Salud sexual

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Enfermedades-alteraciones-sexualidad

Sexo y problemas cardíacos

En las relaciones sexuales se dan modificaciones importantes de la dinámica circulatoria:

  • La presión arterial se eleva entre 40 y 80 mm. la sistólica, y entre 20 y 50 mm. la diastólica.
  • El ritmo respiratorio aumenta hasta 40 respiraciones por minuto (cuando lo normal es alrededor de 12).
  • El corazón aumenta también la frecuencia de sus latidos (entre 100 y 175 por minuto).

Todo ello supone un esfuerzo cardíaco que, como es lógico, en algunos casos puede llevar aparejados peligros.
Pero es preciso tener en cuenta que este esfuerzo cardíaco dura muy poco tiempo y que es comparable al exigido para subir un par de pisos.

En términos generales, el corazón es capaz de soportar este esfuerzo sin ninguna alteración. Incluso, cuando ha existido alguna patología, un infarto, por ejemplo, se recomienda al paciente la vuelta a una actividad normal plena (incluida la sexual). En algunos casos, pocos, puede existir la contraindicación para las relaciones sexuales y es al especialista a quien corresponde establecer las indicaciones y los límites.

Enfermedades-alteraciones-sexualidad

La Mente y el Sexo

Todas las enfermedades psiquiátricas, en la medida que interfieren la personalidad global del sujeto, provocan alteraciones de la sexualidad.

La depresión, generalmente, inhibe el deseo sexual y si es muy intensa puede llevar aparejada una impotencia. Los medicamentos antidepresivos suelen también interferir en la relación sexual.

En casi todas las neurosis se modifica el funcionamiento sexual: surge impotencia relativa en el varón y anorgasmia en la mujer.

En enfermedades como la psicosis las alteraciones son más graves y se pueden producir de maneras diferentes: desde hipersexualismo exarcebado, en los individuos en los que han desaparecido los aspectos afectivos, hasta impotencia, pasando por el amplio abanico de las perversiones.

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ejercicios-kegel

La descripción más apropiada es aquella que asocia el Músculo Elevador del Ano con una hamaca sobre la que se recuestan o apoyan las vísceras en el abdomen, siendo el Músculo Pubococcígeo (MPC) las ramas inferiores y centrales de dicha hamaca.

El MPC, al igual que todo el Elevador del Ano, es un músculo que debido al trabajo que realiza permanentemente sin que el individuo se de cuenta, se mantiene relativamente tónico y potente pero se va estirando y arqueando perdiendo así parte de sus funciones.

ejercicios-kegel

En la mujer, el MPC circunda la vagina a la manera de una bufanda con ramas circulares de 2 a 3 cms. de ancho y, usualmente, es más gruesa y potente la porción derecha del músculo. En el hombre el MPC circunda la uretra y la próstata. La tonicidad de este músculo -el MPC- parece determinar la aparición de algunos orgasmos en hombres y mujeres y se asocia, adicionalmente, con beneficios tales como la prevención de incontinencia urinaria, de cistitis, de enuresis, de cólicos menstruales, de anorgasmia, de vaginismo, de dispareunia, de estreñimiento y muchos más.

El control del MPC y su tonicidad y potencia pueden determinar en el hombre un mayor control sobre la eyaculación de manera que pueda retardarse, mientras que en la mujer puede determinar la consecución más fácil de orgasmos y la disminución de las molestias que se le presentan por la penetración. Para lograr ese control y la tonicidad y potencia adecuados existe un programa para la rehabilitación de ese músculo que se denomina Ejercicios de Kegel en honor de quien los propuso como mecanismo de intervención en disfunciones sexuales y otras problemáticas.

Cualquier persona puede iniciar su entrenamiento de identificación del músculo mediante la detención de la micción. Así, al comienzo y con la vejiga llena, el individuo debe permitir que se inicie la salida de la orina, y una vez que esté fluyendo la orina debe intentar detenerla. El músculo que es capaz de detener el flujo es el MPC. Cada individuo debe aprender a reconocer el trabajo y sensación asociados con la contracción del MPC para que le sea fácil, posteriormente, contraer el músculo sin necesidad de estar deteniendo el flujo de orina. El ejercicio debe realizarse dos o tres veces deteniendo la orina y luego permitir el vaciado de la vejiga para repetirlo nuevamente en la próxima micción. Una vez que se ha identificado el músculo y que es posible moverlo y contraerlo sin necesidad de esperar a tener la vejiga llena para detener la orina, entonces deberá realizarse el entrenamiento formal:

Ejercicios de Kegel

Paso 1: Realice inicialmente series de 10 contracciones, tres series cada vez y tres veces al día para un total diario de 90 contracciones. Estas contracciones deberán ser inicialmente cortas y suaves y con un período de relajación del músculo de igual duración al de la contracción. Esta fase durará dos semanas.

Paso 2: A medida que se va ganando en potencia y resistencia musculares, las contracciones podrán ser cortas pero más fuertes y los períodos de relajación más cortos que los de contracción. En esta fase deberán realizarse tres series de 15 contracciones cada una; tres veces al día para un total diario de 135 contracciones. Esta fase durará dos semanas.

Paso 3: A partir de la quinta semana se realizarán tres series de 20 o más contracciones cada una, tres veces al día, para un mínimo diario de 180 contracciones que deberán ser ahora fuertes y largas con períodos de relajación muy cortos y períodos de contracción de unos 3 segundos. Este hábito debería mantenerse idealmente de por vida  aunque la potencia, resistencia y tonicidad del músculo sean ideales.

En algunos casos, especialmente en las mujeres, es difícil identificar el músculo por cuanto la contracción con la que se detiene la orina involucra músculos de las piernas. Para eliminar este inconveniente, hombres y mujeres encontrarán más fácil la identificación del MPC si al comienzo mantienen las piernas bien abiertas -las rodillas muy separadas.

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Histerectomia

La histerectomía es entendida globalmente como la extirpación total o parcial del útero, algunas veces incluyendo la extirpación de uno o ambos anexos u ovarios.

La mayoría de las veces se realiza esta cirugía en casos de relajamiento pélvico o de fibromas benignos más que por problemas de cáncer como lo supone el común de la gente.

Recordemos, sobre promoción de salud sexual femenina, que una buena tonicidad de los músculos pélvicos lograda con ejercicios de Kegel usualmente se anticipa a estas problemáticas y hace innecesaria la cirugía.  El prolapso o invaginación del útero o los fibromas benignos son frecuentemente evitados o controlados con estos ejercicios.

Histerectomia

Con cierta frecuencia encontramos como motivo de consulta posterior a una histerectomía que la paciente ha perdido su condición original orgásmica y ahora se le dificulta alcanzar ese placer o incluso se le hace imposible.

Los cirujanos y ginecólogos usualmente niegan o ponen en duda alguna relación entre histerectomía y pérdida del placer sexual pero tenemos claras evidencias de la importancia y participación del útero en TODAS las fases de la respuesta sexual y particularmente en los orgasmos.

Sin lugar a incertidumbre, al extirpar el útero necesariamente se cortan fibras nerviosas tanto motoras como sensoriales involucradas en la respuesta sexual de la paciente lo que causará alteraciones o dificultades para obtener el mismo placer que antes de la cirugía. Algunas consecuencias han sido particularmente dramáticas, pero usualmente son leves y recuperables con buenos ejercicios pélvicos (300 o más contracciones diarias de Kegel) y un buen reentrenamiento respecto de la respuesta sexual con adecuados juegos previos e intensa estimulación para promover la regeneración nerviosas de la zona pélvica.

La paciente que esté experimentando este déficit en el placer sexual posterior a su histerectomía debe concentrarse en practicar intensivamente juegos sexuales que exijan a su aparato genital con el fin de reactivar las inervaciones, crear nuevas y aumentar el flujo sanguíneo. Las repeticiones han mostrado recuperación rápida de la condición sexual para obtener placer más o menos con la misma facilidad disponible antes de la operación.

Los ejercicios de Kegel, indispensables en este proceso, deben darse paulatinamente hasta alcanzar por lo menos 300 contracciones diarias que pueden ser repartidas en tres momentos con 3 series de aproximadamente 35 contracciones cada una.  En la mañana 3 series hasta completar 100 contracciones, repetir al mediodía y terminar en la noche.

Para quienes no han practicado estos ejercicios se recomienda comenzar con contracciones suaves y cortas una semana, luego contracciones fuertes y cortas un par de semanas y en adelante y de por vida, contracciones fuertes y largas.

Como las contracciones predisponen al aparato genital para una relación sexual, recomendamos realizar un buen número de contracciones previo a cada encuentro sexual.

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alargamiento de pene

Preocupa mucho a ciertos hombres y mujeres el tamaño del pene masculino.

¿Cuáles son realmente las medidas máximas y mínimas? ¿Cuánto mide un pene normal? ¿Cómo se acopla a la vagina?

Se han hecho bastantes investigaciones y encuestas sobre este tema. Podría parecer un detalle más bien curioso o anecdótico y, sin embargo, lo real y cierto es que produce preocupaciones y problemas.

A través de estas investigaciones , puede decirse que el tamaño medio o normal del pene en estado de erección, es de unos 15 centímetros de largo y 9-11 centímetros de perímetro. Esta medida viene a ser, como decimos, la media o normal en términos estadísticos.

penes grandesConviene aclarar que el modo de tomar las medidas en cuanto se refiere a la longitud ha sido siempre partiendo del comienzo o nacimiento del pene, junto al hueso del pubis, hasta la extremidad última o final del glande.

En cuanto al grosor o circunferencia, las medidas se han tomado a dos centímetros y medio del glande, es decir, lo que puede ser considerado como el cuerpo del pene.

Suele pensarse que hay una proporción entre el pene en estado reposo y en estado de erección. Hay que tener en cuenta la dificultad de una medida exacta del pene en su estado fláccido. La razón es simple: varía según la circulación de la sangre, según el estado del mismo individuo, del calor, del frío o de su estado de ánimo. Sin embargo, en un cálculo de aproximación llevado acabo por diversas encuestas, se estima la medida normal o media del pene en reposo en unos 9 o 10 centímetros de largo y entre 7 y 9 centímetros de circunferencia.

