Conductas sexuales

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Cuando el sexo cansa

Algunas personas reportan que después de haber disfrutado durante un largo tiempo con su pareja una vida sexual muy activa y apasionada, paulatinamente se fue perdiendo el interés y ahora es muy difícil iniciar o prestarse para un encuentro sexual sin que parezca que se le está haciendo un favor a la pareja.

La vida sexual, por más que uno se esfuerce por impedirlo, finalmente tiende a ser monótona y a repetir los mismos acercamientos y procedimientos que hastían a los dos participantes.

Cuando se presenta esta condición casi inevitable; las parejas, preocupadas por este distanciamiento, buscan novedad y reanimación de su vida sexual acudiendo a quienes ofrezcan cualquier alternativa que puedan someter a ensayo-error para ver si vuelven a disfrutar de eso que ahora apenas es un vago recuerdo e intensa nostalgia.

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Los teguas, estos no profesionales que dicen conocer los secretos de la vida sexual intensa y apasionada porque los obtuvieron de lo profundo de las selvas y del conocimiento milenario de los indígenas con quienes convivieron tal vez apenas unas cuantas horas –si es que los conocieron- ofrecen las pócimas que más que eficientes y eficaces afrodisíacos (que, a propósito, recordemos que no existen) son preparados cuyos ingredientes pueden ser tóxicos. Vale la pena mencionar acá que es raro pensar que si estas pócimas realmente funcionaran; más extraño sería que un laboratorio multinacional no se hubiera encargado de mercadearlo y en cambio se venda clandestinamente en almacenes de garaje.

Los sexshops o tiendas sexuales, son establecimientos en los que se ofrecen ayudas sexuales (incluidos también los supuestos afrodisíacos) con las que se espera que la vida sexual se renueve y se intensifique. Hablando de los adminículos para parejas (es que los hay para las satisfacciones individuales) y con excepción de los lubricantes o de las pomadas que estrechan el canal vaginal (que en realidad aumentan la fricción; pues no es posible disminuir de esta manera el calibre vaginal, pero cumplen su cometido haciendo creer que sí) los demás juguetes o ayudas parecen ser de más utilidad para quienes no necesitan reanimación sexual que para quienes están un poco desinteresados. Esto es, que los juguetes los disfrutan más los que son apasionados y le ponen morbo y sentido a estas ayudas que aquellos apáticos que esperan que uno de estos juguetes los convierta en apasionados amantes nuevamente.

Desde la perspectiva profesional, entendiendo que la reanimación de la vida sexual depende principalmente de hormonas (feromonas), de recompensas (novedad u orgasmo) o de afecto y oportunidad (buena comunicación de pareja), entonces son inicialmente estos frentes de trabajo los que nos ocupan. De hecho, usualmente cuando las parejas acuden a consulta ya han agotado las opciones anteriores que consideran inmediatas y más económicas sin anticipar que, como en muchos otros ejemplos, lo barato sale caro.

En el primer caso, exámenes de laboratorio y la actividad clínica determinan la ausencia o déficit y la posibilidad de tratar esa condición con medicamentos. En el segundo caso, ciertas recomendaciones de procedimientos y de mecánica sexual con los que, si no los han disfrutado, puedan comenzar a experimentar y disfrutar nuevas formas de sensuales encuentros sexuales y novedosos orgasmos. En el último caso, siempre recomendado, se fortalece la comunicación social y sexual de pareja para que la cercanía emocional, sentimental y física se mantenga o mejore facilitando las aproximaciones sexuales.

No malgaste su tiempo y dinero agotando expectativas e incrementando frustraciones y disfunciones. Consulte con profesionales: psicólogos-sexólogos o médicos-sexólogos.

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Las supuestas virtudes afrodisíacas de determinados alimentos o sustancias encandilan la imaginación del hombre desde que el mundo es mundo.

Desde los albores de la Humanidad, existe una estrecha relación entre comida y erotismo.

Cuentan que Cleopatra agasajaba a sus amantes y azuzaba en ellos el sentido erótico del gusto vertiendo una fina pasta de miel y almendras molidas en sus partes íntimas. Los afrodisíacos, sustancias que excitan el apetito sexual o facilitan el coito, están presentes en todas las culturas.

En algunas adquieren incluso dimensiones mágicas, como por ejemplo en Chile, donde los alimentos con forma alargada se relacionan con la figura masculina, mientras que los anchos y redondos pertenecen al universo femenino.

Se emplean con mucho protagonismo en ritos de magia y encantamiento o son objeto de ofrenda a distintas deidades con el objeto de que los buenos espíritus intercedan en los asuntos de cama del que solicita sus favores.

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En África, la potencia sexual se asocia con determinados animales muy bien dotados en esta materia y la posesión de determinados órganos de su cuerpo, vuelve muy codiciado al gorila o rinoceronte. Algo parecido ocurre en Japón con la sopa de aleta de tiburón y sus presuntas propiedades sobre la virilidad nipona.

Dentro de la cocina afrodisíaca occidental brillan con luz propia las ostras y el champán. El mismísimo Casanova seducía a sus amantes con el mitificado molusco, ofreciéndoselo en su propia boca. En cuanto al burbujeante bebedizo de cuño francés, algunos aseguran que despierta más la libido femenina que la masculina.

Ya se sabe que el alcohol en dosis moderadas ejerce un efecto deshinibidor, estado muy propicio a la actividad erótica, pero en exceso embota el deseo.

Aunque sin ninguna base científica, también hay que mencionar como alimentos sensuales a los higos y a las fresas. Su sugerente forma y su jugo se lo ponen en bandeja a la imaginación, al igual que la similitud evocadora que mantienen algunos mariscos con el olor, la textura y sabor de los órganos genitales.

Entre el fármaco y el veneno

Como señala la doctora Helen Singer Kaplan en su libro La nueva terapia sexual:Todavía no se ha descubierto una sustancia química capaz de rivalizar como afrodisíaco con el simple hecho de estar enamorado”.

En un intento de satisfacer ese anhelo humano de obtener más placer y potencia, el mundo científico también se ha afanado en la investigación de las virtudes afrodisíacas de determinadas sustancias. Entre ellas destaca el nitrito de amilo, empleado como eficaz antídoto frente a la intoxicación por cianuro.

Conocido popularmente como popper, nadie sabe la dosis exacta a inhalar para gozar de sus favores y ni siquiera figura en la nómina oficial de medicamentos, ya que como todos los vasodilatadores potentes puede provocar grandes cefaleas y otras complicaciones más graves e incluso letales en relación a su abuso.

En el caso de los hombres, se han llevado a cabo numerosos estudios sobre la capacidad de determinadas sustancias para actuar sobre los centros nerviosos de la erección. Algunas la favorecen y prolongan, aunque al precio de generar mayor agresividad y trastornos de la conducta. Como la cantárida, cuya toxicidad la coloca más del lado de los venenos que de los fármacos. Otras investigaciones demuestran que la paraclorofenilalanina genera en los roedores un auténtico frenesí erótico, pero en aras de su peligrosidad aún no se ha experimentados en humanos.

Entre las sustancias medicamentos hay que citar la yohimbina, que aunque en las ratas potencia la motivación sexual, sobre el hombre actúa aumentando sobre todo la calidad de la erección. En esta línea se lleva todos los honores el célebre Viagra, aunque como ocurre con todos los afrodisíacos, no conseguirá estimular la apetencia sexual si no hay estímulo previo que la motive.

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La masturbación infantil es un acto muy normal entre niños de 2 a 6 años y en los adolescentes.

Tan común es que todos los padres tienen que estar preparados para hacerle frente cuando suceda.

Todavía hoy en día todas las manifestaciones de sexualidad en público, por más naturales que sean, siempre incomodan a los adultos. Algunos se sonrojan, por ejemplo, cuando a sus hijos recién nacidos se les pone el pene en erección. Lo mismo les ocurre a los papás de pequeños preescolares cuando comienzan a rozar sus genitales contra sillas, mesas y otros objetos que encuentran a su paso.

Lo cierto es que son situaciones tan normales en todo niño y niña que hay que aceptar con naturalidad y aprender a manejarlas. La masturbación en el preescolar (de 2 a 6 años) es un acto que se relaciona con la exploración del cuerpo, con el autodescubrimiento. En esa etapa encuentran muchas sensaciones nuevas, algunas de ellas agradables, dice la sicóloga infantil María Elena López.

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Pero los papás deben entender que en esta etapa de la vida la sensación de placer es difusa y nunca es igual a la que siente un adulto cuando se autosatisface, explica la también sicóloga infantil Annie Acevedo. Todo esto hace parte del proceso de aprendizaje y de su desarrollo táctil.

Más adelante, cuando el infante llega a los 6 años y hasta los 9, vive un periodo de latencia. Una etapa tranquila en la que le interesan otras cosas, por eso, difícilmente se masturba en este período y sólo vuelve a hacerlo cuando llega a la adolescencia. Pero si continúa con la autogratificación en esa fase es posible que tenga algún tipo de frustración, que conviene consultar con un especialista.

Ya en la adolescencia, la masturbación es una experiencia normal de exploración del propio cuerpo para los y las adolescentes aunque resulte más común en ellos por diversas causas fisiológicas y culturales. Esa naturalidad implica: que no se pierda la intimidad al realizarla y que no se haga de forma compulsiva. Y es compulsiva cuando es tan frecuente que los adolescentes se aislan de su entorno y no pueden controlar el deseo de realizarla. En este caso es la manifestación de una ansiedad profunda, comenta la sicóloga María Clara González, en el libro Crecer como padres, de Intermedio Editores.

Precisamente estas tres profesionales, López, Acevedo y González, explican a continuación cómo deben actuar los padres cuando ven o sorprenden a sus hijos masturbándose:
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1. Cuando los niños están en etapa preescolar no hay que complicarse ni preocuparse mucho por la masturbación. Lo primero que tienen que hacer los padres es prepararse para enfrentar ese momento. Confrontarse a sí mismos, establecer qué es para ellos la sexualidad y cuál es su posición frente a la autogratificación. Después, deben poner sus propias reglas al respecto y aceptar que ese acto es una expresión propia del desarrollo.

2. Llegado el momento, deben advertirles a sus hijos, con toda la tranquilidad y sin reproches, que los genitales no se tocan delante de las demás personas. Que todas las actividades que se relacionan con el cuerpo, así como bañarse en la ducha, implican privacidad y que no está bien hacerlas en público.

3. Si, por el contrario, se les presta atención, se convierte en un momento dramático y lo más seguro es que el pequeño repita ese comportamiento porque entiende que, como todo lo prohibido, le permite llamar la atención de los adultos.

4. Nunca se les debe decir que masturbarse es un acto sucio ni pecaminoso.

5. Si no quieren hablarle al respecto delante de otras personas, le pueden apartar la mano con suavidad, retirarlo de las sillas o entretenerlo en otra actividad. Pueden darle algo para jugar, invitarlo a leer un cuento, distraerlo con otras cosas. Así lo hacen los profesores en jardines infantiles y colegios.

6. Si la actitud es repetitiva o muy frecuente, hay que prestarle atención. Si a pesar de que se le habla o se le trata de distraer, él persiste, conviene consultar. Muchas veces puede ser caso de abuso sexual.

Respete su sexualidad

7. La masturbación en el adolescente es una expresión de la sexualidad, mucho más madura, que le permite descargar sus impulsos.

8. En el adolescente, sea hombre o mujer, la connotación de la autosatisfacción es distinta a la de un preescolar. Se trata de una búsqueda deliberada de placer.

9. En esta etapa los padres deben ver la masturbación como un proceso de descubrimiento natural de la sexualidad. Se debe asumir sin culpabilidad, sin tintes de perversión. Cuando se aborda de esta manera, la reacción del adolescente es de alivio, pues con frecuencia se angustian ante esa experiencia.

10. Y se angustian porque para el adolescente no es fácil experimentar esas sensaciones. A las jovencitas, por ejemplo, les da miedo perder su virginidad a través de este acto y otras consideran que es pecado. La función de los padres es hablarles y explicarles que hay muchos mitos al respecto. Decirles que es mentira que impida tener una relación sexual satisfactoria en el futuro y que tampoco ocasiona frigidez.

11. Antes de que los hijos varones lleguen a la adolescencia, los padres deben hablarles sobre las poluciones nocturnas o eyaculaciones involuntarias que se presentan durante el sueño. No hace falta que se sienten a conversar del asunto. Basta con que hagan  referencia a una película para tocar el tema. Les debe quedar claro que respetan la sexualidad, pero que existen normas al respecto, y una de ellas es que siempre se haga en privado y que deben manejarlo para que no se convierta en adicción.

12. Cuando un papá o una mamá sorprenden a su hijo adolescente durante un acto de masturbación, deben asumirlo y retirarse del lugar. No tienen que regañarlo ni hacer escándalos. Si prefieren, más adelante pueden hacer alusión al tema y preguntarles si tienen dudas, si quieren más información al respecto.

13. Las conversaciones sobre cualquier tema de sexualidad son una oportunidad para explicarles que el sexo va más allá de la estimulación de los genitales, que es una actividad que se fundamenta en el amor y en el respeto mutuo.

Consejos para asimilar

– La masturbación comienza a ser anormal cuando se convierte en un acto de todos los días y de cada minuto. Si el niño no responde a lo que se le dice, puede ser un síntoma de abuso sexual.

– Si un niño en edad preescolar se toca sus genitales con demasiada frecuencia, puede ser porque tiene problemas de desarrollo táctil y eso hay que consultarlo con un especialista.

