, manchas o cualquier otra imperfección que pueda aparecer en la piel.

5.- Descanso reparador

Si hace tiempo que no descansas cuando duermes o te cuesta conciliar el sueño, olvida cualquier remedio aburrido. Hacer el amor te ayudará a relajarte pues los cambios bioquímicos que se dan en el acto sexual provocan laxitud y eliminan cualquier tensión y ayudando a conciliar el sueño.
Si practicas algún deporte o necesitas levantarte llena de vitalidad nada mejor que hacer el amor esa noche. Verás que despertar.

6.- Inyección de autoestima

El sexo provoca una sensación de bienestar que nos hace sentirnos mejor con nosotros y nuestro cuerpo. Te sientes más atractiva y eufórica y los demás, por supuesto, te ven mejor.

¿ Resultado ? Más sexo. Lo que provoca la secreción de más cantidad de feromonas que, a su vez, atraen a los hombres. El sexo llama al sexo, pero recuerda disfrutarlo tomando todas las precauciones necesarias.

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7.- A pedir de boca

Besar es el complemento perfecto para el sexo. Con ello se segrega más saliva que limpia los dientes de restos de comida y disminuye el nivel de ácido en la boca. Así la dentadura queda protegida de la caries y la placa dental.
Si necesitas más razones, debes saber que besar con frecuencia mejorará el color, la forma y el volumen de tus labios.

8.- Mueve el corazón…

Hacer el amor previene los problemas del corazón ya que en el orgasmo disminuyen las plaquetas, células responsables de la coagulación. Esto supone una mayor fluidez del torrente sanguíneo y una mejor circulación.

A ello se suma las ya mencionadas endorfinas, que también ayudan a relajar las paredes de las venas y arterias reduciendo de este modo las posibilidades de sufrir un infarto. Esto significa no sólo estar mejor si no vivir más.

9.- ¿ Dolor de cabeza ?

Nunca existió una excusa más atrevida y menos fundada para eludir un encuentro sexual. Como ya se ha mencionado antes, hacer el amor aumenta el riego sanguíneo. Esta consecuencia es precisamente lo que hace que el dolor de cabeza desaparezca en favor de otras sensaciones más placenteras.

10.-Vivir, más y mejor

En resumen, y cómo se ha podido comprobar, tantos beneficios no pueden hacer otra cosa que mejorar y alargar la vida.
Está demostrado que las personas que disfrutan en su vida cotidiana de relaciones sexuales frecuentes y de su dosis de afecto diaria, viven más. ¡Compruébalo!

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vibradores

La tecnología en el sexo

El uso de la tecnología es tan cotidiano para nosotros como hablar desde un, cada vez más ligero, aparato móvil con alguien que está a kilómetros de nosotros. En poco tiempo, hemos aprendido a disfrutar de las ventajas de estos aparatos. Sin embargo el uso de la tecnología en el sexo sufre un tratamiento diferente.

Los tabúes sobre determinados temas sexuales han permanecido, y permanecerán un poco más, en la sociedad.

juegos-sexualesPor eso, algunas mujeres tienen reservas ante el uso de un vibrador. Algunas piensan que no es algo natural, que no es necesario o temen que el vibrador se convierta en una muleta sexual y nunca puedan librarse de él.

Lo cierto es que excitarse y provocar una reacción orgásmica por mediación de un vibrador es, en cuanto a experiencia física, tan básica y natural como la obtenida por otras formas de autoestimulación.

No se debe olvidar que hay alguien detrás del aparato y quien controla el vibrador es usted o su pareja.

Recuerde que el uso del vibrador no tiene como función exclusiva la masturbación en solitario. También puede usarse, si uno lo desea, como complemento a los juegos sexuales de la pareja.

Algunos hombres disfrutan de la estimulación del vibrador en sus genitales. Otros encuentran la vibración demasiado intensa. De cualquier forma, casi todas las parejas pueden encontrar una aplicación placentera.

¿Qué es exactamente un vibrador?

Básicamente es un aparato relativamente pequeño, que se puede sostener con la mano y que vibra con un ritmo rápido y constante. Pueden estar alimentados con pilas, o bien conectados a la red y vienen en tamaños y formas diferentes. Algunos están preparados para vibrar a distintas velocidades.

Cuando uno se estimula manualmente los genitales, frota, acaricia y masajea, es decir: lo mismo que hacen los vibradores, con la diferencia de que los vibradores lo hacen con mayor rapidez, de forma más continua, puesto que no se cansan y con mayor intensidad.

¿Cómo encontrar el vibrador adecuado?