Alargamiento de pene y corrección de curvaturas

En el asunto del tamaño del pene, como en todo, la perspectiva con que se enfoque la cuestión es lo que importa.

Por un lado, uno se puede preguntar:

¿Cuán grande ha de ser un pene para cumplir con su deber en las labores de la procreación?

¿Cómo debe ser de grueso para que la vagina de la mujer se adapte sin problemas?

¿Importa realmente el tamaño del pene?

pene curvadoA todas estas preguntas se puede responder de forma sencilla y rápida, diciendo que el tamaño no importa, que lo que importa es la habilidad de la persona, los sentimientos… que la vagina se adapta a cualquier tamaño porque es flexible.

Ahora, cabe preguntarse si estas respuestas resultan convincentes para quien las lea.

Muchos hombres se sienten acomplejados, o preocupados, por el tamaño de su pene, lo que repercute en la seguridad con que afrontan sus relaciones sexuales. Además, no siempre el tamaño del pene va directamente asociado al factor sexo.

Es tan fácil como repasar cuál ha sido la evolución de la estética femenina en las últimas décadas.

Los primeros implantes de silicona fueron objeto de críticas y comentarios favorables y llenaron muchas páginas en la prensa, revistas, programas de radio y televisión. Estas intervenciones han ido evolucionando hasta convertirse en un tratamiento rutinario al que se someten cientos de miles de mujeres en todo el mundo. A estos implantes hay que añadir el resto de tratamientos estéticos, desde la depilación definitiva hasta el relleno de labios.

¿A qué se debe este fenómeno?

Para estas preguntas no existe una sola respuesta, como tampoco la hay para el hombre que desea agrandar su pene.

Algunas mujeres lo hacen por pura coquetería, otras porque están acomplejadas y se sienten inseguras con su físico, lo que repercute en otros muchos factores de su vida. Y están aquellas que, por un problema médico o, a partir de una accidente, deben recurrir a la estética.

No todas las mujeres recurren a implantes mamarios para disfrutar más en la cama o para que disfrute su pareja. Es una decisión personal en la que seguramente entre en juego la necesidad de gustarse y de gustar, el deseo de ganar en seguridad, mejorar la apariencia… incluso por razones laborales!!

En el caso del hombre y su pene, no tiene porqué ser diferente.

Un pene mayor puede resultar en una mayor confianza, lo que, en el momento de las relaciones sexuales, se traduce en una erección más fuerte y duradera. El sistema nervioso parasimpático determina el tipo de erección, y éste, a su vez, está condicionado por el entorno y por las sensaciones del hombre en el momento de mantener una relación sexual. Cuanto más favorables sean esas circunstancias, mas fácil será que el hombre tenga una erección buena y duradera. Por lo tanto, la seguridad que tenga en sí mismo es fundamental. Esa seguridad se traslada y se transmite, sin ningún tipo de duda, a otras facetas de su vida.

Afrontar una nueva relación, mostrarse desnudo en vestuarios, playas o frente a la pareja… puede generar inseguridad e incluso complejos.

Por último, están los dos extremos. Por un lado, los hombres cuyo pene no alcanza lo que se considera una medida normal (algunos deben recurrir sin remedio a la cirugía, mientras en la mayoría de los casos se soluciona ganando una par de centímetros más). Y, por otro, los hedonistas, los hombres que disfrutan cuidando de su cuerpo. Ellos nunca se preguntan si el tamaño de su pene es normal porque, aunque lo sea, siempre estarán dispuestos a mejorar la marca.

En el caso de los extensores peneales, destacar la presencia en el mercado mundial de la compañía líder, de nacionalidad española, ANDROMEDICAL.

Los estudios científicos llevados a cabo con el aparato ANDRO-PENIS, tanto para alargar el pene como para corregir curvaturas, prueban su eficacia.

Alargamiento de pene y corrección de curvaturas

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alargamiento de penePara darle solución al tamaño del pene, existe la psicología, la andrología, la urología y la sexología. Hay soluciones que requieren una intervención quirúrgica, como en el caso del micro pene, y otras menos “invasivas”, como es el caso de los aparatos médicos extensores que se acoplan al pene de forma sencilla y discreta y que permiten llevan una vida normal mientras se logran hasta cinco centímetros más de longitud y una centímetro más de grosor.

También es necesario advertir que no todo vale. Es necesario informarse y conocer las diferentes soluciones que se ofrecen en el mercado, ya que algunas resultan fraudulentas y otras ni siquiera garantizan resultados. La “soluciones” fáciles, como es el caso de las pastillas, los masajes, o las bombas de vacío, no pueden clasificarse dentro del apartado de soluciones. Sus resultados, si es que los hay, no son permanentes y tienen efectos secundarios.

Sea cual sea la explicación, a muchos hombres, como a muchas mujeres, no les sirve de consuelo la explicación de que el tamaño del pene no importa, como tampoco importa el tamaño de los pechos. Es una cuestión que cada uno debe resolver de la mejor manera.

La obsesión del pene enorme continúa haciendo de la suyas. Un problema que no es tal, pero que contribuye al sufrimiento

Si de problemas sexuales se trata, éste puede ganarse las palmas del interés más general. Definido, caracterizado, rodeado de piadosas falacias, propicia la confusión y atrae al retozón animalejo de la angustia.

Un 80% de la consulta sexológica corriente, un 85% de las cartas que reciben las revistas especializadas y un 90% de las interrogantes de los varones medianamente informados, caen en estos ámbitos en que un centímetro más es capital y trascendente.

longitud-penePatética cuestión, delicado asunto, que, de cualquier modo, exige aclaraciones y meditaciones.

Tal vez la pregunta inicial sea “por qué?”, sobre todo al amparo de la fatalidad biológica que no ofrece otras salidas que la resignación. ¡Pero cuántos dramas están agazapados o a la vista en este fútil asunto!

La mitología popular, además, no se cansa de repetir las excelencias de los grandes tamaños. En las paredes de los baños, al igual que en las cavernas de los primitivos, la preocupación está a la vista, sin adornos, sin escamoteos. Abundan las frases pícaras, los gestos insultantes o regocijados de los que muestran, frente a frente, las palmas de las manos, la rezagante condición de un buen tamaño. E incluso algunos buenos chistes frankestenianos sobre trasplantes exitosos. Hasta en la turbia opción del desviado sexual, cabe su ejemplo vivo que aterra a damiselas pudibundas; en los parques y plazas, en un gesto que la práctica ha hecho rápido y ceremonial, el exhibicionista lucirá su primoroso símbolo. Para que recordar las competencias de los adolescentes o las leyendas pornográficas de varones abundantes o los primeros planos de las revistas triple X y del Internet demostrativos de una fauna especial de buscadores de talento con largas cintas de medir.

Mejor será, aunque las verdades científicas resultan insuficientes, retomar el problema, procurarse respuestas, dar un poco de luz a los que sufren.

Sin embargo, ¿dónde habrá de ubicarse entre tantas cuestiones, ésta tan esquiva y azarosa?

Posiblemente en el ámbito de las más remotas y, acaso, inexplicables obsesiones humanas; aunque eso aclararía muy poco. En un campo todavía misterioso, el hombre primitivo desglosa lo genital y, en seguida, lo glorifica: al falo le otorga la calidad de síntesis de su superioridad sobre las fuerzas de la naturaleza, a la vagina la de totalidad del mundo que empieza a conocer. Simbolismo obvio si se piensa en la genitalidad como algo mágico, como principio de fertilidad y sobre-vivencia y que, curiosamente, pareciera no privativo de lo humano.

Existe una especie de monos en que el simbolismo fálico se expresa con notable vigor; terminada una riña entre dos machos, el vencedor pasa su pene erecto sobre la cara del vencido. Para la especie humana, el recuerdo biológico se convierte en obsesión.

Esta, en el varón, se manifestará desde sus primeros símbolos y utensilios: la vara del patriarca, los ritos de iniciación, el cetro del rey, las estatuas de Príapo mostrando una erección; los fáscinum, penes metálicos, colgando del cuello de las matronas romanas; los menhires, la torre de Pisa, los obeliscos, los grandes edificios que nos trajo el progreso.

Tal habría sido el principio.

El Embrujo de la Contundencia

A despecho de las feministas que, a menudo, prefieren ignorar los senderos de la biología, un día muy temprano de la infancia varones y mujeres descubren sus diferencias. Nada de elaboraciones intelectuales o culturales, pura y simple observación directa que conduce a otro punto de partida, y, por qué no, a otra obsesión.

El padre del sicoanálisis, Freud, resumirá el desconcierto inicial con las nociones de envidia del pene y complejo de castración: la mujer anhela aquello que no tiene y el varón sufre la ansiedad de perderlo. La condición de ambos queda, en cualquier caso, marcada en ese instante traumático. El “vive la difference” de los franceses, se constituirá en el arma para conjugar esos miedos irresueltos, esos sombríos sentimientos de envidia o temerosa espera, grito sin más finalidad que identificarse en su condición, reconocerse en sus genitales, ser en suma.

También aquí la obsesión de alejarse de todo lo que pueda confundir con el sexo opuesto, por apartarse de eso que se comparte, de la bisexualidad fundamental. La envidia evoluciona hacia necesidad de diferencia, el temor a una constante reafirmación.pene-grande

“El hombre es como su pene -ha dicho Stekel-. El pene es una imagen del hombre entero.” Mejor parece, empero, decir que el ser humano es como su genitalidad. Realmente su potencialidad de ser está en la cabal comprensión de ese primer atisbo diferenciador que explica además la razón del mito.

Quién haya visto las esculturas eróticas en los templos hindúes, observará que allí, junto con plasmarse toda una concepción del mundo, lo masculino y lo femenino son destacados desde la genitalidad. Los grandes tamaños son el centro mágico de donde fluye la posibilidad del orden universal, la unidad de los contrarios.

Podría, ciertamente, argüirse que un planteamiento semejante limita la vida humana, pues la mira sólo desde lo primario, desde la genitalidad, negando sus conquistas éticas y culturales. Pero esta argumentación es verdadera a medias: la invención del amor ha conseguido canalizar el instinto, sofrenarlo, injertarle en sus manifestaciones convenciones y normas, haciendo de él muchas veces algo sucio o abominable. Mas, en el momento en que los individuos se sacuden ese conjunto de agregados, cuando realmente pierden toda significación, la genitalidad recupera primacía, pene y vagina pasan a ser los únicos factores decisivos. Es embrujo de la contundencia que se ha de reflejar en la apremiante urgencia de la penetración y en la ávida respuesta de lo penetrado. “Sólo en el orgasmo es posible atisbar el infinito”, se ha dicho. Por lo mismo, aquí estará esa aparentemente inútil necesidad de sectorizar, de desglosar, de mantener en alto la bandera de lo que se es, tenazmente.