– Cuando masturbarse se convierte en una obsesión para los niños, les puede traer problemas en su vida sicológica porque sólo aprenden a autogratificarse y pueden llegar a pensar que no necesitan el placer que les proporcionen los demás. Se pueden aislar o puede ser el principio de una adicción sexual.

– Cuando los niños pequeños se masturben en público o cuando se descubra a un adolescente en el acto, los papás deben asumirlo y hacer énfasis en lo natural que resulta explorar el propio cuerpo. A los adolescentes hay que reconocerles que es un acto placentero pero que no es un requisito para madurar como seres sexuales.

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Afrodisíaco mental, imaginación al poder

Las fantasías sexuales no son una aberración sino grandes aliados de unas relaciones sexuales sanas y plenamente satisfactorias. Desde que nace, el sexo acompaña al ser humano a lo largo de su vida.

El sexo es una experiencia personal y placentera que se enriquece con los años y las distintas vivencias y fantasías que tienen el hombre y la mujer. El proceso de evolución pasa por la integración, primero de los sentimientos de ternura, y más tarde, de los eróticos para llegar finalmente a formar la propia identidad y personalidad de una persona.

Las fantasías pertenecen al mundo de la imaginación y de los sueños. Y la imaginación es sin duda el más poderoso de los afrodisíacos y el mejor aliado de una relación sexual satisfactoria. Todo está permitido en el mundo de las fantasías sexuales, las caricias más prohibidas, las formas más variadas de erotismo.

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Quizás por eso el 80% de los españoles reconoce que tiene fantasías sexuales, siendo significativamente mayor la proporción entre los hombres que entre las mujeres, aunque, como en casi todo, las distancias se van acortando. Sin embargo, cuando se pregunta con qué frecuencia se recurre a las fantasías mientras se realiza el acto sexual la cifra disminuye hasta la mitad. Además, en este caso son las mujeres las que llevan ventaja.

Las fantasías sexuales se inician en la adolescencia, como forma de descubrir el propio cuerpo y la sexualidad, y contra todo pronóstico, van aumentando a medida que lo hace la edad y la experiencia sexual. Con el paso del tiempo el riesgo de la monotonía es mayor y también mayor es la frecuencia con la que se recurre a la imaginación para lograr una relación más placentera.

Las fantasías más comunes son el sexo en grupo, imaginarse arrebatador, practicar el sexo con un desconocido. Aunque también en esto hay diferencias y las preferidas por los hombres son las prácticas bucogenitales y las de las mujeres imaginar que está siendo dominada o manteniendo algún tipo de relación forzada.

El sentimiento de culpa

La tradición judeocristiana que durante siglos ha condicionado las relaciones sexuales también hace su aparición en la mundo presente de la imaginación. Como explica el sexólogo Andrés Gómez: “La sombra ancestral de la culpabilidad pervive con fuerza hoy en día, pero es conveniente desoír su llamada. No hay que sentirse culpable por ninguna fantasía aparentemente aberrante pues obedece a un espacio imaginario, de lo prohibido y de lo que nunca hemos pensado hacer y, como está demostrado, casi nunca haremos”, concluye.

Las fantasías no constituyen ninguna patología si la persona no se siente atrapada por ellas de tal manera que puede mantener una vida sexual normal sin tener que recurrir a ellas. Aunque también es cierto que no todas las fantasías son saludables, sobre todo cuando su presencia suele dejar de estar asociada al placer y se convierten en una obsesión.

Existen personas que tienen fantasías sexuales incontroladas (incestuosas, escatológicas) que pueden causarles una marcada sensación de culpa. También resultan preocupantes aquellas fantasías que sistemáticamente incorporan elementos violentos.

La imaginación puede jugar muy malas pasadas, pero también ser el mejor aliado de una relación en la que la inapetencia y la desgana se han instalado. Según las estadísticas, la falta de apetito sexual es una “dificultad” que sobre todo afecta a las mujeres. Un 25% de ellas la padecen frente al 10% de los hombres. Sin embargo algunas sexólogas consideran que la definición del deseo sexual ha sido masculinizada y demasiado relacionada con el coito.

Existen personas que disfrutan al inventar las fantasías sexuales y otras que nunca sienten esa necesidad. Hay fantasías que ponen de manifiesto los fantasmas más temidos y otras que permiten aumentar el deseo sexual. Lo cierto es que las fantasías sexuales son algo normal que puede enriquecer mucho una relación de pareja basada en el respeto y la comprensión, esta es la opinión secundada por los expertos en el tema.

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Tarde o temprano, los adolescentes se aproximan al sexo.

Primero con curiosidad y luego por deseo. Los padres deben convertirse en una referencia fundamental para ellos en ese descubrimiento de su propio cuerpo.

La adolescencia provoca una revolución hormonal en el organismo de los que hasta hace semanas eran sólo unos niños. Los cambios se reflejan en sus músculos, en su cara, en su carácter y en los nuevos impulsos sexuales, que muchas veces son desconcertantes para el joven y que suelen ser canalizados en forma de agresividad y estrés.

Ha comenzado un proceso de descubrimiento en el que los padres deben asumir un papel de guía. El objetivo fundamental es hacer del sexo un elemento natural al que hay que enfrentarse sin traumas, aunque también con ciertas precauciones. En la actualidad, los hijos comienzan a entender y a conocer el sexo antes de que su cuerpo esté preparado para disfrutar de él. Los medios de comunicación, el cine o Internet son ahora los vehículos que abastecen de sexo a una población que lo demanda.

Los niños y niñas también reciben ese bombardeo, lo que despierta en ellos una curiosidad precoz, y les aboca a realizar su propia interpretación de una realidad que aún no saben manejar. Después, con los amigos y amigas construirán un mundo fantástico de relaciones con el sexo contrario en el que no sabrán muy bien cómo ubicar la sexualidad.

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Afrontar los cambios

Para Donald Mosher, psicólogo de la Universidad de Connecticut (EE UU) y experto en sexología: “Los padres deben comprender que sus hijos ya no se creen que los niños vienen de París. Probablemente no entiendan el proceso biológico, pero saben que nacen de la madre y que en ello el padre ha tenido algo que ver. Por lo tanto, hay que aproximarse al tema desde que son pequeños, antes de que el bombardeo de los medios les cree un mundo irreal. Deben saber que los bebés son fruto de una unión de un hombre y una mujer, y que esa unión es placentera y gratificante. Más tarde, cuando descubran su propio sexualidad, la información puede ampliarse tanto en lo que respecta a las opciones morales de esos actos -si así lo creen conveniente los padres- como a los riesgos de los mismos”.

Los jóvenes deben entender que para ellos el sexo será algo hermoso si es felizmente compartido, que nunca puede generar un sentimiento de culpa algo que es un impulso natural y que el final de ese descubrimiento tendrá lugar sólo cuando encuentren a la persona deseada. Los padres pueden mostrar el camino, pero serán los hijos quienes lo recorran solos.

Para Laura Grossi, psicóloga infantil, es fundamental que “esa guía, asimismo, les enseñe los peligros: embarazos indeseados, enfermedades de transmisión sexual y, también, por qué no, las posibles decepciones y fracasos de la vida sexual”.

Prevenir los peligros

Estos últimos peligros no se pueden evitar, pero los primeros sí. Nunca un precepto moral debe poner en peligro las vidas de los hijos. Hay que ser conscientes de que ellos no siempre se comportan como los padres desean y, si es así, al menos deben conocer los medios para que la práctica del sexo sea segura.

Un estudio realizado en la Universidad de Edimburgo demostró que tener más información sobre el sexo no implicaba un mayor número de contactos sexuales. Se llevaron a cabo varias encuestas entre jóvenes de entre 16 y 20 años de toda Gran Bretaña. Los resultados señalaron que los encuestados con menor formación sexual iniciaban sus relaciones antes que los que habían recibido una mayor información al respecto en una proporción de tres a uno.

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Asimilando lo nuevo

La rapidez del tiempo en que vivimos no sólo puede verse en la velocidad de los autos o de la gente que camina enajenada para llegar a horario a la oficina.

Vivimos en la era del cambio, una época donde constantemente estamos aprendiendo nuevas maneras de asimilar lo nuevo, que es constante. En pocos años aprendimos todo sobre informática e Internet y hoy en día la comunicación no tiene fronteras.

A través de Internet el mundo se ha virtualizado y con él las relaciones humanas. Los valores, los afectos, los amores se desvirtúan.

Obviamente que no todo es así, pero irremediablemente pareciera que vamos hacia un tipo de relaciones humanas menos comprometidas y que de algún modo vienen arrastrando esta liviandad con la facilidad del divorcio. Los vínculos fugaces son cada vez más frecuentes y por lo tanto el sexo también pasó a perder su sentido de responsabilidad.

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Al no haber un conocimiento previo de la pareja, el acto sexual se reduce a un goce corporal casi técnico y eficaz, dejando de lado a la persona que lo brinda.

Una relación de estas características pone, ya no solamente a la mujer, a ambos miembros de la pareja en una condición de objeto sexual y está demostrado que en definitiva ninguno de los dos goza plenamente sino que sienten una gran carencia al finalizar el acto en sí.

El Sida también cumple un rol en este tipo de relaciones, si se quiere, a modo de advertencia, pero en adelante sería bueno no esperar a que una enfermedad nos abra los ojos por miedo al contagio.

Las relaciones, tanto amorosas como sexuales, deberían funcionar de otra manera, basadas en el afecto, la comprensión, el conocimiento, y el consentimiento mutuo.

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La mayoría lo conocen como ‘cachondeo’, pero actualmente tiene el nombre de ‘petting’, un término anglosajón que tiene que ver con las caricias, los besos y el sexo, pero sin llegar al coito.

Esta práctica sirve para excitar a aquellas parejas, incluso llevarlas al clímax sin necesidad del coito. Para muchos puede resultar una pérdida de tiempo, pero estos juegos sexuales que retan la paciencia pueden tener sus ventajas.

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El ‘petting‘ despierta la imaginación en cualquier pareja, y en el caso de las heterosexuales mucha mujeres agradecen que su pareja realice juegos previos y logre darle placer antes de la penetración. Muchas veces hemos escuchado quejas de mujeres que dicen que los hombres sólo buscan la penetración y evitan los primeros pasos o preliminares.

Hay terapeutas sexuales que incluso sugieren este tipo de práctica para devolver el deseo a parejas que han visto disminuir las ganas de tener relaciones. El que se alargue o evite  el coito termina por aumentar el deseo y la imaginación en ambos.

Quien no recuerda cuando con alguna pareja te daba largas y sólo permitía ciertos juegos sin llegar al límite, eso preparaba el camino y servía la mesa para cuando llegase el ansiado momento. El aplazar el coito servía  para aprender algunos juegos y técnicas previas para encender la llama y descubrir que ellas necesitan más tiempo que nosotros para entrar en calor.

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¿Recuerdan la historia de ‘Pretty Woman’, en la que Richard Gere contrata los servicios de Julia Roberts como dama de compañía?

Al final, como sucede prácticamente en todas las comedias románticas, los protagonistas terminan enamorándose. Pues al parecer, esos casos en que el cliente se enamora de la chica de alquiler, sí existen en la vida real.

En Bogotá se realizó un sondeo y se encontró que de cada 100 hombres que visitaron un prostíbulo, 21 de ellos se enamoraron de la mujer con la que sostuvieron relaciones sexuales. Así lo publicó el diario colombiano El Tiempo.

¿Y será que las chicas también sucumben ante el amor? Según el mismo estudio, realizado por la Secretaría de Integración Social de la Alcaldía de Bogotá, el 50% de las prostitutas admitió que así ha sido.

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El sondeo

Se realizaron entrevistas tanto a clientes de prostíbulos como trabajadoras sexuales, de un total de 80 establecimientos de Bogotá. Tras las encuestas, se halló también que de cada 100 clientes, 23 hombres regresan a visitar a la misma sexo-servidora cada vez que regresan al mismo lugar.

¿Por qué acuden los hombres a un prostíbulo? Aquí las razones que dieron los entrevistados:
  • 80% dijo asistir a un prostíbulo en busca de contacto sexual.
  • 13% admitió ir en busca de compañía.
  • 10% señaló que acudió al lugar para ver un espectáculo.

Aunque en principio los hombres no acudan a un prostíbulo buscando propio amor, este es final que podría llegar a tener su historia…

Compañeros sexuales pueden convertirse en relación seria

Cuando un hombre contrata a una ‘acompañante’, como lo hizo Richard Gere con Julia Roberts en Pretty Woman, lo único que busca es ‘amor’ y diversión efímeras. Ese no sería el modo en que un hombre buscaría a una pareja de vida, alguien con quien quiera comprometerse de algún modo.

 

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Hoy, cada vez más mujeres y varones heterosexuales disfrutan sin prejuicios de caricias anales. Pero hay que hacerlas bien.

Aunque no hay estadísticas confiables sobre el tema, el sexo anal parece estar incorporándose en las actividades sexuales frecuentes de la gente de hoy. Antaño, fue rechazado con cierta unanimidad, proyectándose un concepto negativo, según el cual no era “decente”, sino práctica de libertinos, putas o homosexuales. Aun así, algunas mujeres transgresoras lo llegaron a adoptar para conservar el himen y llegar “vírgenes” al matrimonio gozando del sexo.