Los vibradores (a menudo llamados aparatos de masaje) se venden en muchos sitios, como farmacias, grandes almacenes o en sex-shops.

Las cualidades que debe tener en cuenta es si es fácil de sostener, si se adapta bien a su mano… Si le es posible, ponga en marcha los modelos que le interesan para poder percibir las vibraciones. Algunos modelos le harán sentir mejor que otros.

Compre un aparato sólido, seguro, no demasiado ligero (hace falta que el motor sea lo suficientemente potente, lo que suele implicar no demasiada ligereza en cuanto a su peso), silencioso y fácil de manejar.

Si le produce demasiada vergüenza ir en persona a adquirir su vibrador o simplemente no quiere moverse de casa, Internet ofrece un gran surtido de este producto y puede comprarlo sin moverse de casa.

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Es importante saber cómo somos y aceptarnos a nosotros mismos para poder disfrutar de nuestras relaciones y de nuestra erótica.

Para ello, nada mejor que vivirla de una forma coherente: expresar lo que queramos, cuando y con quien nos apetezca ¡y esto no es fácil a veces!

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En ocasiones nos confundimos y tenemos la sensación de que no lo hemos pasado bien, aunque hayamos hecho exactamente lo mismo que otras, y efectivamente lo importante aquí no es las cosas que hagamos, sino cómo lo estemos viviendo.

Por eso, lo que a unos les resulta placentero, a otros les aburre o les disgusta y lo que un día podemos disfrutar a lo mejor no lo hacemos en otro momento.

La erótica, ¡eso sí!, tiene infinitas posibilidades, y cuando hablamos de relaciones, todas valen, siempre que no haya nadie en desacuerdo, unas cosas pueden parecer más raras o menos frecuentes y muchas de las prácticas que nos pueden gustar no saldrán en las películas, pero aquí solo hay una regla:

“Las relaciones están para disfrutarlas”

  • Tanto si se tiene pareja como si no, las relaciones eróticas son igual de válidas.
  • Tanto si se realiza el coito como si no, las relaciones eróticas son igual de completas.
  • Tanto si se tienen orgasmos como si no, las relaciones eróticas pueden ser placenteras.

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Para disfrutar con lo que hacemos no hay trucos ni recetas, como decíamos, cada persona es única ¡Y aquí se nota! ¡Es imposible que a todas nos gusten las mismas cosas! Por lo tanto, más que seguir indicaciones, es importante buscar nuestro camino, pues cada persona tiene uno distinto, y podremos pedir ayuda cuando nos surjan dudas, ¡cómo no!, nadie va a “resolver” el tema por nosotros.

Por si acaso, ahí van unas claves para plantearnos:

1.- Con miedos no se disfruta igual

¡Claro que no! Cuando nos metemos con alguien “en la cama” ¡Hay que estar al 100%! ¡Y no vale estar pensando en otra cosa! Para pasarlo bien no se nos puede cruzar por la mente el miedo al embarazo, a contraer una infección… por eso, hay cosas que es mejor pensarlas y hablarlas antes, para tener previsto qué método vamos a utilizar… ¡Y dedicarnos a disfrutar!

2.-La otra persona no siempre sabe lo que nos gusta

¡O al revés! A veces nos encantaría “quedar siempre bien” y que el/la otro pudiera decir “¿Qué bien me lo he pasado!”

Pero por suerte ¡Si, por suerte! En una relación se trata de algo más que de interpretar un papel o tocar lo genitales de una determinada manera, y una vez más, si cada uno de nosotros somos únicos ¡Los otros también! Por eso las relaciones siempre tienen que estar abiertas a lo que el otro nos quiera decir, y al revés, tenemos que hacer ver a nuestra pareja lo que nos va gustando y lo que no, al fin y el cabo se trata de pasarlo bien no de obtener un “sobresaliente”, por eso no importa la “experiencia”pues la primera vez con cada nuevo compañero es como la primera de todas las primeras veces, y no por eso va a ser menos placentera.

Tener una relación no es como ir a un examen donde tenemos que ” aprobar”, se trata de mostrarnos como somos, respetando los deseos del otro pero también expresando los nuestros.

3.- Se puede disfrutar sin penetración

¿¡Pero no hemos dicho que todas las relaciones son completas?! Y el coito, la penetración, es una más, pero ni la única, ni la mejor, ni la más importante. Cada uno disfrutará a su manera, y no todo el mundo prefiere el coito.

La penetración es una opción pero no tiene por qué eliminar todo lo demás, y mucho menos convertirse en lo que definirá que una relación haya salido bien o mal. Tenemos muchas opciones y maneras de disfrutar.

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