Las Preferencias Más Particulares
Hubo tiempo en que los investigadores de la sexualidad procuraron la resolución de las angustias a través de la búsqueda de una respuesta general de preferencias y, por cierto, fracasaron en su intento. Sólo encontraron seres confundidos o ya definidos en una alternativa entre genitalidad y afecto.

Hay muchos modos de concebir papeles y objetivos. Si para unos lo sexual no es más que piel y orgasmo, para otros es comunicación, sentimiento y armonía. Están los que quieren la opulencia de la carne, la majestuosidad de los grandes tamaños, y los que se quedan en las tenues sutilezas del espíritu.

Si para unos lo sexual no es más que piel y orgasmo, para otros es comunicación, sentimiento y armonía.

En términos puros, es posible que el varón sienta la necesidad de tener como rasgo distintivo algo más que un proyecto y la mujer prefiera lo grande a lo pequeño, no en vano ambos resultan de la misma experiencia biológica. Pero la realidad, por dura que sea, termina imponiéndose y generando, a la vez, fórmulas de adaptación. La técnica suple las carencias y el amor rellena las ansias ancestrales. Si esto no ocurre, sobreviene la catástrofe.

Pensemos nada más en un ejemplo: el de los homosexuales. La relación homosexual es preferentemente genital y, por lo mismo, da extremada importancia a esta cuestión de los tamaños.

“Al querer un hombre -dice Webster Cory- se siente seguro de haberlo hallado si los símbolos de la hombría son pronunciados, si incluso son exagerados.”

Y agrega no sin cierto cinismo: “Porque si el pene es tan bueno, entonces, cuanto más haya de él, mejor todavía.”.

Lamentable es que no hay tanto de él, y ha de suponerse que en esa persecución dificultosa quien pierde es el obseso. Sobre el punto, las estadísticas de la anatomía no son muy favorables para lo desmesurado, sino más bien para lo mediano, y muchas de estas relaciones, en consecuencia, irán de la mano con la frustración.

Los ejemplos pueden multiplicarse con idéntico corolario. De ahí que una posición racional debe intentar explicarse los mitos, sin que esa explicación conduzca al desconsuelo. Lo objetivo habrá de ser el encuentro con la diversidad humana, única medida de ganar convicciones.

¿Y cómo empezar?

Quizás desde algunos mitos que se agregan al mito obscureciéndolo.

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Desmitificando el Mito

De molestarse alguien en revisar la telaraña en que se montan las distorsiones acerca de los tamaños, se sorprendería de su cantidad e insensatez. Entre la verdad y la mentira está la perplejidad del bobo que no atina a otra cosa que mirar bastante los escaparates. Ya se ha hecho clásica la consulta del que angustiado o fatuo preguntaba: “Creo que mi pene es demasiado pequeño pues mide tan sólo 17 cm. en estado de flacidez. ¿Hay algún método para aumentar su tamaño?”. O la inquietud de: “tengo 28 cm. y mi novia se queja.”

Problema no exclusivo de varones, sin embargo, ya que si en éstos la pequeñez aborta sus tranquilidades, en la mujer éste se teje desde la no menos obsesión interrogante que nace del tamaño de sus pechos o de sus canales reservados. También en este punto los dedicados a la sexología han pretendido promediar medidas y, por cierto, también han fracasado. “Hay más diversidad en las medidas y estructuras del pene que en la cara del hombre”, recuerda Williamson, y agrega: “Las diferencias de mujer a mujer se aprecian más fácilmente en los senos, pero son también extensivas al canal vaginal, sólo que no son visibles”.

Qué mejor comprobación que la distancia entre máximos y mínimos. Desde las máquinas “terroríficas” citadas por Jacubus y Dickinson de 30 y 35.6 centímetros hasta las insignificantes de menos de 5. En medio, toda una desconcertante y rica variedad que va de los 10 a los 20 y que no permite más que un principio de acuerdo respecto al promedio real (entre 13 y 16 centímetros en erección), Y en la mujer igual dificultad tratándose de diámetros y profundidades.

No obstante, el asunto carece de importancia, según se ha visto. Las buenas técnicas borran las diferencias y asignan al placer posibilidades por encima de estas minucias. Para los acomplejados, la comprobación de aquellos grandes falos -“macrofalos” los llaman- causan más perturbaciones que alegrías.

De las angustias sexuales del siglo 19, la de la superioridad fálica del negro se traslada a nuestro tiempo con la insidia de una bomba de tiempo, siempre caliente, luciendo un poco los parches del pretexto de cientifismo racista con que el sistema pretende asegurar la ciega sumisión de sus Tíos Toms fatigados.

El trasvasamiento del mito a los minidramas de miedo de las doncellas de Boston y Johannesburgo y sus progenitores grises no resulta difícil. He aquí la bestia fornicadora, incontrolable, primitiva que, al ruido de tam tams y selva, se apresta a dominar el mundo.

Desde Burton, el explorador de los años de 1800 y tanto, resuenan para los investigadores sus palabra estupefactas: “En Somalia medí el pene de un hombre que cuando flácido alcanzaba seis pulgadas (apx. l5 cms-). Esta es una característica de la raza negra…”.

Palabras, sin embargo, Hasta hoy los argumentos blancos han perdido incluso la sinceridad del asombro.

James Bladwin, el novelista negro, citado por Ellis, desarticula con violencia el mito:

“Los blancos, que durante tanto tiempo han hecho lo que han querido con la mujer negra, han inventado toda esta historia, porque como temen el desquite, no quieren que yo entre en la cama de la mujer blanca… Pero si tú vas por ahí diciéndoles a tus mujeres que se mantengan alejadas de mí porque soy sexualmente más potente… tarde o temprano tendrá que suceder lo que ha sucedido en el Sur: algunas blancas que están histéricas porque la han descuidado o porque las acosa un fuerte deseo, gritan al verme: ‘Viólame’. Toda su insatisfacción se proyecta sobre mí, pues el blanco las ha asegurado que yo soy mejor que él en la cama… Si sabes cómo hacer el amor, o si estás enamorado de alguien, el tamaño de tu miembro no importa. Lo que aquí ha sucedido es que el blanco norteamericano se ha visto atrapado en una especie de competencia adolescente fantásticamente extraña: te apuesto a que yo lo tengo más grande que tú.”

Que sea dura y que dure

No son sólo los mitos, empero. ¿Cómo poder encontrar las palabras convincentes que exorcicen las preocupaciones? Se ha dicho, y ya no suena sincero por desgaste, que es ésta una cuestión intrascendente y sobran las anécdotas. Las hay tan tiernas como las que refiere Williamson, respecto a uno que perdió gran parte de su falo en accidente y su muñón obró el milagro de la felicidad conyugal, con muchos hijos inclusive, y que tienen su contrapartida en las historias dolorosas de macrofalos abriéndose paso a costa de lesiones y dolores en la cavidad vaginal. Extremos ambos que, aunque posiblemente ciertos, hacen al obsesivo la impresión de la palmadita médico-paternal, de un “es cáncer pero tiene remedio”.

Es que, entre el jolgorio de los que se resignan, aprenden y combinan las técnicas, lectores de manuales remozados y aun de los que con risas de payasos acuñan esa noción del “pequeño y travieso”, están los del apremio permanente, candidatos al fraude, a las pomadas rejuvenecedoras, a las inyecciones de hormonas o de silicones, al corte ligamentos o al uso de prótesis o aparatos cuyo único mérito será destruir la tan temida diferencia. Será el agosto para los charlatanes y los inventores de penes de hule, eléctricos, manuales o nucleares; de maquiavélicos tubos o brasieres engañosos; salvavidas de estafa que muy pronto descubren su calidad de malos mensajeros de esperanzas.

¿Cómo decirles, en realidad, a los angustiados que no es lo mismo aceptar lo que se tiene en la genitalidad que resignarse en otros campos, por ejemplo, la pobreza? Aquí si caben rebeldías, puños en alto, la voz potente de los débiles; allá no hay otra cosa que extrañas, definitivas, y sólidas mezcolanzas de genes que se entrecruzan y van definiendo cada rasgo con una precisión irremediable y sabia. Que no hay remedio ahí porque lo cierto es que tampoco hay enfermedad, sino precisamente humanidad, diversa, abundante en lo uno, escasa en lo otro, rica en variación.

Y el problema, además, no es sufrir sino gozar de la genitalidad, aprendiéndola incluso desde las aparentes desventajas, viviéndola en el máximo de su maravilla, aún sin tener ese máximo.

Avivar ese eslogan de la prostituta que menciona Denegri, historia inmejorable:

“Como decía una vieja prostituta, mujer culta y hasta medio filósofa (que pocas hay así ahora): ‘Hijo mío, recuerda que lo importante no es que el pene sea grande o pequeño, sino que esté duro y que dure’.”

Que esté duro y que dure.

¿Para qué más?

 

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fimosis

Primero veamos ¿Qué es la fimosis?

Se denomina fimosis al estrechamiento del prepucio del pene en el varón, en modo que dificulta o imposibilita el que éste pueda ser retraído por detrás del surco balanoprepucial (surco donde el glande se une con el tronco del pene). Esto impide, por tanto, que el glande pueda descubrirse por completo.

Según el tamaño del orificio del prepucio puede distinguirse entre:

Fimosis puntiforme:

En la fimosis puntiforme el orificio es tan pequeño que dificulta la micción. En este caso el varón, aún tratándose de un bebé.  ha de ser tratado para solucionar esa obstrucción urinaria que suele producir un chorro fino, prolongado y débil, con goteo terminal, e incluso abombamiento de la piel del prepucio debido a la retención de orina que no puede evacuarse.