Hoy, sin embargo, hay una diferencia, porque la elección de la vía anal les está brindando a muchas mujeres plenas y memorables satisfacciones, inclusive orgásmicas, a despecho de añejos prejuicios que rodeaban la práctica. Por otra parte, varones absoluta o preferentemente heterosexuales han descubierto que la estimulación anal es altamente gratificante y aceptan los juegos digitales y orales en la región, cada vez con mayor liberalidad.

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Son tiempos nuevos.

Persisten, empero, los problemas derivados de la falta de una buena información, ya que son muy pocos los manuales de educación sexual y la documentación específica que verdaderamente ilustre  sobre las técnicas anales.

De los renglones que cada día abordan y con mayor profundidad los analistas del sexo, adelantemos algunos:
  1. Los prejuicios
  2. La higiene
  3. La lubricación
  4. La excitación
  5. Las posturas
Veamos estos por separado.

En cuanto a los prejuicios, abundan.

  • El más antiguo se enlaza con la concepción judeocristiana de la sexualidad que se sintetiza en la afirmación de que el ano no es vaso idóneo para la cópula puesto que impide la finalidad fecundante del sexo. De allí que la sodomía, denominación que sirve por igual al bestialismo como a la penetración anal, sea considerada pecado.
  • Para muchos, además, por ser el ano puerta de salida de los excrementos, existe la connotación de que es ésta una práctica sucia y necesariamente prescindible, donde la descalificación se traduce en sórdidos apelativos (la “pista del guano”, por ejemplo).
  • Agréguese a ello un mito frecuente: el de que el sexo anal es una experiencia dolorosa, causante de inenarrables sufrimientos. Y, en fin, el otro, obra de la literatura, el vídeo y el cine pornográfico, que hace del coito paradigma de la humillación femenina.
  • Entre varones, el machismo impone sus reglas. No se acepta que el hombre goce de las introducciones por el ano, aunque éstas sean practicadas por mujeres, ni tampoco las iniciativas acariciadoras que tenga como objetivo la región anal. Se conserva en buen porcentaje de la comunidad masculina heterosexual el tabú de “la puerta estrecha”, como llegó a llamar subliminalmente Andre Gide, el Premio Nobel de Literatura, a esa región, convalidando la práctica como exclusividad homosexualidad y dejando en claro que el “macho probado” es quien acepta penetraciones, y las disfruta.

Y podríamos mencionar más prejuicios. Pero con lo dicho parece suficiente.

Sobre el particular, no hay que confundirse. Hasta la iglesia católica, en boca de los confesores, acepta la penetración sodomítica siempre y cuando forme parte del arsenal de los juegos preliminares y no constituya un fin que perjudique o evite el acto genésico. Es decir, se puede siempre y cuando la eyaculación se deposite en el “vaso idóneo”, que sería lo normal..
Pero, para no sesgar datos, hay que recordar en esta parte una argumentación peculiar. Según el célebre Marqués de Sade la madre naturaleza hizo redondo el agujero del culo y cilíndrico el pene, por lo cual “lo natural” sería determinado por esas coincidencias y “lo no natural” por las discordancias de forma entre pene y vagina. Citable filosofía de un varón que, en todos sus escritos, insistió en los deleites vía anal, azotes incluidos.

En otro renglón de preocupaciones está el excremento vinculante. Existe, ni qué dudarlo, pero puede evitarse o, a lo menos, eliminarse a un mínimo máximo, con adecuada higiene precoital. Y si algo queda, integraría los misterios de una práctica que nunca pierde sorpresa, revelación o atractivo.

Ha de rechazarse igualmente, por exagerada, la cuestión de los dolores. Suelen producirse por lo general debido a dos razones: uno, la impericia de los practicantes, ayunos de técnica erótica, que proceden con torpeza; y, dos, la sempiterna presencia del tabú o el prejuicio que condimenta negativamente el ejercicio, añadiéndole involuntarias contracciones al esfínter, causantes de molestias. Aquí, de lo que se trata es de soltarse, de dejarse llevar, de relajarse, como en la visita al odóntologo.

Por último, de humillación, nada, sobre todo cuando hay la decisión compartida del goce o de la innovación. Y, entre varones, cuentos. Porque sacarle melodías a una zona erótica no marca preferencias. Sólo establece otro camino que enriquece las búsquedas del goce.
El segundo gran tema es la higiene. Con lavado exhaustivo, ad hoc para la experiencia, la pretendida suciedad del coito anal pasa a un plano definitivamente secundario. Se han sugerido hasta los enemas si de pulcritud se trata, a efecto de que no se produzcan encuentros cercanos con la materia fecal. Pero, sabemos, no hay que abusar de los enemas. Basta con lavarse bien, empleando abundante agua y jabón -ojalá neutro.

Y viene la tercera cuestión: la lubricación, que es crucial.

El conducto anual es seco y no se lubrica por sí mismo. Resulta indispensable, entonces, ayudar a la penetración. Al respecto, la pregunta es: ¿Qué lubricantes emplear? El mejor, indiscutiblemente, es la vaselina, que tiene la virtud de permanecer en el área impregnada superando embates y envites. Respecto de ésto, debe advertirse que la vaselina y otros productos no solubles en agua no deben ser utilizados con condón, ya que lo dañan. En estos casos deben preferirse jaleas, pomadas o aceites hidrosolubles, también eficaces. Y, por cierto, hasta la cocina tradicional hace sus aportes, ya que, como lo demostró Marlon Brando en una escandalosa escena de “El Ultimo Tango en París” la mantequilla convierte la experiencia en fiesta gastronómica. A falta de lubricantes, por olvido o imprevisión, siempre queda el recurso supremo y natural: la saliva que, diestramente utilizada, coadyuva a penetraciones en profundidad.

El cuarto asunto es la excitación.

Esto implica sabiduría en los juegos preliminares. Sin éstos, todos lo sabemos, el sexo es práctica desprovista de gracia, “huevo sin sal”, como decían los antiguos. Y aquí, cuando de sexo anal se trata, la estimulación ha de referirse, también y particularmente, a la región anal, dosificada y calma, sensibilizando, buscando la respuesta. Con un dedo o con dos, por los bordes, en insinuaciones de invasión, hasta ensayarla y probarla. Con actividades orales.

Nada es malo, nada es pernicioso, nada es sucio. Lo importante es hacer que estos juegos preliminares acostumbren al receptor a percibir esa zona como gratificante. De ahí que nunca es demasiado el tiempo que se dedica a su preparación. Y, en ello, las actividades digitales y bucolinguales son básicas, ya que contribuyen a favorecer penetraciones ulteriores, generalmente obstaculizadas por las contracciones musculares involuntarias.

En este punto, cabe también un paréntesis sobre la delicadeza.
Prejuicios, miedos, satanizaciones, mitos y otras tergiversaciones, obligan a extremar precauciones. Así, la delicadeza en esta práctica es crucial y traza la frontera entre lo que dejará, por largo tiempo, una huella placentera o ingrata.

La torpeza, la exigencia burda, la brutalidad o la violencia, esbozadas apenas, rompen esos momentos mágicos, presididos por la disposición o la aceptación. El coito anal no es un “juego de lágrimas” sino de sensaciones gratas y, como tal, ha de practicarse con prudencia y con respeto para el otro. En muchos casos, requiere de mucha paciencia, perseverancia, persuasión, convencimiento, retiradas estratégicas, y navegaciones y regresos, según decía el poeta.

Cerrado el paréntesis, comentemos el momento de los momentos: el del coito.

Para el éxito de éste, la postura es esencial. Como en todo, para las primeras veces, hay que recurrir a las más simples y eficaces, que son, en nuestra opinión tres:

  1. Una, en posición del misionero, frente a frente y el receptor, ojalá con una almohada bajo las caderas, con las piernas abiertas y flectadas contra el pecho.
  2. Dos, la clásica, con el receptor en posición cuadrúpeda, a lo “perrito”, tal vez con un almohada o cojín de soporte en el pecho.
  3. Tres, con el receptor en posición lateral, dando la espalda, con una pierna flectada y otra extendida.

En cualquiera de ellas, la penetración ha de ser progresiva, insertando con precisión el glande en el orificio anal y avanzando, sin ruptura de continuidad, por el pasaje, con apropiado cálculo del mejor ángulo y pleno aprovechamiento del nivel de excitación alcanzado y de la lubricación, que habrá de renovarse cuantas veces se requiera.

Las circunstancias determinarán el carácter de los embates subsiguientes, su intensidad y graduación, así como las pausas y detenciones. Imperativa es, en esta etapa, la estimulación manual de otras zonas erógenas, al igual que una participación activa de la pareja, que propicie y colabore a las maniobras de penetración.

En estas primeras ocasiones, es conveniente observar algunos nóes:
– No insistir en penetraciones profundas, si se advierte rechazo a las mismas.
– No acelerar los ritmos copulatorios
– No variar la postura de mejor resultado
– Interrumpir la cópula cada vez que la pareja lo pida, reanudándola cuando retorne la disposición a ésta.

Y debe tenerse en mente:
El coito anal es una de las tantas y variadas alternativas que ofrece la vida sexual. Esto tiene dos corolarios: El primero, que desearlo no es reprochable; el segundo, que no hay que limitarse u obsesionarse respecto de él.

Por otra parte, no hay que olvidar que del sexo anal proviene un alto porcentaje de los contagios del VIH. Es mandatorio, consiguientemente, que en su práctica se utilice condón, cuando se intenta con desconocidos o individuos promiscuos.

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A la vez, surgió en mí una fuerza tremenda, como si mi vagina se hubiera transformado en una boca que succionara rítmicamente, que aprisionara y acariciara con suavidad y energía aquel miembro.

Largos años de matrimonio llevamos mi marido y yo. Nos habíamos casado apasionadamente enamorados. Habíamos aprendido juntos gran parte del juego del amor durante nuestra luna de miel, y más tarde tuvimos todo el tiempo del mundo para continuar experimentando. Después, llegaron los hijos, el trabajo absorbente, más obligaciones y responsabilidades. Imperceptible y gradualmente,  nuestra vida sexual cayó en la rutina. Un buen día acabamos por darnos cuenta de que nuestra falta de estímulo en lo sexual empezaba a reflejarse en otros aspectos de nuestra relación. Consultamos a un psiquiatra. Nos recomendó reiniciar gradualmente nuestra vida sexual, con más caricias y más erotismo. Pero no avanzamos mucho. El hastío continuaba carcomiéndonos.

Fue entonces cuando la sabiduría oriental vino a salvarnos. Por azar, cayó en mis manos un libro acerca del “tantra”. Lo estudié profundamente. Cuando creí que dominaba la teoría, invité a mi marido a que experimentáramos juntos lo que allí se enseñaba. Y aceptó. Lo que hicimos fue extraordinario.

Con el tantra, se produjo un cambio tan radical para nuestra manera de relacionarnos que nuestra unión persiste ahora plena de vitalidad, a pesar de los muchos años de matrimonio.

‘La Columbia Encyclopedia’ define al tantra como una tradición esotérica que se encuentra en el hinduismo y en el budismo, y que mezcla una serie de ritos en el yoga.

yoga

En dicha tradición son fundamentales las deidades femeninas que se llama Shakti, junto con el uso del vino, la carne y la celebración del acto sexual. En la práctica de los heroicos predomina el uso de los cinco elementos llamados los cinco “emes”: el pescado (matsya), la carne (mamsa), el vino (madya), los cereales afrodisíacos (mudra) -para algunos autores, los mudras serían los gestos eróticos- y el sexo (maithuna).

La práctica tántrica tiene como objetivo despertar la energía (kundalini), que se identifica con Shakti y se funde en el esencia divina. Para los tántricos, macho y hembra poseen polos opuestos de energía cósmica bioeléctrica que se unen durante la relación sexual. A través del aliento se absorbe energía cósmica, pero sólo durante el coito hay mayor recargo de ella. La kundalini posee forma de serpiente y, con la cola en la boca, duerme enroscada en la base de la columna. Se le despierta concentrándose en el ‘muladhara chakra’ o centro del sexo, que se localiza entre el ano y los genitales. Todo esto ya unido a la meditación tántrica. Es a través del maithuna que los seres humanos  se unen a la esencia del poder cósmico y, por ende, alcanzan el éxtasis.

La práctica del tantra alarga la vida, garantiza la adquisición de mayor sabiduría y permite el desarrollo de una gran vitalidad. Su práctica implica el uso del poder sexual y requiere de una preparación espiritual por medio de la meditación y la respiración, para producir una experiencia de carácter místico y sexual. Las poderosas cargas electromagnéticas de los sexos se unen y culminan en el orgasmo, que es como una explosión de paz y calma.

¿Cuáles son los pasos a seguir para la práctica del sexo tántrico?

El  primero,  fundamental, consiste en abstenerse de tener relaciones sexuales, pues el yoga tántrico se basa en la medida que se practica con menos frecuencia. A lo sumo, una vez al mes. La explicación de esto es que el sexo en exceso agota la energía sexual y contribuye a que se pierdan fluidos vitales.

En nuestro caso partcular, una vez que mi marido y yo tomamos la decisisón de prácticar el yoga tántrico, nos resignamos a la abstinencia. Durante este período, se recomienda hacer una serie de ejercicios de meditación y de respiración.

Nuestra unión sexual debía efectuarse el quinto día después de pasado mi período menstrual. Para los tántricos, ese día la mujer está plena de potencia y receptividad-

Acostumbrados, como estábamos a una práctica más o menos frecuente, esta regla nos resultó difícil de aceptar, pero pensamos que valía la pena el sacrificio si es que recuperábamos la fogosidad de nuestra relación. De manera que para evitar problemas decidimos dormir separados.

meditacionA continuación, iniciamos los ejercicios que exige el tantra. El control respiratorio se realiza de l5 a 20 minutos, diariamente. Consiste en inhalar durante siete tiempos, mantener el aire en los pulmones contando hasta siete también y exhalar durante siete tiempos nuevamente. Practicando la respiración, la meditación es una consecuencia natural, puesto que prácticamente fluye sola. Es cuestión de concentrarse y dejar libre el pensamiento. Cualquier libro de yoga enseña las bases de la respiración y la concentración.

Mi inquietud se exacerbaba a medida que pasaban las semanas. Alrededor del día catorce, ya me sentía bastante estimulada por los ejercicios místicos de preparación y purificación. Hubiera querido, con toda mi alma, hacer el amor con mi marido. Sin embargo, estaba resuelta a acatar las reglas hasta el fin. El tantra impone que, en este período, la persona deja de pensar en el ser amado. Quizás por eso, con cierta frecuencia, empecé a soñar con mi marido, cosa que no me pasaba desde que éramos novios.

Finalmente terminó mi período menstrual. Mi marido, que estaba informado al minuto de lo que me ocurría, se sintió muy feliz. Había llegado el gran momento.

Para el tantrismo, el sexo es un ritual que debe ser preparado hasta el detalle, en tareas que despliega conjuntamente la pareja.

Los ritos deben realizarse entre las l9 y las 24 horas. Como lo que aquí se juega es la plenitud sexual, las cosas deben hacerse con entusiasmo y convicción.

Mi marido se encargó de comprar los alimentos frescos del ritual y los preparó de acuerdo con las normas: la carne, que representa lo animal; el pescado, las fuerzas del mar;  el vino, el fuego; y, los cereales, la tierra. Nos surtimos también de semillas de cardamomo y arroz hervido, incluyendo dos vasos de agua y sake japonés. Siguiendo las instrucciones, pusimos todo esto en una bandeja de plata, sobre una mesita al pie de la cama. Durante el día yo me había preocupado de la limpieza meticulosa de la recámara. Puse sábanas de raso en la cama y las perfumé cuidadosamente. Nuestra habitación quedó limpia, agradable, ventilada. En seguida, coloqué jarrones con flores frescas, especialmente rosas rojas, distribuí espejos en sitios estratégicos y, según lo señala el tantra, dispuse la iluminación a base de velas blancas y perfumadas, puestas en candelabros. De ese modo, la habitación estaba alumbrada con una tenue luz violeta. De hecho, me preocupé de la decoración como si se tratara de una gran representación teatral.

Más tarde, mi marido y yo nos dedicamos a nuestro arreglo personal. Yo me puse un bello traje largo de seda color durazno y me solté el pelo. Mi maquillaje y mi perfume fueron cuidadosamente elegidos para la ocasión. Mi marido se veía muy guapo y su atuendo y perfume revelaban su preocupación por lo que viviríamos. La sala estaba a media luz, y habíamos puesto un disco de música suave.

Nos miramos con profunda seriedad y dimos por iniciada la ceremonia. Cada paso del ritual tenía por objeto atender a cada uno de nuestros sentidos, la mente y el espíritu, con el fin de alcanzar estados elevados de misticismo.

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Cenamos sin dejar de mirarnos intensamente, casi no hablábamos, pues estábamos concentrados en nosotros. Empezamos por la carne acompañada con vino. Después. seguimos con los otros alimentos. Terminamos brindando son sake y mascando las semillas de cardamomo para aromatizar nuestro aliento.

Después, fuimos a bañarnos juntos, según el ritual. Nos acariciamos con suavidad y miramos nuestros cuerpos bajo el agua, con renovado interés y afecto.

Al salir del baño, purificados e impecablemente limpios, nos pusimos nuestros perfumes predilectos. Yo me cubrí con una bata de seda transparente roja. del color del hibisco, y mi marido se colocó una bata de seda natural. Abrazados, llegamos al lecho e inciamos los ejercicios de respiración para librarnos de tensiones y ansiedad.

A continuación, nos desnudamos. Dulcemente empezamos a masajearnos el uno al otro con aceite perfumado a base de almizcle. De vez en cuando repetíamos nuestra “mantra”, pensando en el kundalini.

Todo lo que habíamos leído estaba sucediendo. Lo realmente mágico de una ceremonia tántrica es que, no obstante que los miembros de la pareja conocen perfectamente sus cuerpos, la magia del ritual los hace verlos de otra manera en el nuevo escenario de luces y de sombras, de flores y esencias exóticas. Cada sentido se pone en estado de alerta, con el máximo de receptividad. La música sirve al redescubrimiento físico estimulando y acariciando.

Hacia el orgasmo definitivo

Con los dedos índice y corazón, mi compañero me tocó el pecho y los tres ojos: los dos físicos y el ojo espiritual que está en el centro de la frente. Luego, fue tocando mi cuerpo punto por punto con una delicadeza y una dulzura que me hacían estremecer. Tendida de espaldas, me sentía recorrida por una especie de corriente eléctrica maravillosa. Mi marido yacía recostado sobre su costado izquierdo, que es la posición que despierta la corriente de la energía kundalini. Y ambos respirábamos rigurosamente, según lo exige el tantra.
sexo tantrico
Fue una larga y extenuante sesión de caricias preliminares. Después, alcé las piernas, las doblé hasta tocar primero mi barbilla y luego el pecho, y entonces mi marido me penetró totalmente, al tiempo que yo bajaba las piernas y las mantenía abiertas. Por primera vez en la vida, sentí el vigor de su pene duro inundándome. Nos quedamos absolutamente quietos, sin hacer ningún movimiento.

Esta una de las más importantes reglas del sexo tántrico. La pareja debe permanecer inmóvil luego de la penetración, atenta al intercambio de sensaciones físicas y psíquicas que experimentan, sin tensiones de ninguna especie y sin precipitarse a iniciar movimientos de introducción y salida. Tal control debe mantenerse durante 32 minutos.

Habían pasado alrededor de veinte minutos, cuando sentí algo inusitado. Fue como si su pene hubiera cobrado vida y alcanzado proporciones gigantescas. A la vez, surgió en mí una fuerza tremenda, como si mi vagina se hubiera transformado en una boca que succionara rítmicamente, que aprisionara y acariciara con suavidad y energía  aquel miembro. Y las contracciones que yo hacía, aunque involuntarias, parecían motivadas por una fuerza que estaba fuera de mí.

tantraNos contuvimos todavía. Yo había comenzado a experimentar un orgasmo increíble, o muchos orgasmos, no lo sé. Aun así, no inicié movimientos.

Esto ocurrió después

Casi sin advertirlo, comencé a moverme y a retenerlo  con mis muslos, cadera y todo el cuerpo. El por su parte inició la acción del coito, larga, muy larga, por largo tiempo. Estábamos en una comunión perfecta, fundidos en el contacto sexual, con el espíritu y el cuerpo ascendiendo a alturas jamás imaginadas.

El orgasmo fue inenarrable. Luego, al recuperar la conciencia, me sentí inmersa en un lago de serenidad, estático y agradable al mismo tiempo. Durante largo tiempo permanecimos unidos, sintiendo nuestro calor y energía. Nos sentíamos puros y habíamos revitalizado  nuestro amor.

Esa fue mi gran experiencia
Ahora, recomiendo el sexo tántrico. Es un sistema nuevo, una religión del  erotismo que permitirá a los practicantes traspasar la etapa primaria del sexo para convertirlo en algo fuera  de serie.

Es cierto, el tantra requiere de ciertos sacrificios, pero la recompensa es muy grande. Afortunadamente, hay bastante material escrito sobre la materia. Es cuestión de buscar en librerías y probar. De una cosa estoy segura: si lo practican, no se arrepentirán, puesto que su relación amorosa se enriquecerá decisivamente.

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transexual

Lulú

Lulú proviene de Italia, tiene 25 años y su apariencia es la de una muchacha fresca y atractiva. Sin embargo, Lulú es un hombre que desde su infancia quiso ser mujer. Ya adolescente comenzó a vestir ropas femeninas, a usar rellenos para simular pechos y caderas, y a disimular el volumen de su paquete peneano-testicular, de muy adecuadas dimensiones.

A los 18 años, Lulú comenzó a depilarse todo el cuerpo y a administrarse estrógenos para obtener características corporales femeninas. Dos años más tarde visitó a un especialista con objeto de que le hiciera una operación de cambio de sexo. Como el médico rechazó la opción, Lulú desesperada intentó automutilarse los genitales.

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El caso inverso también es frecuente.

Juan Carlos

Juan Carlos es portorriqueño, vive en España y tiene 30 años. Juan Carlos es mujer y, desde niño, ha anhelado ser hombre. A los 13 años comenzó a vestirse como hombre aprendiendo paulatinamente a imitar la conducta masculina. Sus primeras experiencias sexuales masculinas, las consumó a los l7 años utilizando un pene artificial que lleva a todas partes.

Durante su vida, Juan Carlos recurrió a muchos médicos para que le eliminaran los senos, le disminuyeran la redondez de las caderas y los muslos y le implantaran un pene artificial. Lo logró recién, en 1989, cuando en Madrid completaron el largo y complejo tratamiento de cambio de sexo con una implantación. Actualmente, Juan Carlos se ha casado con una joven de su edad y viven como una pareja normal.

Ambas situaciones reflejan la presencia de un mismo fenómeno: el transexualismo, esto es, la necesidad compulsiva e irrenunciable de pertenecer al otro sexo con todo lo que a este le corresponda en lo sexual, empezando por la apariencia de los caracteres sexuales primarios.

Ser transexual no es lo mismo que ser homosexual o travestista. La homosexualidad es un estado por el cual un individuo busca placer erótico-genital con personas de su mismo sexo, sin obsesión o compulsión a cambiar de sexo. Por su parte el trasvestismo es un comportamiento que se caracteriza porque el sujeto que lo practica disfruta sexualmente vistiendo ropas del otro sexo y con eso se satisface. Un trasvestista no siempre es homosexual ni tampoco transexual.

Tampoco el transexualismo debe confundirse con la intersexualidad, cuyos síndromes típicos, el hermafroditismo, el pseudohermafroditismo, el testículo feminizante de Morris y la disgenesia de Klinefelter, se manifiestan en alteraciones congénitas en los caracteres sexuales, que ameritan las más de las veces correcciones y readaptaciones de tipo quirúrgico.

Un pseudohermafrodita femenino posee ovarios en genitales de apariencia masculina en tanto que el pseudohermafrodita masculino tiene testículos, a pesar de que una hipospadia malforma la estructura de sus genitales haciéndolos aparecer como una vagina.

En el testículo feminizante de Morris, el sujeto luce un aspecto completamente femenino, salvo que no menstrua, que tiene hormonas masculinas afuncionales y testículos en vez de ovarios.

Finalmente, la disgenesia de Klinefelter se caracteriza por la existencia de un cromosoma femenino adicional en los varones, que determina escaso desarrollo de los genitales y presencia de mamas feminoides.

En el transexualismo, el querer pertenecer al otro sexo hasta sus consecuencias finales, modificando la estructura corporal, es el centro de la distinción. Por eso el transexual termina buscando constante y angustiosamente el auxilio de la cirugía para conseguir su objetivo, lo que remata en un cambio sexual de identidad cuando hay éxito.

A la fecha existen sólo teorías para explicar este comportamiento.

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De acuerdo a los sexólogos, psicólogos y psiquiatras más tradicionalistas, el origen del transexualismo se encontraría en la infancia de los individuos, provocado por un acontecimiento condicionante, como sería el caso de padres que, decepcionados de tener un hijo de un sexo, lo orientan al otro, estimulándolos a comportamientos ajenos a su ser sexual: obligar a un varón a vestir ropas femeninas o a una niña a actuar como varón.

El profesor sudamericano E. Téllez, que se ha especializado en el tema de los patrones sexuales, atribuye los intercambios de roles sexuales el despertar de esta conducta, sosteniendo que el mayor o menor éxito, frente a sus mayores, de asumir el rol del otro sexo, alienta la condición transexual en el niño.

Sin embargo, una investigación del director de la revista “Travestia”, C.V. Prince, descartaba hace unos años la hipótesis infantil, señalando que la mayoría de los sujetos sometidos a una encuesta sobre el punto, declaraba haber iniciado sus actividades transexuales después de los diez años de edad.

Otros autores prefieren pensar que el transexualismo es una forma de intersexualidad que tiene un origen exclusivamente orgánico, de mecanismo hereditario o endocrino.

Pero, nada está claro todavía.

Vale la pena, en cualquier caso, centrarse en la preocupación de los transexuales de cambiar quirúrgicamente su sexo.

No obstante, y a pesar de los avances en las técnicas quirúrgicas, el transexualismo ofrece dificultades a menudo insalvables para el cirujano. Por ejemplo, una gran mayoría de transexuales ostenta caracteres sexuales anatómicos bien definidos y eliminarlos no es sencillo.

Es posible remover los genitales masculinos y, mediante cirugía plástica, crear una vagina artificial que funcione como tal, aunque lógicamente sin permitir la reproducción.

Los tratamientos hormonales pueden, completados con el bisturí, resolver el problema de la ausencia de senos, y alguna muy costosa terapia electrolítica y foniátrica, revertir respectivamente la crucial cuestión del vello corporal y de la voz.

Más complicado resulta alterar un esqueleto definitivamente masculino o femenino, al igual que una prominente nuez de Adán.