Si no se efectuase tratamiento, el esfuerzo que realiza el varón en la micción puede llegar a causar hernias (normalmente inguinales y umbilicales), puede llegarse al desarrollo de parafimosis e, incluso, aunque en raras ocasiones, puede producirse el deterioro de la vejiga y de los riñones por la presión retrógrada que se efectúa sobre ellos durante el esfuerzo (hidronefrosis, insuficiencia renal, vejiga descompensada).

fimosis

Fimosis anular:

En la fimosis anular el orificio permite una adecuada micción pero no es lo suficientemente grande como para que el prepucio pueda extenderse hacia atrás. En los casos en que la fimosis la presente un bebé, ha de postergarse el tratamiento para confirmar si con el tiempo se produce una distensión de esta piel. Algunas veces se piensa que porque el prepucio pueda retraerse sobre el glande ya no existen problemas de fimosis.

Es importante comprobar que no sólo se puede retraer esta piel, sino que además no se produce ninguna tensión, opresión o molestia. Si existe alguna incomodidad a la hora de realizar este movimiento, puede que se padezca una fimosis no evidente, es decir, una fimosis leve pero que, en cualquier caso, impide la adecuada higiene en la zona y puede desembocar en una parafimosis.

La falta de una buena higiene del glande y del surco balanoprepucial (surco en que se unen el glande y el tronco del pene) puede originar la formación de esmegma (restos de descamaciones de piel y secreciones sebáceas) que pueden causar episodios repetitivos de balanopostitis.

La fimosis es extremadamente común entre los recién nacidos. Aproximadamente el 96% de ellos nacen con esta característica que luego va evolucionando a lo largo de su desarrollo. Entre los dos y los seis años, un 90% de los niños que nacen con fimosis ven resuelto su problema, y a los diecisiete, el 99% de ellos pueden retraer completamente el prepucio sin que haya sido necesaria ningún tipo de intervención. No hay que preocuparse, por tanto, porque a un recién nacido no se le pueda retraer el prepucio.

En esta etapa de su vida le sirve para proteger su glande y su meato urinario de las ulceraciones amoniacales que puede llegar a producir el contacto repetido de su pene con su propia orina. La fimosis también puede producirse si se fuerza la retracción del prepucio, ya que puede formarse una cicatriz fibrosa en éste que impida, con posterioridad, este tipo de movimientos. Es por ello esencial realizar los movimientos de desplazamiento del prepucio de los niños según las indicaciones del pediatra y sólo cuando sean necesarios.

En la edad adulta se recomienda el tratamiento de la fimosis debido a las complicaciones que puede originar. Sin olvidar las molestias personales que pueda causar, médicamente puede derivar en complicaciones infecciosas en el aparato genital debido a la imposibilidad de una adecuada limpieza (postitis, balanopostitis), y en trastornos causados por la extensión de la infección hacia las vías uretrales y hasta la uretra. Las dificultades al orinar (en “globito” o en “bolsa”) y la parafimosis, también son posibles problemas.

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El beso en los labios, está hoy en el ojo del ciclón, dividiendo el pensamiento médico.

Hasta no hace mucho se daba por descontado que esta antiquísima costumbre provocaba más perjuicios que ventajas, a no ser las erotogénicas y afectivas. Se afirmaba, y no sin justificaciones, que la práctica era una mala costumbre nuestra, ya que otras culturas las desconocían. Recordaban, por ejemplo, que el equivalente entre los esquimales era el frotamiento de narices y, entre los chinos, el de los pies, por mencionar algunos.

Entre las muchas acusaciones que el beso ha recibido está la de transmitir fatal y decisivamente las caries dentales, amén de múltiples enfermedades contagiosas. Existe, inclusive, una entidad nosológica conocida como “enfermedad del beso”: la mononucleosis, descubierta por Epstein y Bart, que tiene numerosos y muy molestos síntomas.

Es sano besar?

Los médicos advierten que por la saliva y por la sangre imperceptible que brota de las encías o de roturas del labio, que son absorbidas por los besadores entusiastas, se transmiten fatalmente muchos males humanos. Y, desde luego, las enfermedades venéreas, incluidos el herpes y el SIDA. Por eso, beso satánico y típico de la mujer araña fue el que propinó Rock Hudson, el actor de cine, a una de las estrellas de Hollywood, cuando ya cargaba la peste de Reagan, causa de su defunción. Ese beso, que provocó razonablemente historia en la afectada, no ha tenido consecuencias hasta la fecha, pero puso en el candelero de la sospecha los ósculos boca a boca, aun entre meros conocidos.

Según reputados cardiólogos, el beso puede presentar riesgos para pacientes de coronarias, de anginas o de soplos al corazón. Esto se debe a que la práctica aumenta significativamente el ritmo cardíaco, sobre todo en personas demasiado sensibles al contacto.

Por su parte, los diabetólogos informan que con el beso se incrementan los niveles de glucosa y se abren nuevas posibilidades de contagio para los enfermos, ya muy vulnerables de salud por el proceso diabético. Una especialista francesa ha llegado inclusive a una fórmula matemática, sentencia que: “Un beso acorta la vida humana en tres minutos exactos”.

También el beso ha generado paranoias profundas, que como es sabido constituyen cuadros psiquiátricos de gravedad, en los vigilantes de la moral occidental. En el régimen de Onganía, uno de los generalotes argentinos que a mediados de los sesenta inauguró una epidemia de golpes de Estado en América Latina, se prohibió el beso prolongado, de boca a boca, “más que de amigos”, en lugares públicos, calles o plazas, enviándose a los transgresores a los cuarteles de policía con el cargo de “ofensas a la moral de la República”.

Sin ir tan lejos, padres y profesores de todo el mundo se han preocupado tradicionalmente de que las expansiones efusivas de sus hijos y educandos adolescentes excluyan los besos demasiado efusivos. Por años, y para muchos, el beso con lengua ha sido un símbolo de conducta libertina, desordenada o lasciva.

Se ha dicho, y no sin argumentos, que los que se besan inician el conteo regresivo para actividades más íntimas. De ese modo, el beso sería el primer paso de una cadena fatal: besos tiernos, besos más largos, besos con lengua, caricias tiernas, caricias audaces, caricias urgentes, desnudamientos, coito.

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El cine, divulgador del beso por antonomasia, sufrió en sus orígenes la censura más violenta en torno al problema, y los códigos morales de la actividad establecieron que, entre actores y frente a las cámaras, los besos no debían ser reales sino simulados, “apoyando el besante su boca en la zona que se encuentra entre la punta de la barbilla y la comisura del labio inferior, y nunca dejando entrever la lengua”.

Hay, además, anécdotas pintorescas

Muchos respetables miembros de la comunidad capitalista criticaron en su momento el amistoso beso eslavo, también de boca a boca, cuando Nikita Kruschev lo empezó a practicar en los Estados Unidos, durante un célebre viaje donde se sacó el zapato.

Sin embargo, la revolución sexual trajo otro tipo de reflexiones, las mismas que en los años cuarentas había sintetizado en México la popular Consuelo Velasquez en su bolero ‘Bésame mucho’. Así los hippies. con su política de amor y paz, dieron al beso en los labios el contenido de un pasaporte de amistad y compañerismo, y los movimientos libertadores subsecuentes lo mantuvieron como bandera. Inclusive el cine rompió sus ataduras atávicas y todas sus luminarias, grandes y pequeñas, enseñaron novísimas técnicas – con lengua, dientes y saliva- a ávidos y receptivos públicos de toda la tierra.

De los setentas es la creación de academias para aprender a besar, cuyo pionero fue el napolitano Iván Padovano que, en unas cuantas sesiones, dejaba a sus alumnos listos para enfrentar el complejo mundo de las relaciones personales.

De esa misma época son también las revalorizaciones de la medicina que, de manera tímida primero y luego con mayor audacia, comenzaron a asignar al beso beneficios que ni siquiera han soñado sus millones de practicantes.

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El último avance es de esta década, cuando se llega a una decisión entre los analistas. La síntesis se resume en el apotegma “besar es sano”.

Esto implica muchas cuestiones trascendentes. Según los más extremistas, el beso acarrearía las siguientes opciones benéficas:

  • Rejuvenecimiento
  • Generación de anticuerpos
  • Traspaso efectivo de hormonas
  • Regulación del ritmo cardíaco
  • Equilibrio psicosomático

Médicos europeos y sudamericanos han sostenido la tesis de que el beso rejuvenece porque constituye una actividad técnica que, además de alegrar el espíritu, representa un incremento real de la capacidad de inmunización del organismo. “Puede ser cierto, ha dicho alguien, que el ósculo involucra la cesión involuntaria de bacterias, pero con ella va también un intercambio de flora antibacterial, lo que neutraliza toda posibilidad de contagio. Más peligroso que el beso es recibir un alimento expendido en la calle u hojear algún libro en una librería, untando el dedo con saliva para pasar de una página a otra. En esos casos, los peligros de contagios bacterianos son definitivamente mayores”.

Yéndose más al extremo, un eminente médico peruano, Hildebrando Salazar, ha afirmado recientemente que el beso es un perfecto generador de anticuerpos, y por lo mismo, posee incuestionable fuerza antiviral, base para la prolongación de la vida. A ella debe agregarse la transferencia de hormonas que un beso lleva consigo. Todo contacto bucal más o menos prolongado –dijo Calder Williams, de la Universidad de Berkeley- supone intercambios hormonales, por ósmosis, particularmente de estrógenos y testosterona, y esto es muy favorable para el equilibrio orgánico”.

Enfrentando a los cardiólogos profesionales, se enarbola la tesis de que el beso es un eficiente regulador del ritmo cardíaco. F. Arzat, un investigador sudamericano, ha señalado queresulta absurdo considerar que las alteraciones cardíacas producidas por el beso sean de riesgo. No lo son las del coito donde sí efectivamente se duplican las pulsaciones, menos lo pueden ser alteraciones que, a nivel general, son mínimas. Asegurar esto supone llevar las paranoias del peligro a todo acto en que participen las emociones humanas en algún grado”.

Se sostiene, por el contrario, que la alegría del beso fortalece la resistencia cardíaca e implica una estimulación favorable, sobre todo para aquellos que padecen algunos trastornos. El incremento del tono cardíaco tendría su equivalente en los ejercicios que se recomiendan a los pacientes del corazón. Con una desventaja: que si lo tomamos como ejercicio o disciplina, a lo largo pierde su chiste.