Y tan complicado como todo éso son los aspectos legales que “el cambio de sexo” debe enfrentar, desde el cambio de la partida de nacimiento hasta procesos tan importantes como el matrimonio, la adopción de hijos, el empleo y otros.

Muchos transexuales no comprenden del todo la magnitud del paso que están dando.

De hecho, se trata como de nacer de nuevo, en lo que lo doloroso no es lo que se experimenta en la mesa de operaciones sino el aprendizaje del nuevo rol: para una mujer, empezar de cero a actuar como varón; y, para un varón, a la inversa. Y, ambos, con limitaciones.

“Una vagina artificial funciona, confiesa un transexual operado”. Psicológicamente da la satisfacción de sentirse penetrada por un hombre, pero no es la misma que ofrece una vagina auténtica. Además, ésta se infecta con facilidad, porque por buena que fue la operación nunca es perfecta, y está el tratamiento de hormonas, que debe mantenerse. Tampoco hay clítoris ni sustituto alguno del mismo. Claro que, “sumando y restando me siento mejor que antes “.

Las mujeres que han cambiado su sexo viven otro tipo de problemas. El pene que consiguen es también imperfecto y se logra normalmente con injertos de piel a los que se adosa un tubo que le da consistencia y dureza.

Vivo con una erección permanente, que tiene el defecto de no brindarme placer per se. Mis orgasmos me los sigue entregando mi viejo clítoris, todavía el real motor de partida de mi sexualidad. El pene que ahora tengo es una buena pieza para mostrar, que me autoafirma y, en el espejo, me asegura que soy un hombre con todo lo necesario”, nos cuenta otro transexual operado.

Socialmente, el cambio de sexo todavía no es bien comprendido por las mayorías. La gente piensa en un porcentaje importante que hay algo malo en todo esto, una especie de golpe bajo a la naturaleza. “Un transexual operado debe mudarse de barrio, cambiar de amigos y hasta de país, si le es posible, afirma un médico. La sociedad no acepta fácilmente que el que ayer era hombre o mujer, termine siendo lo contrario”.

Sin embargo, en el balance, todo sueño cumplido es gratificante y, para el transexual, que a lo largo de su existencia ha debido sufrir la dura presión de sus inclinaciones con la inadaptación consiguiente, así como el desprecio y la burla de sus contemporáneos, llegar a ser lo que se quería ser no puede ser negativo.

Las celebridades como Coccinelle (Jacques -Charles Dufresnoy), un artista de vodevil que deslumbró a nuestros padres con sus encantos de travestista, acabó operándose. Se casó dos veces y vive una armónica vejez en alguna parte del mundo.

Christina Jorgensen, a principios de la década de los 50, un peludo varón llamado ahora George Jorgensen, después de cambiar su sexo y su domicilio, es hoy una plácida ama de casa de Los Angeles, setentona, que cuenta a quien se lo pregunte:

“Treinta y tantos años atrás, cuando hice lo que hice, me encontré con casi una completa hostilidad. Hoy existe casi absoluta comprensión. Soy una mujer. Y eso es lo que siempre quise ser. Soy muy feliz y amo la vida. Una vida que es completamente normal”.

Para los transexuales menos celebres, está, también, la disyuntiva: cambiar o no cambiar de sexo. No cambiarlo, es sufrir. Y cambiarlo lo es igualmente para los transexuales pobres, ya que una operación de esa especie cuesta miles y miles.

Problema insoluble que no resuelve ni el más avezado de los terapeutas.

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abstinencia sexual

“En medio de una orgía sexual, como en las que participaba dos sábados cada mes, Juan Romo sintió que estaba desperdiciando su vida. (A los 25 años -se dijo- es un crimen destruir conscientemente el organismo). Con una extraordinaria claridad sobre lo que habría de ser su vida futura, recogió su ropa y abandonó esa casa de lujuria, donde parejas y grupos de enardecidos copuladores se entregaban a todos los excesos. Desde ese día y durante tres años completos, escogió el camino de la absoluta abstinencia sexual. Un día de marzo, yendo por la calle, le dio un ataque al corazón y murió.”

Respecto de esa muerte hubo dos versiones: Una aseguraba que Juan Romo había fallecido a consecuencia de los excesos sexuales que cometió años antes; otra sostenía que su muerte no tenía otra explicación que la propia abstinencia sexual.

abstinencia sexual

El caso es extremo, pero ejemplifica una vieja discusión que plantea la pregunta. ¿La abstinencia sexual es buena o mala para la salud?

Naturalmente, los pensadores de ciertas sectas o religiones han afirmado que una vida casta es saludable y recomendable. Dicen:

“El hombre que se abstiene del comercio sexual gana años adicionales de vida. Las efusiones sexuales y su culminación debilitan el organismo. Toda pérdida de semen representa riesgos para un organismo equilibrado. Por lo tanto, un control rígido de la libido es siempre más sana que lo contrario, aun en el matrimonio, donde la procreación hace de freno de los apetitos exagerados, sugiriendo a los cónyuges la castidad como una alternativa de fortalecimiento espiritual”.

Otros autores piensan que la abstinencia sexual sería “una perversión sexual”. Remy de Gourmont, un escritor francés (1858-1915), se hizo célebre porque afirmó lo siguiente:

“La más singular de todas las aberraciones es sin duda la castidad. No porque la consideremos antinatural (nada de lo que existe puede considerarse antinatural) sino por los pretextos a los que obedece. “

Las abejas, las hormigas, las termitas, presentan ejemplos de castidad perfecta y, al mismo tiempo, de castidad utilizada, de castidad social, involuntaria y congénita. El estado neutro es, entre los insectos, un estado físico, equivalente al estado sexual y origen de una actividad caracterizada. En los hombres es con frecuencia un estado aparente o transitorio producido por la voluntad o exigido por la necesidad: un estado precario tan difícil de mantener que, para conseguirlo, se rodea de toda clase de murallas morales y religiosas, y hasta reales, construidas de piedra y ladrillo.

“La castidad constante y voluntaria es casi siempre una práctica religiosa. Los hombres han creido en todos los tiempos que sólo pueden aspirar a la perfección con esa renuncia; parece un absurdo y es, al contrario, algo de un lógica inquebrantable. La única manera de diferenciarse del animal es abstenerse de un acto al que se entregan todos los animales sin excepción. El mismo fundamento hizo concebir la abstinencia y el ayuno; pero como sin comer no se vive, pero sin amor sí, las privaciones del estómago quedaron limitadas.

“No es dudoso que el ascetismo, del que sólo es capaz el hombre, pueda colocarnos a mayor altura sobre la animalidad; pero no basta por sí solo; aislado no sirve más que para excitar el orgullo estéril; es preciso añadirle el ejercicio vigoroso de la inteligencia. Falta saber si el ascetismo, privando a la sensibilidad de uno de sus alimentos más sanos y más excitantes, puede favorecer el ejercicio de la inteligencia”.

Agreguemos nosotros algunos aspectos que deben tenerse en cuenta, además, para analizar objetivamente este problema, al margen de consideraciones religiosas o morales.

Por una parte, el sexo es una de las funciones primordiales de los seres vivos. Cancelarla, privarla o eliminarla, equivale a desequilibrar el conjunto de los sistemas orgánicos. Desde este punto de vista, la abstinencia sexual no puede ser contemplada como algo saludable.

Desarrollado el individuo, la actividad sexual regular contribuye a la armonía del cuerpo y de la mente. Se ha comprobado, en investigaciones de campo, que las personas que inician temprana y regularmente sus actividades sexuales pueden continuarla hasta la vejez sin problemas.

A la vez, se observa que hay muchos trastornos psicológicos y psicosomáticos consecuencia de prolongados períodos de abstinencia sexual. Entre otros, pensamientos obsesivos y hasta compulsivos respecto del sexo, estados depresivos, ansiedades, insomnios, reacciones histéricas, inadaptaciones sociales, hipocondrías, mareos y otros males de la psique, alergias, pruritos, vaginismo, priapismo, etcétera.

Es que la abstinencia sexual nunca puede ser absoluta. Generalmente, quien obliga a su organismo a la abstinencia o se ve forzado a ella, carga cuando menos con las malas pasadas que le juega su imaginación.
Es conocida la lucha de los hombres santos contra las tentaciones de la carne, que los impelían a la flagelación, al uso del cilicio y al ayuno. San Jerónimo dejó testimonio escrito de sus sufrimientos de abstinente:

“En mi imaginación me vi muchas veces rodeado de muchachas, y aunque mi rostro estaba pálido por el ayuno, mi mente ardía en deseo dentro de mi cuerpo frío y las llamas de la lascivia quemaban mi organismo que parecía muerto”.

Por eso, ante la imposibilidad de controlar los instintos sexuales, San Pablo sentenciaba:”más vale casarse que abrasarse”.

tantraLa continencia sexual, que se recomienda con fines de planificación familiar, no está exenta de riesgos. En China, lugar en que se ha obligado a los individuos a abstenerse del sexo para controlar la explosión demográfica, se ha incrementado en forma proporcional la presencia de trastornos emocionales, conductas antisociales y criminalidad sexual.

Otra continencia forzada es la de los deportistas en períodos previos a competencias importantes y que, según especialistas en medicina deportiva, es fuente de tensiones e irritabilidad y malogra todo lo ganado con un exigente entrenamiento. Por eso, hoy se está recomendando precisamente lo contrario: que el deportista continúe con su vida sexual regular.

El derecho penal moderno rechaza, con justa razón, la privación sexual a que se somete a los delincuentes en las cárceles y estimula la creación de venusterios u otros sistemas de desahogo de la sexualidad, contemplando las consecuencias a que han llevado sistemas penitenciarios que imponen como pena adicional -y arbitraria- la abstinencia sexual obligatoria.

En resumen: de todo lo dicho debe concluirse que la abstinencia sexual hace más mal que bien a la salud.

Esto muestra la necesidad de echar por la borda algunos mitos y falacias:

  • No es cierto que privarse de la sexualidad prolongue la vida.
  • No es cierto, tampoco, que la actividad sexual debilite el organismo ni que las emisiones voluntarias o involuntarias de líquido seminal mengüen las capacidades orgánicas. En los hechos, una descarga de semen equivale, como dice Rubin, a una expectoración de saliva, que el organismo recupera con rapidez a través de las hormonas sexuales.

Es cierto, sin embargo, que una vida casta contribuye a evitar las enfermedades venéreas. Esto si se entiende la castidad no como abstinencia sexual, sino como una actitud ajena a las prácticas promiscuas y que prefiere las relaciones estables, regulares y con pareja conocida.

Ahora, si alguien quiere probar su fuerza de voluntad absteniéndose del sexo por poco o mucho tiempo, la satisfacción obtenida por el éxito de la prueba puede ser benéfica para su equilibrio psíquico. Pero ese éxito o el fracaso dependerán de su realidad erótico sexual, pues las consecuencias de una privación sexual forzada o voluntaria están siempre en relación con el temperamento de cada persona.

Aunque no se debe olvidar el apotegma del tantrismo hindú, que no por antiguo es despreciable: “la abstinencia sexual es el camino seguro a la destrucción espiritual.”

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Muchas parejas se abstienen de las relaciones sexuales durante la recta final del embarazo por miedo a hacerle daño al feto.

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Una vez que ha nacido el hijo, algunos padres siguen sin atreverse a hacer el amor, por miedo a sentir dolor, en el caso de la mujer, y el hombre se abstiene por temor a causarlo.

En consecuencia, hay un sentimiento compartido de ansiedad y culpabilidad que se desvanece en cuanto se consulta con el doctor. Es importante no avergonzarse de parecer demasiado ansiosos ante el médico, y atreverse a preguntar cuándo se pueden reanudar las relaciones sexuales.

6 semanas después del parto la mucosa vaginal todavía es débil y el útero no ha restablecido su tamaño normal y su posición. Además, las hemorragias después de expulsar la placenta duran entre 3 y 4 semanas. Por ello, el comienzo de las relaciones íntimas varía en cada caso.

Una vez finalizada la hemorragia vaginal y, si el parto se hizo con normalidad y no hubo incisión en el perineo y la vagina (método que se realiza en ocasiones para facilitar la salida del feto), el tiempo de abstinencia sexual es de 2 a 3 semanas.

En el caso de parto por cesárea, el tiempo de castidad se amplía a 3 semanas. Aunque se puede reducir el plazo si se hacen posturas que eviten que el peso del hombre caiga sobre el abdomen de la mujer.

¿Estoy preparada mentalmente?

A pesar de que pasado un periodo de tiempo, el cuerpo ya está preparado para realizar el coito, la mujer no siempre se siente con ánimo de hacerlo. Esta situación varía según los casos, ya que hay mujeres que desean reanudar las relaciones lo más pronto posible. Se da el hecho de que las madres que amamantan a sus hijos suelen ser las que muestran más interés en volver a tener relaciones sexuales.

El nivel de interés sexual que tienen las madres recién estrenadas no está relacionado con la edad, ni con el número de hijos que tenga.
sexo-tras-embarazoEl bajo interés sexual puede tener diversos motivos:

– La mujer recién parida tiene un cansancio excesivo por el esfuerzo del parto.

– Los horarios del bebé no son fijos y requieren una atención constante para atender la lactancia, todo ello provoca fatiga física y psíquica en la mamá. Además, hay casos en que el recién nacido llora con frecuencia a lo largo de toda la noche y no da tregua a sus padres.