La polémica se diluye cuando se aborda el asunto del equilibrio psicosomático. Nadie discute que el beso tiene la virtud mágica de poner a los individuos en una excepcional actitud de receptores de placer.

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Para Juan Carlos Galvez, subgerente de una sucursal bancaria, aquella mañana comenzaba como de costumbre: con una mezcla de cólera  y cansancio, de desgano, de apatía, de irritación, a la vez que con una sensación de náusea y con un principio de jaqueca que se estacionaba en su cabeza y que -sabía-  alcanzaría su máximo antes de mediodía, atormentándolo sin tregua hasta la hora de salida.

el estrés y el sexo

Lo demás era familiar y muy desagradable: la timidez que le hacía sudar  la palma de las manos cuando tenía que hablar con sus superiores; el corazón que parecía subírsele a la boca, ahogándolo con sus latidos, frente a los clientes difíciles; y, en la noche, el insomnio tenaz o las terribles pesadilllas que lo despertaban angustiado.

Pero no era todo. Había algo peor: el desgano sexual y las dificultades para la erección, meses antes uno de sus máximos orgullos. La víspera, por ejemplo, había sido un verdadero desastre. Victoria, su sexual esposa, estaba particularmente deseosa de hacer el amor. Como acostumbraba hacer en esa ocasiones, comenzó a insinuársele, frotando su espléndido cuerpo desnudo contra el de él. Juan Carlos no reaccionó. Entonces, Victoria procedió a acariciarle  directamente con ternura y sabiduría, masturbándolo y luego una felación como una verdadera artista. Fue inútil. Por más  que lo intentaron, la erección nunca se produjo. Afortunadamente para Juan Carlos,  Victoria se resignó y se durmió. El quedó deshecho y, por supuesto, no pudo conciliar el sueño.

Esa tarde resolvió a ir a un médico. No era posible que a los 35 años, él, una verdadera máquina para hacer el amor, padeciera de tales derrotas. El médico  resumió la situación en una sola palabra: estrés. La causa: exceso de trabajo.

A esa misma hora, en muchos lugares del mundo, hombres y mujeres estaban viviendo una situación  parecida a la de Juan Carlos. Porque el estrés, más que el SIDA,  es la verdadera peste de la época.

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Estrés viene de la expresión inglesa stress, que significa fuerza o presión que se hace sobre las cosas. Los médicos la han aplicado a aquellos casos de extrema tensión que implican para los individuos un conjunto variado de síntomas que alteran los mecanismos reguladores del organismo, llevándolo a límites de agotamiento e, inclusive, hasta la muerte. Según ha demostrado Vitus Drocher, el fenómeno no es privativo de los humanos y se observa también entre los animales.

En español, el cuadro suele denominarse como síndrome general de desadaptación.

Esquemáticamente, puede decirse que con el estrés el organismo. sometido a factores “estresantes” se deprime, pero luego inicia una defensa que se va exagerando en la medida que persista la presión del factor; tanto esfuerzo culmina con un estado total de agotamiento en el cual el organismo, sin defensas recibe el ataque artero de numerosas enfermedades.

Por esta característica de secuencia, el estrés tiene etapas que son de estímulo, no necesariamente malignas. Un consejo que suelen dar los médicos es aprovechar el estrés a nuestro favor, toda vez que las condiciones de la vida moderna lo hacen casi inevitable.

Para el organismo “estresado”, el único remedio es eliminar el factor “estresante”. Parece fácil, pero no lo es. Sobre todo, cuando el estrés se introduce subrepticiamente en la vida sexual. Es obvio que el organismo que lo padece es afectado en su sexualidad en forma directa, tarde o temprano. El agotamiento repercutirá en la potencia sexual o en la capacidad de respuesta a los estímulos.

Sin embargo, el estrés puede atacar de otro modo.

Para el varón, por ejemplo, por influjo de mitos y falacias respecto del sexo, la actividad erótica está llena de tensiones. De hecho, cada vez que llega a la cama está haciendo una apuesta sobre su potencia  sexual.

En la mujer, la tensión se relaciona con el orgasmo y su capacidad de obtenerlo a como dé lugar. De este juego violento surge el estrés que, en su secuencia, deriva fatal e irreversiblemente en cuadros específicos: impotencia  (total  o debilidad de la erección, eyaculación precoz o retardada), frigidez o anafrodisia (falta de deseos sexuales), anorgasmia (ausencia de orgasmo) o vaginismo (coito doloroso).

Quien sufre de impotencia no consigue la erección, la consigue pero es muy débil o eyacula demasiado a prisa, incluso antes de la  introducción peneana.

Lo que ocurre aquí cuando el estrés es la causa, es que el individuo tiene una imagen de su comportamiento plagado de dudas: ¿Funcionaré bien? ¿Tendré erección? ¿Se me pondrá lo suficientemente duro? ¿Lograré satisfacer a mi pareja? Estas preguntas manifestadas consciente o inconscientemente, constituyen el “factor estresante” que presiona a diario, cada vez que el individuo se  apresta al coito.

Concretamente, la cuestión opera igual que con el trabajo o, dicho de otro modo, el sexo se convierte en un trabajo tan exigente como el que la persona desarrolla para sobrevivir.

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En la mujer, los ecos de la revolución sexual la han hecho sobrevalorar el orgasmo y, su ansiedad por obtenerlo, ojalá en expresiones múltiples, es el “factor estresante”. También lo es, en un entorno machista, la presión  que significa sentirse usada en el coito, así como no poder expresar abiertamente sus deseos. La dualidad moral prevaleciente determina para la mujer el que la esposa-madre no debe ser lujuriosa. El varón prejuiciado no acepta que la madre de sus hijos o la mujer que eligió para toda la vida se comporte como “una cualquiera”, término que involucra, entre otras acepciones, la de la mujer lasciva, esto es, la que disfruta del sexo recreativo, participa de variaciones coitales, tiene inciativas erótico-sexuales y vive intensamente el orgasmo. Esta dualidad, manifestada en comportamientos típicos, es causa de estrés en el tipo esposa-madre, al igual que la inevitable incertidumbre que ésta debe vivir al tener plena conciencia que las mejores iniciativas eróticas de su cónyuge son dedicadas a otras mujeres.

El círculo vicioso, se puede cambiar a nuestro favor. Lo fundamental es entender que todo lo malo para nuestra vida sexual que resulta del estrés está en nuestra cabeza. Si el pene no responde con la erección, si no hay orgasmo, es porque el cerebro lo está ordenando así.

El secreto es relajarse y la mejor manera de relajarse es con el sexo.

Y ese es el problema cuando es el sexo precisamente el punto donde se generan las tensiones, miedos y ansiedades. Modernamente, las terapias que se emplean, y que dan excelentes resultados, descansan en las enseñanzas de Master y Johnson, que han sido perfeccionadas por otros terapeutas más modernos. Consisten en ejercicios que tienden a reacondicionar el organismo “estresado”. Así, por ejemplo, el tratamiento de la eyaculación precoz sugiere, en lineas generales, diversos ejercicios que siguen a un período obligatorio de abstinencia de unos diez días. Después se recomienda, por lapsos de tiempo bien definidos:

  a) Una etapa de caricias corporales, no directamente genitales, para reacomodar el cuerpo a la respuesta erógena.

b) Otra etapa de masaje  erótico con manipulación gradual de los genitales que no intente precipitar el orgasmo, sino su control progresivo. Aquí, a efecto de  modificar el  reflejo, justo antes de la eyaculación, debe cesar la manipulación peneana, oprimiéndose con fuerza la base del glande (técnica del “apretón”).

c) La siguiente fase es el coito para el que se sugiere la posición inversa (la mujer sobre el hombre), procurándose que, luego de la introducción, los movimientos sean controlados, de modo tal que, inicialmente, se evite la eyaculación. También aquí, en el momento de maxima excitación del varón, debe recurrirse a la técnica del “apretón”.

Para los casos de falta o debilidad de la erección y anorgasmia, hay variantes de estas terapias, basadas también en ejercicios.

Todas estas nuevas  técnicas antiestrés tienen como objetivo  principal eliminar de la mente del que padece la disfunción, la idea de que con el coito está cumpliendo un deber de algún tipo o sufriendo una sensación de amenaza.

Lo importante en esto es que, superada la disfunción sexual que provocó el estrés, el sexo aparece como uno de los grandes remedios para relajarse y vencer las tensiones de la vida diaria y los cuadros de ansiedad que llevan al estrés.

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¿Cuáles son los cuidados que se deben tener al practicar el sexo anal?, ¿qué se debe hacer en caso de lesiones en el ano?, y ¿cómo evitarlas?
Buena pregunta.

Primeramente, hay que saber que el sexo anal es la práctica sexual con más riesgos a para adquirir el Virus de la Inmunodeficiencia Humana (el virus responsable del SIDA) pero también se pueden adquirir prácticamente todas las enfermedades denominadas de transmisión sexual tales como el herpes, sífilis, gonorrea, condilomas (verrugas anales), hepatitis B, etc.

PRESERVATIVOSEntonces, para responder a “¿qué cuidados debes de tener para practicar sexo anal?”, la primera recomendación es que siempre que se tengan relaciones anales se use condón, sin excepción. No importa si eres “pasivo” o “activo”, “gay” o “hetero”.

La segunda recomendación es evitar la penetración si el ano presenta alguna lesión, tales como: fisuras (rasguños), sangrados, bolitas, secreciones (pus).

Y finalmente, para prevenir lesiones nada mejor que una buena lubricación. Por lo tanto, siempre hay que usar lubricante, a base de agua y que la penetración sea progresiva y lenta evitando movimientos violentos. No sólo es necesario lubricar el condón una vez puesto, sino también la región anal y su interior.

Para lubricar el ano se pueden usar los dedos cubiertos con un condón y untados de lubricante e introducirlos lentamente tratando de que se lubrique todas las paredes y el trayecto del ano.

Existen muchos lubricantes que se pueden usar. Puedes comprar desde el gel lubricante hasta los que venden en las Sex Shops, pero recuerda, que sean a base de agua.

Nunca usar lubricantes con anestésicos (como la lidocaína), pues pueden hacer que pasen inadvertidas las señales de alarma.