– Si ya se ha dado una relación sexual postparto y ha habido dolor, es fácil que descienda el interés de la mujer a tener un nuevo contacto con su pareja. El dolor puede ser debido a que las cicatrices perineales no estén curadas. O bien, los desgarros en esa zona se han saturado de forma apretada.

– El temor a un nuevo embarazo también puede ser el motivo de abstención sexual para muchas mujeres.

Lo mejor para solucionar estas causas de falta de interés sexual en las mujeres es tomarse un tiempo, hacer una dieta equilibrada y buscar información sobre el método anticonceptivo más adecuado.

Métodos anticonceptivos

La posibilidad de quedarse embarazada durante el primer mes y medio tras el parto es muy pequeña, ya que prácticamente no hay función ovárica. La aparición de la menstruación normal varía según los casos, pero hay que tener en cuenta que la lactancia retrasa ese momento. También se debe señalar que las mujeres que tienen hijos anteriores menstrúan antes que las primerizas.

Antes de reiniciar los métodos anticonceptivos conviene saber:

– Mientras dure la lactancia, el método no puede ser hormonal, tanto si es oral como inyectado, ya que las hormonas podrían transmitirse al bebé a través de la leche materna. En cambio, las mujeres que no dan el pecho pueden utilizar el método que ya usaban antes del embarazo, una vez que les haya venido la primer regla tras el parto.

– El DIU (Dispositivo Intra Uterino) se debe usar una vez que el útero recupera su tamaño y lugar inicial. Se recomienda esperar hasta que finalice la primera regla para implantarlo, porque acostumbra a ser una menstruación abundante.

– El preservativo no presenta ningún problema para usarse tras el parto.

Una consulta con el especialista te ayudará a saber cuándo puedes reanudar tus relaciones sexuales y qué método anticonceptivo te irá mejor.

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Las mujeres, al igual que los hombres, tienen fantasías sexuales que podrían hacer mucho más excitante una relación, pero no siempre se sienten libres para expresarlas.

Por varios años, los hombres pueden haber mantenido una idea equivocada de lo que las mujeres realmente quieren en la cama. No es extraño, entonces, que el sexo se haya vuelto rutinario y previsible, y que ellas no logren el goce pleno de la actividad sexual.

De hecho, cuando se consulta a las mujeres sobre sus preferencias en la cama, muchas respuestas pueden sorprender incluso a los varones menos conservadores.

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Muchas de ellas tienen enteras listas de errores que los hombres comenten al querer hacerlas gozar al máximo, los cuales van desde la falta de besos al hacer el amor, hasta el hecho de ser más agresivos.

Por cierto, no valdría la pena esperar que ellas nos hablen sobre estas fantasías, ya que sabemos que el pudor suele estar más del lado de las mujeres que de los hombres. Por lo tanto, si el sexo no es como quisiéramos, debe ser el hombre quien ponga manos a la obra, o al amor, para revertir esta situación.

Por supuesto, los hombres se preguntarán, ¿Cómo? Para ello, basándonos en los comentarios de muchas mujeres, sexólogos, le podemos ofrecer una lista de las lujuriosas fantasías que quizás su propia mujer esté esperando desde hace tiempo.

Sobre sexo no hay nada escrito

Sin embargo, muchas mujeres dijeron cosas parecidas, o bien muy interesantes, de las cuales hemos tomado las cinco principales, para pasar a enumerárselas.

1- Ella es la reina

Esto no es tanto una fantasía que ellas hayan expresado, pero sí una muy buena sugerencia para las relaciones sexuales. Muchas mujeres necesitan que sus hombres las contemplen con atención, focalizándose en todo su cuerpo entero. Les gusta que las besen desde los tobillos hasta la espalda, despertándoles sensaciones que provengan de algún otro lugar que no sea la vagina.

También podría pasar un pequeño tiempo besándole el muslo o las partes interiores de la muñeca. De esta forma, será probable que ella se lo haga a usted también, y, le aseguramos, también sus sensaciones serán más profundas.

2- La boca, otra zona erógena

La use usted o ella, debe saber que a la mayoría de las mujeres les encanta incorporar la boca a la relación sexual. Para su sorpresa, muchas mujeres desearían también usar sus bocas para erotizar más a sus hombres.

Lo que secretamente desean, son ciertas direcciones. Pero eso dependerá de cada una, por lo que no podemos darte un “mapa” (pero él lo podría confeccionar). Y el ruido: las mujeres aman oír toda clase de ruidos agradables, para asegurarse de estar haciendo un buen trabajo.

Recuerda, principalmente que las mujeres desean que vaya muy a fondo con su boca (en todas las partes de su cuerpo…), usando también los dedos cuándo sea el momento, para luego seguir otra vez con la boca.

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3- No descartar el cumplir ciertas fantasías

Cumplir ciertas fantasías puede ser también muy estimulantes. Por ejemplo, a muchas mujeres les podría gustar tomar el rol de “chica mala”, pero si el hombre no les da el permiso, difícilmente se animarán a planteárselo. Las fantasías pueden ser muy bellas, aunque muchos/as no se den cuenta de eso.

Muchas mujeres señalan, por ejemplo, que ya se sienten cansadas se ser una dama en el dormitorio, así como de hacer el amor y estar rodeada de cosas suaves todo el tiempo. Por eso, desea que su esposo tuviera un sexo más salvaje con ella, y se comportara como si acabara de conocerla, sin ningún tipo de cuidados, tratándola salvajemente y manejándola a su antojo…

En fin, existen una gran cantidad de mujeres que quieren algo más salvaje para sus dormitorios. Pero sucede que, simplemente, temen que si se comportan de esa manera, sus hombres piensen mal de ellas, por lo que están incluso atemorizadas que ellos, erróneamente, las comiencen a tratar diferentemente también fuera del dormitorio. Por eso, debe entender que solo se trata de cambiar la visa sexual, y no la vida.

4- Basta de buenas palabras

En este mismo sentido, la pareja debería comenzar a ampliar su léxico sexual. Créelo o no, muchas mujeres hablan muy bien de las malas palabras… y una gran cantidad de ellas, quiere categóricamente que les digan cosas “desagradables”. Muy posiblemente, muchas de las cosas que solía decirle antes del casamiento…

Es posible que, en un principio, las mujeres que oigan estas palabras comiencen a ruborizarse, pero debe saber que eso no quiere decir que las incomode… Por supuesto, no podemos escribir ninguna de esas palabras, pero estamos seguros que no le faltará imaginación para ello.

5- Más agresividad en la cama

Esto es casi una coincidencia unánime. La mayoría de las mujeres realmente quería algo más agresivo, incluso más allá del lenguaje. A muchas les gustaría ser atadas, y tiradas del cabello. En efecto, estaban bastante entusiasmadas acerca del sexo agresivo.

Por supuesto, esto no implica que el hombre deba llegar a su casa y abofetear a su mujer, pero en su lugar, quizá un pequeño rasguño en el dormitorio podría trabajar de maravillas para la vida sexual. Y si eso no es suficiente, podrá intercambiar roles, y dejar que ella sea el agresor.

Por supuesto, desde aquí, sólo le hemos podido trasladar lo que muchas mujeres y sexólogos nos hicieron saber, pero cada caso es único, y cada hombre debe sentirse libre de experimentar cual es del de su pareja.

Está claro que no es nada fácil alentarlas a llevar adelante lo que realmente desearían hacer en el dormitorio, y sentirse libres para expresar sus deseos sexuales. Pero en el fondo, es también su responsabilidad que ellas lo puedan hacer, y también saber encontrar estas cuestiones en su propia relación.

Comunicándose en forma más abierta acerca del sexo, les permitirá descubrir que ella está mucho más que dispuesta a acercarse a cosas nuevas. ¡No pierdan la oportunidad de descubrirlo!

la masturbación

La masturbación: sexo seguro

La discusión continúa y nadie sabe definitivamente si es buena o es mala. Pero muchos continúan divirtiéndose con ella.

Si para muchos el tema de la masturbación parece resuelto, a poco andar se ve que no hay grandes avances. Todavía el masturbador es objeto de mofa o castigo. Padres y madres, si sorprenden a sus hijos en la práctica, reaccionan muy mal. Más de lo que pensamos, el masturbador de esta década continúa pensando que lo que hace es una degeneración o, a lo menos, algo que debe evitarse. Y mientras algunos sexólogos audaces señalan bondades, incluso terapéuticas, para el autoerotismo, la mayoría de los textos se quedan en una posición dudosa: entre la tolerancia limitada o el reproche solapado.

Algunos médicos, cada vez menos por suerte,  siguen desorientando a las personas con actitudes negativas. Poco a poco los médicos se atreven a decirle a un masturbador que su conducta es normal, aunque por desgracia no son muchos los que alientan la masturbación.

la masturbación

La cuestión es importante porque se relaciona con la libertad de la gente frente al sexo y frente a la necesidad del placer erótico. Se resume en una pregunta: ¿es bueno o malo masturbarse?

Una respuesta definitiva y sin vueltas en torno al problema dejaría el camino abierto para que hombres y mujeres vivan el sexo sin culpa en lo que se refiere a sus expresiones solitarias.

HAGAMOS ALGO DE HISTORIA

Desde los años veinte, a partir de las formulaciones sobre la sexualidad infantil, comenzaron a manifestarse opiniones liberales sobre la masturbación. Ya en la década de los 40, los asustados pueden contar con el respaldo de algunos médicos, psicólogos y maestros. Sin embargo, quedaban bastantes personas mirando la masturbación como “mal moral” y, a menudo, como pecado, si no contra natura, en alguna medida contra su practicante.

Los que la aceptaban, ponían ciertos frenos: Así, hablan de “exceso” (no hay que masturbarse excesivamente), “edad límite” (masturbarse es cosa de niños y adolescentes; los adultos no deben masturbarse), “efectos a veces perniciosos” (la masturbación, si es excesiva, puede enfermar), “síntoma de enfermedad mental” (la masturbación puede ser el síntoma de un trastorno psíquico). Es decir que, si bien hay tolerancia, ella no es completa. Muchas veces, también, la tolerancia esconde un rechazo a la masturbación.

Hasta comienzos del siglo XX, y desde el año de 1700, había una posición muy sólida: la masturbación era considerada dañina al cuerpo, a la mente y a los principios morales.

masturbaciónTissot, un clérigo, escribió un libro en 1758: “El Onanismo, disertación sobre las enfermedades producidas por la masturbación”. Su contenido antimasturbatorio y absurdo, llevó a la creación de un gran aparato represivo para combatir la práctica. La gente bien, los burgueses que imponían sus ideas en la sociedad, eran personas que no querían la masturbación en sus territorios. Tontería enorme puesto que, a escondidas, los sujetos se masturbaban sin poder evitarlo. El deleite de lo prohibido acababa por ganar la partida, como hasta ahora.

En la década de los 50, la humanidad conoció el informe del doctor Kinsey y sus colaboradores, una encuesta sobre la conducta sexual en los Estados Unidos. Los resultados eran escandalizantes: el 95% de la población confesó haber violado alguna vez los tabús y leyes sexuales; un 99%, de los varones reconoció haberse masturbado; y, un porcentaje ligeramente más bajo, afirmó que continuaba haciéndolo. Entonces, los Estados Unidos era un país de delincuentes sexuales y masturbadores. Por otra parte, sin necesidad de encuestas, podía suponerse que algo parecido sucedía en otros países sometidos a leyes antisexuales.

Es muy útil que nuestros lectores conozcan el detalle de la evolución de las actitudes contra el placer solitario. Con ese antecedente, verán con claridad los contornos de un gran fraude.

a) Indiferencia o complacencia tolerante: En la comunidad primitiva a nadie perturbaba la masturbación; los padres llegaban a estimular a sus hijos para practicarla o la utilizaban para calmar al niño inquieto. Entre los alorenses, “la madre masturba al niño para mantenerlo quieto y sus hermanos hacen otro tanto cuando son sus guardianes” (Kardiner).

En Grecia, Diógenes, llamado el Cínico, se masturbaba en sitios públicos y sus discípulos, los cínicos, la recomendaban para eludir contactos con mujer. Entre los romanos, no había especial preocupación sobre el tema. Algunas referencias en Marcial demuestran, en todo caso, divertida indiferencia.

Con el advenimiento de la moral judeo-cristiana en Occidente, y pese a su rigidez, los términos del problema no variaron. La Biblia no contiene menciones prohibitivas sobre la práctica y, ya avanzado el feudalismo, los Penitenciales la sancionaron como pecado puramente venial en que el castigo se reducía a cantos de salmos y a un día de ayuno.

b) Represión y sadismo: Se inició el año de 1700 con Bekker, un oscuro sacerdote alemán o holandés, autor de un texto que se titula extremosamente: “Onania o el horrendo pecado de la Autopolución y de todas sus terribles consecuencias en ambos sexos, con consejos espirituales y físicos para quienes ya se han dañado por esta abominable práctica, a lo que se agrega una carta de una dama al autor sobre el uso y abuso del lecho conyugal y la respuesta del autor”. Este libro, por las tonterías que decía, fue prohibido. De hecho, Onán, el personaje bíblico, nunca se masturbó. Lo que hacía era practicar el coito interrumpido para no tener descendencia.

Sin embargo, las catastróficas admoniciones de Bekker tuvieron éxito y prendieron como yesca medio siglo más tarde en la obra ya citada de M. Tissot, que proponía la fórmula mágica: masturbación igual enfermedad, igual pecado.