¿Qué hacer cuando se tiene una lesión del ano?. Pues si presentas algunas de estas señales de alarma, no hay otra más que acudir al médico. Las señales son: sangrado, secreciones (pus), dolor persistente, bolitas.

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El deseo sexual es lo que nos mueve a mantener relaciones sexuales. Pero algunas personas son incapaces de tener fantasías sexuales o de desear el coito con otra persona. Padecen el Trastorno del Deseo Sexual.

El Trastorno del Deseo Sexual consiste en la disminución o ausencia persistente o recurrente de fantasías y deseo de actividad sexual, con angustia o dificultades interpersonales como consecuencia.

También llamado trastorno del deseo sexual inhibido o hipoactivo puede ser de toda la vida o adquirido, o bien generalizado (global) o bien situacional (específico con cierta pareja). Se da en el 20% de las mujeres y el 10% de los hombres.

El deseo sexual responde a un proceso psicosomático complejo basado en la actividad cerebral (un “generador” o “motor” que funciona en forma de reostato cíclico), un medio hormonal escasamente definido y un argumento cognitivo, que incluye los intereses y la motivación sexuales. La desincronización de estos componentes da lugar a trastorno del deseo sexual inhibido.

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La forma adquirida suele deberse a aburrimiento o infelicidad en una relación de mucho tiempo, depresión (que en el hombre conduce a la disminución del interés por el sexo con mayor frecuencia que a la impotencia y en la mujer a inhibición de la excitación), dependencia de alcohol o drogas psicoactivas, efectos secundarios de medicamentos (p. ej., antihipertensivos o antidepresivos) y deficiencias hormonales. Este trastorno puede ser secundario a una alteración funcional en las fases de excitación o de orgasmo del ciclo de respuesta sexual.

La variedad generalizada de por vida a veces se asocia a acontecimientos traumáticos durante la infancia o la adolescencia, a la supresión de fantasías sexuales, al contexto de una familia disfuncional o, en ocasiones, a niveles bajos de andrógenos.

Por lo general, se consideran posibles causas niveles de testosterona inferiores a 300 ng/dl en el hombre y menores de 10 ng/dl en la mujer.

La testosterona es necesaria para mantener intacto el deseo tanto en hombres como mujeres, pero por sí sola no es suficiente; por otro lado, corregir la deficiencia hormonal puede que no mejore el trastorno de deseo sexual inhibido.

La persona que padece esta patología se queja de falta de interés por el sexo, incluso en situaciones habitualmente eróticas.

El trastorno conlleva escasa actividad sexual, lo que a menudo da lugar a graves conflictos de pareja. No obstante, algunos pacientes mantienen relaciones sexuales con una frecuencia satisfactoria para su pareja y pueden no tener problemas en la actividad sexual, aunque siguen encontrándose apáticos en ese terreno.

Cuando la causa es el aburrimiento, suele disminuir la frecuencia de relaciones con la pareja habitual, pero el deseo puede conservarse normal o ser incluso intenso hacia otras (variante situacional).

Debe realizarse un historial detallado, ya que el problema puede ser secundario a dificultades conyugales, tal vez porque la persona se sacia con otras relaciones fuera del matrimonio. No cabe diagnosticar este trastorno cuando los síntomas se explican mejor dentro de otro cuadro psiquiátrico (p. ej., depresión) o de una enfermedad somática (p. ej., enfermedad terminal, endocrinopatía).

Si el paciente también presenta disfunción sexual, el médico habrá de determinar qué fue primero: si la disfunción produjo la pérdida de deseo o viceversa.

El tratamiento se orienta a suprimir o aliviar la causa subyacente, por ejemplo, un conflicto de pareja, depresión u otra disfunción sexual (especialmente falta de excitación o dificultades para el orgasmo).

En el caso de deficiencia de andrógenos, puede ser necesario cambiar la medicación y administrar testosterona por vía intramuscular.

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Muchas mujeres creen que no están en riesgo de contraer enfermedades de transmisión sexual (ETS) en el caso de tener relaciones sexuales con otras mujeres.

Pero cada vez más crece el número de lesbianas VIH-positivo, probando que esta idea es totalmente errónea.

sexo lésbico seguroEl riesgo de las enfermedades de transmisión sexual debe definirse por comportamiento, no por orientación o tendencias sexuales. Aunque en las relaciones sexuales entre mujeres el riesgo de contagio del VIH y otras enfermedades de transmisión sexual es menor, existe siempre el riesgo de contraer dichas infecciones.

Las lesbianas, como todas las mujeres, están en riesgo de contraer enfermedades como el papiloma humano, el herpes genital, las ladillas, la gonorrea, VIH y otras infecciones. La vaginitis bacterial  es la más común entre lesbianas.

Tener menor riesgo de contagio no significa que no haya que tomar precauciones y estar alerta ante los síntomas de una infección. No tratar a tiempo un infección puede tiener graves repercusiones: cáncer cervical, daño de órganos reproductivos, complicaciones del embarazo, transmisión de infecciones serias o mortales al feto o recién nacido.

Formas de contagio

Las infecciones vaginales y las ETS se contagian mediante cualquier tipo de contacto de secreciones vaginales. Éstas pueden producirse por:

  • Contacto vulva – vulva.
  • Tocarse los genitales después de tocar los genitales de la pareja.
  •  Compartir juguetes sexuales con la pareja sin limpiarlos primero.
  • Dormir desnudas muy de cerca (las secreciones vaginales pueden pasar de cadera a cadera).
  • Contacto con una toalla, ropa interior, ropa de baño, sábana, etc, usada recientemente por una mujer con una infección.
  • Se puede transmitir (cándida) a la garganta de la pareja mediante sexo oral-genital.

Recomendaciones para evitar contagios

Las siguientes recomendaciones pueden ayudar a reducir el riesgo de infección para lesbianas y mujeres bisexuales.

La manera más importante de reducir el riesgo de contraer enfermedades de transmisión sexual es mantener los fluidos de tu pareja fuera de tu cuerpo. Los fluidos corporales con los que las lesbianas deben tener más cuidado son la sangre (incluyendo la sangre menstrual), fluidos vaginales y las secreciones de heridas causadas por infecciones de transmisión sexual.

El sexo oral sin protección y compartir juguetes sexuales son métodos potenciales de transmisión de las ETS. Métodos de protección, como protectores dentales o preservativos de látex cortados pueden ser utilizados para reducir el riesgo de infección. Es importante lavar y desinfectar los juguetes sexuales o cubrirlos antes de cada uso. No introduzcas en tu vagina o cerca de la zona vaginal nada que haya estado dentro de la vagina de otra mujer: ésa es la forma más fácil de propagar infecciones vaginales y las ETS.

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Tampoco introduzcas nunca en tu vagina algo que ha estado dentro del ano de otra persona. Las bacterias que viven en el recto pueden causar infecciones en la vagina y uretra.

Todo lo que vaya a ser introducido en la vagina deberá estar limpio y debidamente lubricado. Limpia el objeto (vibrador o consolador) con agua caliente y jabón o desinfectante diluido antes y después de ser usado por cada miembro de la pareja. Utilizar guantes, preservativos o cobertores de dedos de látex para la penetración manual pueden proteger contra la transmisión de enfermedades a través de heridas en los dedos.

Cada vez que tienes sexo sin protección te expones a todas las parejas sexuales que esa persona haya tenido, incluyendo todos los gérmenes -desde infecciones urinarias hasta el virus VIH / SIDA. Las parejas estables son seguras sólo cuando han pasado por un examen para detectar las ETS y el VIH. Hasta entonces, es bueno reducir riesgos y practicar el sexo seguro.

Los juegos sexuales lésbicos de riesgo mínimo son:

Algunas enfermedades de transmisión sexual de las mujeres pasan desapercibidas. Por ello, una de las medidas necesarias para tener una vida sexual sana y segura es someterse por lo menos una vez al año a un chequeo ginecológico completo.
Siempre es necesario acudir lo más pronto posible al médico en caso de secreciones vaginales anormales, dolores u olores vaginales desagradables.

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¿Cuáles son las causas de la disminución del deseo femenino?

Hay varias condiciones médicas que disminuyen el deseo sexual, como la depresión, el estrés y la fatiga. Hay otras condiciones orgánicas más serias, que también producen alteraciones sexuales en la mujer, como enfermedades de la glándula endocrina llamada pituitaria, que produce cantidades elevadas de prolactina, una hormona que afecta directamente el deseo sexual. Hay otras condiciones patológicas que también alteran dicha hormona como la cirrosis y el tratamiento con ciertos medicamentos (sedantes, narcóticos, antidepresivos, etc.).

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La testosterona, aunque es una hormona de los hombres, juega un papel importante en el estímulo sexual femenino, pues la mujer la produce en pequeñas cantidades en los ovarios y en las glándulas adrenales, si hay por ejemplo disminución de éstos andrógenos por resección quirúrgica de ambos ovarios, histerectomía (resección quirúrgica de la “matriz”) o quimioterapia, puede haber disminución del deseo sexual.

Además, hay cambios en el patrón hormonal a través de los diferentes estadíos de la vida, que dan como resultado disminución del deseo sexual. Por ejemplo, hay disminución de la líbido en los días previos a la menstruación, posterior al nacimiento de un hijo o en las cercanías de la menopausia. De otra parte, ciertos medicamentos también la disminuyen, como los anticonceptivos orales y, de manera secundaria, retardan la sensación del estímulo sexual y el orgasmo.

Muchos problemas de salud, afectan la anatomía sexual, la cual comprende el sistema vascular, el sistema neurológico y el sistema endocrino, que pueden causar dispareunia (coito difícil o doloroso), causando dolor crónico, fatiga y malestar, por ejemplo infecciones genitales y urinarias.

Hay otras causas mal llamadas “psicológicas” ya que en la actualidad son mejor comprendidas. Hay dificultades en conseguir la estimulación sexual de acuerdo a las etapas de la vida, y es importante entenderlas para no alterar las relaciones de pareja y la estabilidad emocional. Así, muchas mujeres están comprometidas con diferentes quehaceres en la vida diaria, el trabajo, en casa, como amiga, como madre, como esposa y dejan a un lado su papel sexual.

Así mismo, en el puerperio (estado de la mujer depués del parto hasta que su estado general vuelva a aquel previo de la gestación) hay cambios sentimentales, que hacen a la mujer, madre, sintiendo una mayor responsabilidad con su hijo que con la pareja, además de mensajes como “las madres no tienen sexo”, disminuyen el deseo sexual en esta etapa de la vida.

Por otra parte, hay muchos mitos con respecto al sexo, de acuerdo a cada cultura, que impiden que la mujer pida ayuda cuando tiene problemas en su satisfacción sexual. Esto conlleva a dificultades en el diálogo con la pareja, de las preferencias de la mujer, haciéndola una receptora pasiva, y no gozando de su sexualidad.

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¿Cómo despertar el deseo sexual?

Cuando veas a tu pareja al final del día, dale un beso que dure por lo menos 10 segundos. Esto parece mucho, pero le ayudará a conectarse nuevamente después de un día muy largo y puede ayudar a encender el deseo a tener relaciones.

Compra alguna prenda íntima sexy y sorprende a tu pareja (o atrévete a regalar algo sexy si eres hombre!)

Si quieres algo nuevo o que tu pareja te toque de otra manera, transmítele ese sentimiento cuando no estén teniendo relaciones. Si te concentras en lo positivo, en decirle lo que más te gusta o te gustaría, tu pareja no lo tomará como una crítica.

Si es el sueño lo que está afectando el deseo, piensa en la posibilidad de tener relaciones sexuales en otras horas del día; a lo mejor tienes más energía por la mañana o durante la siesta que por la noche. Esto también ayuda a que la relación sea mucho más espontánea.

Elige una noche de la semana la ideal para citas románticas. Aunque no es muy espontáneo, la pareja tendrá la oportunidad de pasar un tiempo juntos cada semana, sin la presión de los niños, el trabajo u otras cosas.

Si nunca puedes tener orgasmos, busca ayuda. La recomendación es la misma tanto para hombres como para mujeres. Si el sexo no es divertido y excitante entonces perdemos el interés.

Conoce tu cuerpo y enseña a tu pareja. Practica el autoestímulo y después induce a tu pareja para que haga lo mismo.

Asegúrate de practicar el juego sexual antes de la penetración. Tal vez sería saludable acordar con tu pareja alternar la penetración con las caricias y el estímulo físico.

Intenta los besos como una forma de hacer aumentar el deseo. Puedes experimentar con diversas maneras de besar.

De acuerdo con las teorías antiguas de Oriente sobre el sexo, hay nueve lugares estratégicos para el beso: orejas, cuello, mejillas, axilas, labios, muslos, costado, pecho y genitales.

Trata de tener sexo en un sitio donde no lo hayas hecho nunca.

Cubre los ojos de tu pareja con un género (y que ella haga lo mismo contigo en otra oportunidad) durante el sexo.

Cita a tu pareja en un bar o restaurante y dale besos apasionados antes de volver a casa.

Visita con tu pareja a una tienda erótica y busca unas cositas que les guste probar.

Miren fotos y películas juntos o lean literatura erótica.

Despiértate cualquier día con ganas de sentirte sexy, y piensa en el sexo desde por la mañana. Dale un beso apasionado a tu pareja antes de salir de casa. Llámala durante el día y recuérdale lo que pasará más tarde.

Si tiene un problema con el deseo sexual, habla con su pareja. Intenta determinar si es algo físico, emocional, si está relacionado con todos los aspectos de tu vida en general o si es una combinación de varios factores. Siempre es mejor trabajar en pareja si lo que se busca es solucionar el problema.

¿Qué opciones hay para el tratamiento del trastornos del deseo?

Un tratamiento médico y psicológico integral es necesario para alcanzar resultados óptimos. Primero hay que descartar elementos orgánicos que disminuyan la líbido y luego factores emocionales. En algunos casos es requerida la psicoterapia para afrontar problemas sicológicos que inhiban el deseo sexual. Si es a causa de la ingesta de fármacos, debe sopesarse el riesgo beneficio en la suspención de ellos, lo cual debe decidirse con su médico.

El tratamiento involucra el conocimiento del problema y su discusión puede traer consecuencias serias. En conclusión, muchas veces la disminución de la líbido, como causa de insatisfacción sexual tiene remedio, consulte a su terapeuta y llegue al fondo del problema para así solucionarlo, su vida será más placentera.

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¿Qué es la anafrodisia?

Conocida anteriormente como frigidez, la anafrodisia es la falta continua u ocasional del deseo sexual, tanto en hombres como en mujeres, con lo que las relaciones sexuales dejan de existir o disminuyen considerablemente. Cabe distinguirla claramente de la anorgasmia, en la que sí se produce excitación de forma normal pero no se llega al clímax.

La anafrodisia es un problema de difícil tratamiento, ya que no existe una causa física aparente. Hasta hace poco tiempo el problema se atribuía exclusivamente a trastornos psicológicos, pero en los últimos años se relaciona también en el varón con un descenso de la testosterona, la hormona que regula el deseo sexual y otras alteraciones hormonales.

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La anafrodisia puede existir de forma ocasional o desde siempre, pero es importante destacar que en ocasiones este problema puede solucionarse con la ayuda de un médico o un psicoterapeuta y que se han desarrollado fármacos que pueden ayudar. Por otra parte, en el caso de una anafrodisia que provenga de actos sexuales insatisfactorios, el tratamiento debe buscar la solución en la pareja.

La ausencia primaria del deseo sexual, sobre todo en el hombre, es extraordinariamente rara, pero se da. Lo que sí es más común son las anafrodisias originadas por enfermedades psíquicas o físicas, tóxicos, vejez, etc. Por lo que se refiere a las mujeres, la mayor parte de los casos de anafrodisia son en realidad consecuencia de hechos culturales o sociales que la han influido en ella negativamente durante toda su vida.

Los miedos al éxito, al placer, al amor, al coito y a la intimidad por conflictos profundos de la personalidad suelen ser causas psíquicas habituales de disminución del deseo sexual.

Los recuerdos de experiencias pasadas desagradables y los pensamientos negativos sobre uno mismo (baja autoestima) también pueden promover sentimientos antisexuales. El estrés, una verdadera epidemia de nuestro tiempo, a veces pasa factura disminuyendo el deseo sexual.

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La anafrodisia puede causar graves depresiones, pero también se ha observado que en ambos sexos hay personas que se sienten cómodas con una actividad sexual poco frecuente. Estas personas sólo tienen problemas de pareja o personales cuando el copartícipe no está conforme con ese ritmo sexual escaso, hecho que requiere ayuda para que la pareja acepte la diferencia de tiempos.

También se considera normal que el deseo desaparezca si la persona se encuentra ante una pareja a la que no ama. Del mismo modo, tampoco es de esperar un deseo sexual indiscriminado. El deseo sexual exclusivo por una persona con la que se ha establecido un vínculo afectivo-amoroso que inhibe a todos los otros es un fenómeno normal que no requiere atención y menos aun tratamiento.

La anafrodisia sexual se caracteriza por:

1) Falta de interés por la actividad sexual en general.

2) Ausencia de fantasías eróticas.

3) Estimulación sexual ineficaz (no suele haber antecedentes de masturbación).

4) La posibilidad de excitación y de orgasmo está limitada a los genitales.

5) Las relaciones sexuales, si se dan, tienen lugar con rechazo.

6) Se da la posibilidad de aceptar manifestaciones amorosas afectivas sin actividad sexual.

La anafrodisia o la disminución del deseo sexual o libido en ocasiones es el resultado de una enfermedad subyacente, por lo que siempre resulta adecuado consultar al médico.

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Sexo seguro

Sexo Seguro

Entendemos por sexo seguro la toma de precauciones, que disminuyen el riesgo de transmisión y adquisición de enfermedades de transmisión sexual (ETS), al tener relaciones sexuales.

sexo-seguroUna relación monógama con una persona de la que se sabe que no ha contraído ninguna ETS es, probablemente, la medida preventiva más aceptable que se puede tomar en la sociedad actual. Conocer a su pareja. Antes de tener una relación sexual con una pareja nueva es prudente resguardarse de la presencia de ETS, especialmente VIH y hepatitis B.

El uso de preservativos por ambos sexos disminuye notablemente la probabilidad de contraer una ETS, pero los preservativos deben usarse adecuadamente.

El preservativo debe estar en su lugar desde el principio hasta el final de la actividad sexual y debe usarse cada vez que un individuo se compromete en una actividad sexual con una pareja no monógama u otra pareja sospechosa.

Los preservativos son baratos considerando las consecuencias que se derivan de contraer una ETS.

Otras medidas

Conozca a su pareja

Esto suena obvio, pero mucha gente se compromete en una actividad sexual sin establecer antes una relación comprometida que permita una confianza y comunicación abierta. Usted debería discutir con su pareja historias sexuales pasadas y cualquier ETS o uso de drogas intravenosas, así como también su estado actual de salud. Debe sentirse libre para iniciar o terminar una relación, sin sentirse forzado a tener contacto sexual.

Use barreras para evitar el contacto con el semen, fluidos vaginales o sangre.

Es imprescindible el uso uniforme y correcto del preservativo. El uso adicional de lubricantes puede disminuir el efecto barrera. Se recomienda el uso de preservativos de látex tanto para relaciones vaginales como orales.

La gente que elige participar en actividades sexuales que involucran contacto anal debe buscar información adicional para poder reducir los riesgos, consultando a sus propios consejeros o a especialistas en salud pública disponibles en la mayoría de clínicas o centros especializados en VIH.

Permanecer sobrio

El uso de alcohol o drogas puede disminuir la capacidad de comunicación y la coordinación requerida para utilizar barreras o lubricantes. El alcohol y las drogas pueden menoscabar la capacidad para hacer elecciones apropiadas sobre el sexo.

Sea considerado con su pareja

Las personas con infección por VIH o SIDA, desde un punto de vista moral, ético y legal, dichas personas deben advertir a cualquier presunta pareja sexual de su situación. No deben intercambiar fluidos corporales durante la actividad sexual y deben usar cualquier medida preventiva (tal como un preservativo de látex) que aporte más protección a la pareja.

Si está embarazada, tome precauciones

Las mujeres con una ETS deben ser aconsejadas antes de llegar a quedarse embarazadas, ya que su hijo corre riesgo. La mujer embarazada debe pedir atención médica para prevenir la infección en el feto. Las mujeres VIH positivas no deben dar de mamar a su bebé.