De ahí para adelante, la masturbación se estableció como algo malo, sin que existiera ningún fundamento científico o lógico para ello. Inclusive las personas inteligentes caían en la trampa: “Actualmente, decía Voltaire, se llama pecado de Onán el abuso que hace el hombre de sí mismo, forzando la naturaleza con su propia mano, vicio bastante común en los mancebos y en los jóvenes de temperamento demasiado ardiente. Se ha notado que sólo esa especie de hombres y la especie de los monos, son los únicos animales que incurren en ese defecto que contraría el propósito de la naturaleza.”

Rousseau se lamentaba:

“Conocí esa peligrosa sustitución que burla a la naturaleza y evita innumerables desórdenes a los jóvenes de mi temperamento, a expensas de su salud, de su robustez, y a veces de su vida”.

Pero ni Bekker ni Tissot ni nadie sugirieron entonces remedios para “la enfermedad” que no fueran las distracciones, los baños de agua fría o la dieta.

Empero, a partir de 1850, la antimasturbación se volvió directamente sádica en un proceso en el que participaron sacerdotes, padres de familia, educadores y cirujanos. Considerada pecado mortal, fuente de innumerables males físicos (ceguera, parálisis, demencia) debía combatirse a ritmo de cruzada. A las amenazas de “irse derechito al infierno” que esgrimieron los sacerdotes, se sumaron los castigos de progenitores y mentores al infractor que fues sometido a experimentos médicos asombrosos: clitoridectomía, esto es, extirpación del clítoris a las muchachas demasiado ardientes; cauterización de la columna y de los genitales, con piezas metálicas al rojo vivo para varones y mujeres; infibulación del prepucio y de los labios mayores, con la inserción de un anillo de alambre de plata en esas regiones para apaciguar los deseos; y, además, la circuncisión.

Ya en pleno siglo XX proliferaban los inventores de artefactos terroríficos: cinturones y arneses antimasturbatorios, anillos con púas, guantes especiales, esposas que se fijaban en argollas pendientes de la cabecera de la cama, alarmas que delataban erecciones o tocamientos, etc.

Estos artefactos se vendían en las tiendas con absoluta libertad. Famoso es el catálogo de la Casa Mathieu de París, que los ofrecía en una extensa gama, a precios muy convenientes.

c) Aceptación con reservas: Con los descubrimientos de la psicología profunda, desde Freud en adelante, se empiezan a ver más razonablemente las cosas. Al principio, el tema se toca a regañadientes y un importante sector de la medicina sigue creyendo que la masturbación es una de tantas desviaciones de la conducta sexual si se sigue practicando en la edad adulta.

En los años 40 hay un avance. Ellis recuerda que “algunos de los más recientes Manuales de Boy Scouts (1945) se han pronunciado en contra de la masturbación, si bien más sutilmente que en ediciones anteriores.” Decían, por ejemplo: “Es un mal hábito. Debe combatirse… Es algo que hay que evitar. Contrólate en relación con las cuestiones sexuales. Es varonil el hacerlo. Es importante para tu vida, tu felicidad, tu eficiencia, y también para la humanidad toda”.

Sin embargo, y a pesar de todo, va prendiendo la concepción de una aceptación plena de la práctica durante la infancia y la adolescencia. El problema era el de la masturbación practicada por adultos signo inequívoco, se decía, de inadaptación psíquica. También de esta época es el florecimiento del concepto de “la masturbación excesiva”, que nadie definió en volumen, esto es, cuántas masturbaciones constituirían exceso.

d) Aceptación lisa y llana: Con el informe Kinsey y, más adelante, con los trabajos de Masters y Johnson y otros sexólogos, los criterios prevalecientes son los de que la masturbación no es dañina y es comportamiento que debe verse con indiferencia.

masturbarseEl filósofo Bertrand Russell señalaba en una de sus cartas:

“Por lo que concierne a la masturbación, casi todo el mundo la ha practicado en la adolescencia. La teoría de que es inicua o nociva es un cruel invento de los viejos empeñados en preservar la sumisión de los jóvenes. Sus sentimientos de culpa no se justifican, porque la masturbación no le hace daño a nadie”.

e) Las posiciones de estímulo: Artículos del tenor de “Martúrbese Ud.” marcan la tónica de la no represión hacia la práctica en las últimas décadas. Desde los 70s hasta hoy muchas mentes han cambiado, incluyendo los medios masivos de comunicación. Por lo mismo, el hombre in formado de nuestros días puede enfrentar al mundo con una sonrisa, en lo que a masturbación respecta.

Un autor, Denegri, reseña en un trabajo la “virtud curativa” del comportamiento, enumerando algunas de sus bondades. Con apoyo de Bloch y Ellis -sexólogos históricos- apunta que la masturbación es sedativa, analgésica, excelente medio para tratar la frigidez y la eyaculación precoz, práctica que prepara a hombres y mujeres para el coito y con efectos orgásmicos a menudos más intensos que en la actividad coital.

Un libro de autor anónimo, “El Hombre Sensual”, destaca otras ventajas:

“1.- Termina en el orgasmo… 2.- Es una liberación física y emotiva; un medio de aliviar la tensión. 3.- Está al alcance de todos… Es el acto sexual más democrático e igualador. 4.- Es privada. 5.- No requiere de compañía. 6.- Se lleva a cabo con facilidad… 7.- Es breve. 8.- No hay presiones para “esmerarse”. 9.- Casi siempre puede recurrirse a ella y requiere sólo de un cierto grado de aislamiento. 10.- Carece de complicaciones… 11.- No acarrea consecuencias dolorosas ni calamidades”.

Últimamente, desde que el SIDA ha irrumpido en los escenarios del sexo, nuevas bondades se le atribuyen, entre ellas la de mantener a los individuos lejos de los peligros de la promiscuidad.

No obstante, si se escarba sólo un poco, el tabú antimasturbatorio está presente. La iglesia católica mantiene un criterio negativo hacia la práctica, considerando que es un acto atentatorio contra la finalidad reproductora que es propia de la sexualidad. Por su parte, los especialistas de la medicina no se ponen de acuerdo: para unos es normal, para otros “normal hasta cierta edad”, para otros “normal siempre que no sea excesiva”, en fin. Y, lo mismo los libros y las revistas.

Por cierto, en este océano de confusiones, la única víctima es el hombre de la calle, viviendo y sufriendo entre el “sí” a medias, o el “no” irracional, con culpa si llega por ganas o por necesidad a los deleites del placer solitario.

Al respecto, nuestra opinión es clara:

La masturbación es un hecho normal del erotismo humano, sin reservas y sin condiciones.

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Sádicos y masoquistas

Sufrir, padecer y sufrir

Entre el gozar y el sufrir, la balanza humana parece inclinarse hacia el sufrir. Hay en la especie una vocación para el martirio que no es exclusiva de los santos o los héroes. Lo confirman hechos muy simples. Por recordar algunos:

El éxito de la crónica roja, del suicidio, de la novelería romántica, de las telenovelas, del matrimonio y hasta del sistema capitalista. Las grandes masacres de la historia, los flagelantes en pos de la salvación eterna, los campos de concentración, las campañas de austeridad, no son sino los cuadros mayores de una posición reflejada en el detalle individual.

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No es una casualidad que los boleteros de los años 40 y las cuitas de la modestilla de Carriego se entrelacen con el cine de lágrimas conformando una sólida trama de angustiantes vivencias para el hombre corriente.

Se trata de una cultura, en verdad, desde la que la cebolla del martirio esparce sus húmedas-flébiles capas hacia la desolada humanidad.

Hasta la felicidad tiene su punto de arranque en la noción de que para ganarse requiere de innúmeros pesares y responsabilidades.  Por lo mismo, el sufrimiento propio y el ajeno acaban siendo gratos y a nadie interesa definir la felicidad.

En nuestro mundo occidental cristiano esta postura alcanza una fundamentación conocida: al saborear el fruto del árbol del Bien y del Mal, los transgresores, Eva y Adán, transformaron el Paraíso en un valle de lágrimas. De allí para adelante, desde el parto con dolor a la muerte, todo está claro: el hombre en esta tierra purga el pecado original a través del dolor; si se porta bien, la felicidad vendrá cuando retorne al paraíso perdido.

Entre tanto, pecar es igual que gozar. La distinción del hombre de la bestia parte del principio que separa lo instintivo de lo aprendido por la cultura y  estimado bueno.

Lo primero es no ser malo

Como bien han señalado los partidarios del psicoanálisis, vivir es renunciar al placer: en la pugna entre la realidad y el placer, desde su infancia, el hombre será entrenado a la aceptación del dolor, a la aceptación del sufrimiento.

Con esta concepción, Oriente y Occidente se dan la mano. En la tarea de la domesticación, resignación y limitación del placer conforman sus horizontes.

Es el drama de la socialización. Más allá de Marx, entonces, el mundo tendrá que dividirse entre víctimas y torturadores, verdugos y mártires.

En términos sexológicos podría decirse que, por encima de nuestros componentes biológicos se nos enseña el masoquismo, se nos educa a preferir el sufrimiento a la felicidad. De una u otra manera, en mayor o menor medida, toda sociedad así lo ha resuelto.

En el marco de la vida sexual y de la pareja humana el tema cobra especial trascendencia, toda vez que la diferenciación de los sexos y la bisexualidad delimitan las razones de por qué es posible fabricar un universo de buenos y malos, de castigadores y sufrientes, de sádicos y masoquistas.

Explicarlo puede llevar al lector a la comprensión de algunas cuestiones en apariencia irracionales.

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Monstruos Asociados

Desde que los muy célebres Sacher von Masoch (1840-1902) y el Marqués de Sade (1740-1814) popularizaron a torvos personajes con infatigables ganas de azote, excrementos, torturas, injusticias y dolores, ningún manual de sexología omite la descripción de un algo que espesamente llaman algolagnia (placer del dolor), conjunto que se bifurca en un quehacer activo, el sadismo, y otro negativo, el masoquismo.

Las definiciones tradicionales se preocupan de dejar en claro el contenido de tales conductas obviamente perversas: el sadismo, como “la sensación del placer sexual, hasta llegar al orgasmo, ocasionada por las humillaciones, azotes y crueldades de todo tipo inferidas a otra persona, a sí mismo o a un animal, así como el instinto orientado a provocar tales placeres mediante las correspondientes actividades” (Moll), y el masoquismo, como “una curiosa perversión de la vida sexual que consiste en desear verse completamente dominado por una persona del sexo opuesto, soportando un trato autoritario y humillante, y que puede incluso alcanzar el castigo efectivo” (Krafft Ebing).

En suma, y más exactamente, la obtención del goce erótico por la vía del dolor.

A pesar de las precisiones, por lo general abundantes y detalladas, los casos de sadomasoquismo puro no pasan de ser excepcionales e infrecuentes. Ni masoquistas esforzados que al grito de ¡azótame! alcanzan el orgasmo, ni sicópatas castigadores que látigo en mano hacen saltar surtidores de sangre entre ayes de orgasmo. Esos más bien han quedado relegados a las páginas de novelas muy apreciadas, al cine o a la televisión.

Lo que sí se observa con demasiada frecuencia, sospechosa por lo mismo, son los casos medianos de ejercicio de la crueldad y aceptación del castigo.

La preocupación científica por interpretar las desventuras del trasero de Justine, el personaje de Sade, del paciente que se solaza recibiendo cascadas de excrementos, o de hombres o mujeres de tantos episodios de sumisión, abyección y hasta heroísmo, ha desviado la atención de un sadomasoquismo que pareciera sano o natural, incluso positivo, que arranca de las raíces de la especie.

Si interesante es la anécdota del que eyacula luego de ser insultado, escarnecido, azotado, escupido, más lo es la conducta de los amantes que se golpean, se destruyen poco a poco, y a pesar de todo gozan en la áspera  cárcel de los abandonos y reconciliaciones, y más tal vez la presencia sadomasoquista en el reino animal.

Los estudiosos del comportamiento animal descubren que la cópula en algunas especies se manifiesta en la violencia. Aquí no sólo la conquista es la victoria; la viuda negra elimina a su pareja consumando el coito; las tortugas se devoran y mutilan mutuamente en el apareamiento; ciertas hembras aguardan a que los machos definan en cruentos combates su posesión para acoger al vencedor en la cópula.

Sadomasoquismo biológico que se repite en el hombre, abierta o solapadamente, con una carga de satisfacción emocional.

Y aunque en la especie humana la cultura transforma, orienta, canaliza y aprovecha lo instintivo según sus necesidades e intereses, ocasionalmente, ante inadecuaciones o tensiones extremas el trasfondo biológico resurge en explosiones extremas de crueldad, en leves manifestaciones, en sutiles fantasías.

Lo que se define como hombre es esa combinación de instancias biológicas y culturales en constante interrelación, que sumadas determinan modos constantes de actuar.

Por eso, el problema no es dividir el mundo en buenos y malos, perversos o abnegados, hombres o fieras, ni ver las cosas desde los extremos. Simplemente será intentar su análisis a partir de la normalidad, y procurar desde allí el descubrimiento de un principio de verdad.

De aceptarse que los componentes sadomasoquistas son normales en lo biológico humano, conviene preguntarse de qué manera se presentan en los sexos.

A riesgo de escandalizar a las feministas, hablemos de la diferenciación.

sufrir

Pégame,  Pero no me Dejes

Fue Hélene Deutsh quien defendiendo el carácter femenino enhebró la fórmula de pasividad, masoquismo y narcisismo, enfrentada a una condición masculina agresiva, sádica y conquistadora de nuevos horizontes. Desde este punto de vista, el sadismo sería patrimonio del hombre y el masoquismo de la mujer.

Aun para la proponente, esto no es del todo así.

Sabiamente, la naturaleza dosifica estos componentes a través de la bisexualidad, condición a través de la cual cada sexo tiene un poco del otro en grande o pequeña proporción. De ese modo, no hay machos ni hembras puros.

Por lo mismo, un mundo de esclavos masoquistas y varones sádicos resulta un imposible, incomunicado y absurdo. Esos protagonistas de la fantasía que describen Sade o las telenovelas no pueden trascender de las páginas de un libro: son abiológicos, monstruos extremosos e inusitados.

Ni varones cumbres de virilidad, agresivos, dominantes y conquistadores, ni mujeres toda ternura, sumisión y autocomplacencia. La bisexualidad suaviza los puntos más distantes y la relación entre los sexos se desliza por los cálidos márgenes de la relatividad.

Es la curiosa armonía de la diferenciación.

Por la bisexualidad es viable la comunicación humana. Sin eludirse la diferenciación fundamental, por ella los sexos se interaccionan positivamente en una astuta mezcla en la que lo que llamamos varón es una suma en que priva lo masculino, y mujer otra en que lo predominante es lo femenino.

De ahí que la vida diaria, además de los arquetipos casi perfectos de masculinidad  o feminidad, pueda lucir también la ambigüedad o indefinición, y aun la confusión. Abundan eso si los tonos grises, los intermedios, la mujer masculinoide y el varón feminoide, la dominadora y el domado, la agresiva actitud en dulces doncellas, la tierna coquetería en viriles sujetos.

Es el detalle biológico que describe el margen de error -o de milagro- en la alquimia de las combinaciones.

Igual ocurre con el sadomasoquismo: característica biológica distintiva de los sexos, no escapa a los posibles intercambios que ofrece la bisexualidad. Sin embargo, más que eso, lo importante es que siempre está presente, desde el principio, como presupuesto de humanidad.

Y está no solamente en el extremo de la mano que azota, en la voz del que clama por flagelaciones o en el acto de quien sacia su voluntad de poder en el sufrimiento de otros, sino mucho más cerca, en lo cotidiano, en la mujer que grita “pégame, pero no me dejes”, en el varón que recorre las escaleras de la humillación, en el servilismo, en la ausencia de rebeldías, en la aceptación de la explotación, en cada relación humana.

Desde la búsqueda de la cópula, instintivamente la pareja se estructura a partir del sadomasoquismo. Ello está a la vista en el asedio agresivo del varón, en la coqueta respuesta de la cortejada, en la penetración violenta y en la recepción obsequiosa de los embates copulatorios, en el dolor querido-apetecible de la virginidad que parte, en los rasguños y mordiscos que dibujan en la piel el trazo de orgasmo, en la actitud mimosa o despectiva del poscoito, en la impotencia y en la frigidez.

Más allá de la aproximación y del encuentro, está también en el amor.

¿En el amor?

“Y amar es amargo ejercicio…”

La institucionalización de la pareja a través del matrimonio monogámico hizo necesaria la invención del amor-sentimiento que,  artificialmente aprovecha los componentes biológicos masoquistas de que hemos dado cuenta.

Aunque sus inventores del Medievo lo describieron partiendo desde la felicidad, en la práctica lo concretaron en el ejercicio del sufrimiento.

Desde la infancia el ser humano es educado en la noción de que  el amor es felicidad pero también lágrimas, y a cada paso se estará diciendo que en las espinas del martirio va inserta la cuota imprescindible de la felicidad.

Gabriela Mistral, poetisa lejana, llegó a decirlo en verso y obtuvo un Premio Nobel:

“Y amar (bien sabes de eso) es amargo ejercicio.

un mantener los párpados de lágrimas mojados.

un refrescar de besos las trenzas del cilicio

conservando, bajo ellas, los ojos extasiados.”

Rilke, masoquista convencido, decía que amar era precisamente “soportarlo todo de alguien” y, más explícitos algunos galanes de este mundo inician sus escarceos amorosos con bofetadas, pellizcos o empujones. Todavía hoy las madres buenas del sistema sugieren a sus hijas aguantar hasta el límite en nombre del amor.

El melodrama típico para consumo de las clases medias se origina igualmente en supuestos de esta especie. Entre El derecho de nacer y Betty la Fea no hay otra diferencia que los paisajes: los protagonistas aprenden que en el amor no es todo mieles, que se padece, que se riega con lágrimas.

Pero este masoquismo no es natural, según hemos visto. Es fenómeno impuesto por la necesidad social de acomodar a los individuos en los cauces que cada sistema requiere en un tiempo y un momento determinado.

Exaltando el amor como desdicha bienhechora, hay para los individuos un freno superior de lo instintivo y, por qué no, mejores posibilidades de opresión. De entre las múltiples herramientas de ésta, el amor es la más eficaz y sutil. En su búsqueda, hombres y mujeres gastarán sus lágrimas y sus insurgencias, descuidando la explotación, la miseria, la injusticia, el dominio de los menos.

De ahí que el tema trascienda de lo sexual y se integre a la mecánica intima  de las sociedades.

Amar no sólo incluye el amor sexual, arrastra también el amor al prójimo en esa trampa de poner la otra mejilla para el castigo.

La contradicción hace comprensible hasta lo patológico,

“Si no puedo gozar plena y perfectamente de la felicidad del amor -decía Masoch-, quiero beber hasta las heces la copa de sus sufrimientos y de sus tormentos. Quiero ser maltratado y traicionado por la mujer que amo. Cuanto más cruel sea ella, mejor. ¡También así se goza!

¿Y quién puede gozar plenamente de la felicidad del amor?

Sin embargo, no es en tal catástrofe que deberá buscarse una adecuada concepción del amor y de pareja. Más bien, se hará desde lo que somos biológicamente.

Si la interacción negativa de la cultura ha hecho emerger los monstruos del sadomasoquismo, convendrá volver atrás.

Porque, realmente, la bestia no está allá. La hemos ido fabricando nosotros, pieza a pieza, con elementos del cielo y del infierno.

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sexo anal prevención

¿Cuáles son los cuidados que se deben tener al practicar el sexo anal?, ¿qué se debe hacer en caso de lesiones en el ano?, y ¿cómo evitarlas?
Buena pregunta.

Primeramente, hay que saber que el sexo anal es la práctica sexual con más riesgos a para adquirir el Virus de la Inmunodeficiencia Humana (el virus responsable del SIDA) pero también se pueden adquirir prácticamente todas las enfermedades denominadas de transmisión sexual tales como el herpes, sífilis, gonorrea, condilomas (verrugas anales), hepatitis B, etc.

PRESERVATIVOSEntonces, para responder a “¿qué cuidados debes de tener para practicar sexo anal?”, la primera recomendación es que siempre que se tengan relaciones anales se use condón, sin excepción. No importa si eres “pasivo” o “activo”, “gay” o “hetero”.

La segunda recomendación es evitar la penetración si el ano presenta alguna lesión, tales como: fisuras (rasguños), sangrados, bolitas, secreciones (pus).

Y finalmente, para prevenir lesiones nada mejor que una buena lubricación. Por lo tanto, siempre hay que usar lubricante, a base de agua y que la penetración sea progresiva y lenta evitando movimientos violentos. No sólo es necesario lubricar el condón una vez puesto, sino también la región anal y su interior.

Para lubricar el ano se pueden usar los dedos cubiertos con un condón y untados de lubricante e introducirlos lentamente tratando de que se lubrique todas las paredes y el trayecto del ano.

Existen muchos lubricantes que se pueden usar. Puedes comprar desde el gel lubricante hasta los que venden en las Sex Shops, pero recuerda, que sean a base de agua.

Nunca usar lubricantes con anestésicos (como la lidocaína), pues pueden hacer que pasen inadvertidas las señales de alarma.

¿Qué hacer cuando se tiene una lesión del ano?. Pues si presentas algunas de estas señales de alarma, no hay otra más que acudir al médico. Las señales son: sangrado, secreciones (pus), dolor persistente, bolitas.

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conductas sexuales niños

Las conductas de riesgo difieren según el sexo del adolescente que tuvo relaciones sexuales involuntarias; contrariamente a lo previsto, es frecuente la participación de niñas en peleas y la bulimia en los niños afectados.

En EE.UU, describen los autores, entre el 7% y el 17% de los adolescentes y adultos jóvenes informan haber tenido relaciones sexuales no voluntarias; alrededor del 20% de las mujeres adultas y entre el 5% y el 10% de los hombres adultos sufrieron durante su infancia o adolescencia algún tipo de abuso sexual, mientras que en los universitarios entre el 5% y el 28% de las mujeres sufrieron violación y el 22% de los varones vivieron experiencias sexuales forzadas antes de los 16 años.

La actividad sexual no deseada durante la infancia y la adolescencia, señalan los expertos, está asociada con trastornos psicológicos severos, que incluyen baja autoestima, conductas depresivas e ideación o intento de suicidio. Además, las personas afectadas abusan con mayor frecuencia del alcohol y las drogas y suelen mantener posteriormente relaciones sexuales sin protección; en algunos estudios, agregan, se sugirió que pueden existir trastornos de la alimentación.

De acuerdo con otros investigadores, las conductas de niños y niñas difieren; los primeros suelen exteriorizar sus trastornos mediante agresión, crueldad, delincuencia e hiperactividad, mientras que las segundas tienen conductas más introvertidas, como depresión, ansiedad y trastornos somáticos.

conducta sexual en menores

No obstante, estos resultados fueron obtenidos con un bajo número de casos, y en este estudio, los autores analizan una población mucho mayor. Los expertos encuestaron a 21.297 cursantes de la escuela secundaria en 79 instituciones públicas y privadas de la ciudad de Vermont (la gran mayoría, de 12 a 18 años). A partir de las respuestas anónimas se identificó a 7.884 escolares con actividad sexual, 3 931 mujeres y 3 953 varones. En el cuestionario se evaluaron variables demográficas y factores indicadores de suicidio, violencia, abuso de sustancias, comportamiento sexual, embarazo y control del peso.

Entre las niñas con actividad sexual, señalan, el 33.5% había participado en peleas y el 42.5% había pensado en suicidarse en los últimos 12 meses, mientras que el 10.4% había portado un arma en los últimos 30 días. El 58.7% había fumado cigarrillos y el 45.4%, marihuana, en los últimos 30 días; y el 69.8% había bebido alcohol, el 45.2% en gran cantidad (más de 4 copas en una sola vez) en los 30 días previos. La edad promedio de iniciación sexual fue de 14.3 ± 1.5 años, y los años promedio de actividad sexual, de 1.8 ± 1.4 años. La mitad de las mujeres, agregan, no habían utilizado preservativos en su última relación sexual, y casi el 30% había consumido drogas o alcohol antes de mantenerla. Más del 30% (1.192) informó haber sido forzada o presionada para tener relaciones y las que tenían estos antecedentes presentaban mayor probabilidad de haber estado involucradas en peleas, haber pensado seriamente en el suicidio, no utilizar preservativos en sus relaciones sexuales, haber tenido 1 o más embarazos y tener más años de actividad sexual.

En cuanto a los varones con actividad sexual, el 53.7% había participado en peleas y el 38.5% había portado armas en algún momento, mientras que el 31.3% había pensado en el suicidio. El 54.2%, prosiguen los autores, había fumado cigarrillos y el 52.7%, marihuana, en tanto que el 73% había consumido alcohol, el 57.1% en gran cantidad. En comparación con las niñas, los niños refirieron haber comenzado la actividad sexual en forma más precoz y haber tenido mayor número de parejas. El 5.1% de los niños informaron al menos una pareja masculina en los últimos 3 meses. Los niños utilizan con mayor frecuencia preservativos, mientras que un tercio de los seleccionados señalaron haber mantenido relaciones luego del consumo de alcohol o drogas, y casi el 10% fueron responsables de un embarazo. Casi el 10% informó haber sido presionado o forzado para tener relaciones; los factores de riesgo en este subgrupo fueron similares a los informados para las niñas. También fueron más frecuentes en este subgrupo los niños con más de 3 parejas (masculinas o femeninas), así como los vómitos y el uso de laxantes.

En este estudio, los expertos exploraron las diferencias de conductas entre niños y niñas con actividad sexual. Los resultados obtenidos no concuerdan totalmente con el concepto de que las niñas agredidas sexualmente exhiben conductas introspectivas, ya que la participación en peleas fue más frecuente en ellas. Por otra parte, los niños con antecedentes de presión sexual mostraron 3.44 veces más probabilidades de utilizar purgantes que otros niños con actividad sexual. Como también fuera indicado en otros estudios, los resultados de este trabajo demuestran que los niños con actividad sexual exhiben conductas de riesgo sexual y de abuso de drogas con mayor frecuencia.

Este estudio, reconocen los autores, tiene varias limitaciones. En primer lugar, como los datos fueron recolectados entre los que se hallaban presentes en el colegio el día de la encuesta, la proporción de adolescentes con riesgo sexual y abuso de drogas puede haber sido subestimado, ya que ambos comportamientos están relacionados con mayor ausentismo y abandono escolar. Además, considerando las características del tema, es probable que algunos niños presionados para tener relaciones sexuales no las hayan informado o sólo las hayan incluido como actividad sexual voluntaria. De todos modos, concluyen, la encuesta realizada permite reconocer la necesidad de efectuar evaluaciones más estrictas de aquellos adolescentes que abusan de las drogas, tienen conductas sexuales de riesgo o ideas suicidas y presentan comportamientos agresivos.

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