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virginidad

“Iniciarse en el sexo es una cuestión de elección personal”

Para quienes decidan ponerlo en práctica, es importante conocer que las incertidumbres y los miedos son lógicos en la primera vez.

Información sexualLo ideal es tener confianza en la pareja y encontrarse en un buen clima (un lugar íntimo y tranquilo). Como el sexo es más amplio que la penetración en sí, hay muchas formas de dar y obtener placer. Para la mujer será muy importante si la iniciación se da en un contexto de amor y ternura o al menos un trato delicado y respetuoso.

Se pueden practicar algunas variantes del sexo hasta sentirse más segura y relajada. Es importante comenzar con juegos previos a la penetración.

Las caricias, la estimulación manual, los besos son fundamentales para lograr la excitación, permitiendo tener una adecuada lubricación para de esa forma lograr la penetración, la cual no tiene por que ser dolorosa. De todas formas muchas veces sucede que hay “varias primeras veces”, hasta alcanzar la penetración completa, ante todo hay que tener paciencia y no descuidar que los juegos previos son tan importantes como la penetración en si.

El himen es una delgada membrana que se encuentra a pocos milímetros de la entrada de la vagina.

Hay mujeres que congénitamente carecen de himen; hay otras que lo tienen pero no esta perforado y hay mujeres que tienen un himen de gran elasticidad por lo tanto, prácticamente no hay sangrado ni se observa dolor alguno y puede no romperse hasta después de numerosas relaciones.

A la mujer que no ha sido penetrada sexualmente se la considera virgen y esto supone la integridad del himen. Es común la idea de que en la “primera vez”, la penetración sea dificultosa, haga sangrar y cause dolor a la mujer.

El himen puede sangrar cuando se desgarra, lo que ocurre durante la penetración en los primeros contactos sexuales o por lesión accidental.

Desde algunas religiones la virginidad es considerada un tesoro y el himen su llave. En este sentido, la desfloración (otro modo de designar a la primera relación sexual de la mujer) es vivida como pérdida y según las convicciones de quien la experimente, puede vivirse con placer o por lo contrario con angustia, culpa o una intensificación de las naturales molestias físicas. La primera vez, muchas veces puede producir cierta ansiedad, sobre todo a medida que uno va creciendo en edad y aún no ha pasado por la experiencia.

El paso del tiempo genera a veces una sensación de vergüenza y de haber “perdido el tren”, fantasía que inhibe la posibilidad de un posible contacto sexual satisfactorio. Es importante diferenciar inhibiciones sexuales de tipo neurótico de aquellas que se desprenden de concepciones religiosas. Desde algunas perspectivas religiosas, para muchas mujeres, el acercamiento sexual que no apunte específicamente a la reproducción es considerado algo impropio y pecaminoso. Por idénticas razones muchas mujeres no conocen su cuerpo, ni están dispuestas a hacerlo. Bajo estos condicionamientos no es difícil que la mujer considere al erotismo como algo vergonzante.

Las posibilidades de experimentar placer en mujeres comprometidas con sentimientos o convicciones religiosas estarán condicionadas a lo que su conciencia, le permita. La neurosis perturba generalmente la actividad sexual pero por otros mecanismos, en cuya base hay profundos temores o fantasías temidas y reprimidas ligadas a la sexualidad.

Y recuerda:”El cómo, cuándo y dónde iniciarse en el sexo, es una cuestión de elección personal”

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vagina-grande

Vagina demasiado grande

Algunas mujeres suelen notar que su vagina se ha vuelto grande después de tener un hijo o con el transcurso de los años. Tanto en un caso como en otro, si la vagina no puede “agarrar” el pene la sensación será menos placentera para ambos. Por suerte este problema es de fácil solución si estás dispuesta a hacer unos deberes.

vaginaLa vagina no se relaja ni altera su tamaño con los partos o la edad. Son los músculos de la entrada, (los que cierran el orificio) los que se relajan y pierden su tonicidad, por ello puedes realizar unos ejercicios que tienen como objetivo tonificar y desarrollar la musculatura de esa zona. El doctor Arnold Kegel desarrollo, allá en los años cincuenta, una gimnasia para los músculos peri vaginales, eran una serie de ejercicios destinados a fortalecer la plataforma pélvica, y que son los que se contraen rítmicamente durante el orgasmo.

Lo primero es saber dónde esta este músculo y cómo controlarlo. Para ello introduce un dedo en tu vagina y contrae los músculos como cuando retienes la orina o las heces. Si notas que los músculos aprietan el dedo es que estás en buena forma, si no los notas no te preocupes, sigue las instrucciones del Dr. Kegel y pronto los notarás.

Los ejercicios de Kegel o ejercicios de contracción del músculo pubocoxígeo son ejercicios de contracción y relajación de la musculatura pélvica, pensados para fortalecer dichos músculos.

Reciben este nombre por el Doctor Arnold Kegel, quien desarrolló estos ejercicios para sus pacientes en la década de 1940 como método para control de la incontinencia urinaria.  Se utilizan en el tratamiento y prevención de la incontinencia urinaria o también para facilitar el parto. En el campo sexual son los ejercicios que hay que practicar para obtener buenos resultados a la hora de conseguir mayor placer sexual.

Ejercicio 1

  • Aprieta los músculos como si intentases detener la orina, tirándo de ellos hacia arriba.
  • Contráelos y mantenlos así mientras cuentas hasta 5 respirando suavemente.
  • Luego, relájalos durante 5 segundos más, y repite la serie 10 veces.

Intenta aumentar progresivamente el tiempo de contracción y relajación. Empieza por 5 segundos en cada caso hasta llegar a los 20 segundos. Cuanto más tiempo consigas mantener la contracción de los músculos, más fortaleceras tu musculatura pélvica.

Ejercicio 2

Contrae y relaja los músculos tan rápidamente como puedas hasta que te canses o transcurran unos 2 ó 3 minutos.
Comienza con 10 repeticiones, cuatro veces al día hasta alcanzar las 50 repeticiones diarias.

Otra posibilidad

Otro buen consejo es este.

Coloca una o dos almohadas bien duras debajo de tus caderas y haz penetración en la postura del misionero, ello modifica el ángulo de entrada estrechando el orificio, no abras totalmente las piernas. Si tu pareja es bastante hábil, pídele que después de la penetración te abarque son su piernas, cuando más cerrados tengas los músculos, más estrecha será la entrada de la vagina.

También son buenas las posturas en las que la penetración se hace oblicuamente como por ejemplo la penetración por detrás o de lado.
Hay juguetes sexuales como las Bolas chinas que ayudan en la realización de estos ejercicios y en la tonificación de los músculos pubocoxigeos. Estas Bolas chinas se venden en Tiendas eróticas y sexshop.

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vulvodinia

¿Qué es la vulvodinia?

Es un término médico que define un dolor crónico en la zona vulvar, que carece de explicación aparente, y que causa muchas molestias a la mujer.

El principal problema de la vulvodinia es la dificultad que supone encontrar sus causas y, en consecuencia, hallar la curación adecuada.

En muchos casos, la vulvodinia se considera un dolor de origen psicosomático, reflejo físico de una crisis depresiva o de problemas de conducta o identidad sexual. También, en otros casos, la vulvodinia puede venir provocada por una infección vírica o por una reacción alérgica; el estado de ánimo crispado que provoca la vulvodiniadificultad de su curación, el estrés y la desazón, no harían sino incrementar la virulencia de la inflamación.

El dolor se inicia con un picor y una irritación intensa en la zona vulvar, que a veces se irradia hasta el bajo vientre. El coito suele ser doloroso (dispareunia) y también la inserción de tampones. Cuando el dolor es más intenso, impide actividades más cotidianas como llevar pantalones ajustados o, incluso, andar.

Estos dolores suelen ir acompañados de un prurito vulvar, y en la exploración visual se ven algunos puntos rojos. La zona tiene un aspecto inflamado.

Se han distinguido cuatro clases de vulvodinias:

– vulvodinia vestibular: en las que el dolor se localiza en la entrada de la vagina.

– vulvodinia disestesica: el dolor es producido por la irritación de las terminaciones nerviosas. Las sufren mujeres post-menopausicas.

– vulvovaginitis cíclica: se caracteriza por la pérdida de mucosa vaginal. Estos síntomas aparecen muchas veces relacionados con la menstruación.

– dermatosis vulvar: irritación de la piel vulvar que, en muchas ocasiones, empeora con la aplicación de cremas vaginales.

No existe un tratamiento único ni que sea totalmente eficiente. Para resolver las vulvodinias psicosomáticas, es imprescindible establecer un diálogo con la paciente, para descifrar el problema que subyace detrás de la irrupción del dolor.

Para remitir el dolor, la vulvodinia se ha tratado con sedantes y antihistamínicos, o con la estimulación eléctrica del piso pélvico muscular. Son recomendables también las medidas que favorecen la función renal, como una dieta baja en oxalatos (espinacas, cacao) y beber mucho agua.

Tratamiento

El tratamiento óptimo es aún desconocido. Los tratamientos deben incluir los diferentes aspectos, desde la terapia farmacológica sistémica y local, la kinesiterapia y la psicoterapia. La cirugía debe realizarse en quienes no responden con las terapias tradicionales.

La terapia debe ser secuencial, y contempla desde tratamientos con cremas tópicas, antidepresivos, dieta baja en oxalatos, pasando por la kinesi-terapia, psicoterapia, hasta la cirugía.

Un bueb consejo es realizar ejercicios pélvicos. Con la práctica, puede aprender a relajar los músculos de la zona pélvica con ejercicios para hacer en el propio hogar.

¿Cómo aliviara los síntomas?

  • Se debe disminuir todo lo que signifique o pueda irritar la zona vulvar.
  • La ropa interior debe ser de algodón, evitando otras telas.
  • No utilizar perfumes en la zona vulvoperineal.
  • No utilizar jabones que irriten, preferentemente agua sola para el lavado.
  • Lavar muy bien la ropa interior, evitando que queden productos detergentes y suavizantes.
  • No utilizar ropa interior para dormir.
  • No utilizar toallas higiénicas que no sean de algodón.
  • Evitar el uso de panty o pantalones ajustados en la zona de los genitales.
  • Evitar el excesivo lavado en la zona vulvar.

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